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Chanson flamenca Palacio de Congresos. 16 de enero de 2002 ¿Qué duda cabe de que la aventura iniciada con el disco "Chanson flamenca" es, además de sugerente, resultona? Aunar en un álbum algunos clásicos de la "chanson" pasados por una revisión que parte del flamenco lleva a una fusión elegante y curiosa, algo que apunta la posibilidad de que lo melódico también se integre dentro de los palos más sureños sin necesidad de perder su esencia y sin renunciar a la libertad expresiva que aporta todo lo flamenco. El disco ha resultado tan brillante que no es extraño que haya querido ponerse en los escenarios, y ha sido el bailaor Antonio Canales el convertido en cabeza de lanza a fin de ofrecer al nuevo espectáculo una trascendencia internacional que ha terminado convirtiéndose en una gira por tres continentes y que, presumiblemente, crecerá aún más según vaya dándose a conocer el show por ahí fuera. "Chanson flamenca" tuvo su arranque en Madrid, entre los ecos "glamourosos" y de famoseo a los que actualmente el flamenco popular está más unido y la expectación por ver cómo un álbum tan entero como éste se podía poner en el escenario sin que pareciese una especie de festival en el que, en cada momento, entra y sale un artista. El asunto fundamental pasa por unir el repertorio ofrecido en el álbum con una escenografía elegante y coqueta. A la izquierda se sitúan los instrumentos de cuerda y el piano de Pedro Ojesto mientras que a la derecha se aglutinan las guitarras flamencas, la percusión y un teclado electrónico. El centro se deja para el tablao y, detrás de éste, se van ubicando los cantantes que, de uno en uno, van exponiendo el repertorio. Puede que, en principio, todo esté pensado como para ir contando una historia por cuanto el baile y la coreografía aparecen antes incluso que cualquier canción, pero lo cierto es que, si eso se pretende, no se termina de apuntar demasiada concreción y el baile en sí queda más como un bello aderezo de la música que como un espectáculo en sí mismo. Canciones de Moustaki, Becaud, Aznavour, Gainsbourg o Brel se van enredando con algún interludio de Miguel de María y el propio Ojesto al tiempo que cada artista presenta (o no) su canción mientras entran y salen los cuatro bailarines que componen el elenco de este apartado. A nivel interpretativo, todo trata de adaptarse a esta nueva corriente del "flamenco de cámara" en el que no se considera la improvisación ni el duende dando mayor importancia al conjunto de todo que a cualquier tipo de individualidad. Tal vez por eso, el espectáculo queda un poco frío o no conecta con el público del modo que el flamenco tiende a hacerlo. Si de eso se trata, conseguido está por cuanto (no hay que olvidarlo) no estamos ante una oferta de flamenco al uso, sino de un viaje paralelo en el que el sentimentalismo de la chanson también tiene su peso específico. Por ese motivo, cuando finalmente Canales se arranca con sus exhibiciones de bailaor, su número queda como descolgado, como más propio de una esencia de tablao que como una parte lógica de una cosa tan cuidadita. Es de esperar que el espectáculo mejore aún por cuanto la mayoría de los intérpretes se mostraron nerviosos y sin el sitio habitual que suelen coger en sus actuaciones en solitario. Como colofón del evento, el propio Georges Moustaki cantó en francés "La meteque", la misma canción que inauguró esta fusión de cante y chanson en la voz de Guadiana. E.P.
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