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Oskorri hace, con "Vizcayatik… Bizkaiara", su disco número veinticinco. Febrero de 2002

Embajadores de la creación

Son considerados como una de las banderas fundamentales de la música tradicional de Euskadi. Y por un motivo sólido: veinticinco discos y treinta años de carrera les contemplan habiendo paseado su repertorio por medio mundo. Natxo de Felipe, Anton Latxa, Bixente Martínez, Txarli de Pablo, Jose Urrejola, Josu Salbide y Xabier Zebeiro contemplan ahora con indiferencia el auge de lo que se ha dado en llamar la "world music" habida cuenta que los resultados de la tendencia han sido su propio pan durante las últimas tres décadas. "Vizcayatik… Bizkaiara" es su último trabajo discográfico, el cual se verá completado con una próxima serie de actuaciones en las que el grupo ofrece un espectáculo que va más allá de la música.

"Para un creador, cualquiera de sus obras es una aventura, aunque sea la número veinticinco o cincuenta. Pero no sólo en el terreno de la música: en el cine o en la literatura pasará exactamente lo mismo. Nosotros hemos creado un estilo y seguimos trabajando dentro de él, pero nunca asumimos un disco como una más de las cosas que hacemos. En este caso, además, la idea nos llegó un poco de refilón: el bertsolari Xavier Amurizar tiene editados dos tomos que recogen una inmensidad de canciones en dialecto vizcaíno y una vez nos propuso hacer un trabajo monográfico sobre una selección de ese material. Para nosotros supuso un reto por cuanto aquí, en muchas ocasiones, se había perdido la melodía original de las canciones. En este disco hemos ido a la búsqueda de la melodía perdida". Quien habla es Natxo de Felipe, el único componente de Oskorri que permanece en la formación desde que ésta diera sus primeros pasos a mediados de los años setenta. Este hecho le convierte en una especie de representante mediático del grupo aun cuando otros, como Bixente o Anton, también pueden presumir de amplia veteranía. Si exceptuamos a Josu y a Xabier, cuya incorporación es más reciente, el resto de los músicos de la banda pueden considerarse por derecho propio como responsables del grueso de la obra de Oskorri. En un colectivo como éste, hablar de liderazgos es algo sumamente complicado y en el resultado de sus canciones se aprecia con claridad que ningún apartado predomina sobre otro.

En "Vizcayatik… Bizkaiara" se cuenta, además, con las colaboraciones de Eliseo Parra, Kepa Junkera y Michel Bordeleau entre otros compañeros de campo. "Oskorri ha sido siempre autogestionario. También a nivel de sonido, ya que nos parece una especie de traición el sonar en disco de manera diferente a como lo haces en directo. De todos modos, hay ocasiones en las que las fantasías se dirigen, al componer, hacia una dimensión que tú solo no puedes conseguir. Afortunadamente, tenemos amigos de todo el mundo que pueden aportar esas dimensiones, pero no somos un grupo que abuse de las colaboraciones. Si acaso, en nuestro anterior disco, y en el que grabamos en directo para celebrar el vigesimoquinto aniversario, las utilizamos más, pero… era en cierto modo lógico. En este álbum las canciones eran piezas descarnadas que nacieron sin mayor pretensión, por lo que el planteamiento que las dimos era también ciertamente desnudo".

Aunque Oskorri se ha consolidado como uno de los actuales monstruos del panorama del folk, su incursión en este género no vino del modo habitual. Los orígenes de sus componentes son plenamente urbanos ("contaminados", dice Natxo) y accedieron a la música tradicional por un gusto hacia la recuperación de las raíces, el idioma y los ritmos que, a lo largo del tiempo, habían sufrido el deterioro que siempre generan las ciudades. En origen, todos los músicos del grupo provenían de campos tan diversos como el jazz, el clásico o el pop rock y encontraron en el mundo del folk (a ellos no parece gustarles excesivamente la etiqueta) un terreno sumamente válido para sus aspiraciones: "La tradición tiene validez porque se transforma continuamente", señala Natxo apostillando que no hay nada peor que los principios inamovibles. Desde entonces, el grupo ha firmado veinticinco discos y ha completado treinta años de carretera. "Empezamos como un grupo universitario, pero al final abandonamos la universidad para convertirnos en los titiriteros que ahora somos. Esa especie de juego que nos planteábamos fue magnífico, aunque dificultoso, ya que lo jugamos en una época en la que cualquier tipo de creación libre traía dificultades. Aquello nos sirvió también de acicate para una época, la de la transición, en la que muchos de nuestros compañeros de escenario desaparecieron por no añadir a su postura reivindicativa un componente creativo importante. Actualmente somos, en muchos aspectos, muy parecidos a los de entonces, por cuanto somos atípicos dentro de la música de consumo. Estamos en un terreno en el que no es importante llevar veinte o treinta años en activo, algo parecido a lo que pasa en el jazz o en el blues. Somos corredores de fondo, artesanos".

Echando la vista atrás, cuesta entender, en muchas ocasiones, cómo un grupo con esta trayectoria viene a sufrir hoy en día la indolencia de los medios de comunicación fuera de Euskadi. "Hemos vivido respuestas muy disparatadas a lo largo de este tiempo. Hace algunos años, cuando actuábamos por España, mucha gente nos consideraba como unos luchadores por la democracia cuando no éramos más que músicos iguales a los que tenían ese tipo de preocupaciones en Murcia o Extremadura. Entonces éramos como héroes por hacer lo que hacíamos en Euskadi y porque aquí había gente que se enfrentaba al franquismo con armas. Sin embargo, ahora siempre hay quien nos ve como pistoleros porque esa gente permanece. Tanto lo uno como lo otro es equivocado, ya que nosotros no tenemos la culpa de que haya ese tipo de individuos. Nos comunicamos con los humanos mediante la música: somos felices y queremos ser amigos de la humanidad en general", apunta Natxo, quien se refiere también a la poca repercusión que tienen sus obras en el territorio español: "Aún falta un poco de cultura a la hora de considerar que, en España, hay riquezas que algunos ven como 'granos'. Es escandaloso que en los medios públicos no se tenga una mínima sensibilidad hacia la gente que se expresa en catalán o en euskera. Nosotros somos vascos porque nos ha tocado así y lo llevamos con dignidad porque somos dignos, como cualquiera asume su lugar de procedencia".

Si bien trasladando al papel las palabras de Natxo puede asaltar la duda de si sus frases están teñidas de amargura, quien escribe no puede sino negarlo. En la música de Oskorri siempre se ha ofrecido un retrato de sociedad y paisaje, de gente y de costumbre, de diferenciación y de igualdad. "La música, la danza, el ritmo… todo ello fue creado para la fiesta. Aunque es cierto que en nuestra música también recogemos otras facetas más íntimas, más melancólicas, no podemos obviar que el pueblo, cuando canta sus amarguras, las afronta siempre de un modo posibilista, llevando los problemas con el mejor humor posible. Nunca hemos hecho canciones estúpidas: pueden ser divertidas, pero siempre han sido ácidas y críticas. Entendemos la fiesta como el disloque de la vida cotidiana, como el momento en el que el sometido vive como si fuera el señor real de todo".

El mensaje integrador de un grupo como Oskorri no deja de lado un cierto compromiso con su entorno. Muestra de ello es, por ejemplo, que éste es de los grupos que, por opción propia, decidió dar el salto de una multinacional a una compañía local por el simple hecho de apoyar lo cercano. "Una multinacional ofrece un futuro más claro, pero siempre hay otros componentes a considerar. Cuando terminamos nuestro contrato con CBS, que publicó nuestros tres primeros discos, nos ofrecieron renovar por otros cinco, pero en aquel momento se daban los primeros pasos de una incipiente industria musical en Euskadi. Entonces nos pareció importante estar donde pensábamos que nos correspondía. El tiempo nos ha dado la razón porque la música que practicamos no tiene unos circuitos comerciales inmensos. Son tan minoritarios que no afecta el grabar con un sello local. Incluso, a veces, es casi mejor".

Con el tiempo, aquellas semillas han dado frutos considerables: "Nosotros somos de la segunda o tercera generación de la canción vasca. Desde entonces, aquella oferta monolítica del cantautor a pelo con su guitarra se ha abierto de una manera fantástica. Actualmente hay en Euskadi un oferta interesante que pasa tanto por el rock más duro como por el jazz o el pop. Algunos de estos artistas se han hecho conocidos en toda España, pero lo más importante es que el panorama es más colorista que nunca. Antes teníamos algún tipo de carencias técnicas o a nivel de conocimiento, pero actualmente podemos decir que hemos dado grandes pasos y que los jóvenes tienen una gran cultura musical".

Con estos planteamientos, un grupo como Oskorri nunca mira al futuro con unas perspectivas de cercanía: "Somos artesanos, así que… trabajamos siempre, pero sin prisa. Eso es lo que nos ha permitido tener una aventura tan prolongada. Actualmente estamos en un estado de postparto, ya que acabamos de publicar un álbum, pero estamos preparando el espectáculo con el que lo presentaremos y ya tenemos listo un nuevo disco de la serie 'Pub ibiltaria'. También estamos trabajando en la música de un espectáculo teatral en el que la compañía Kukulbitxo celebrará sus veinticinco años".

Repasando la discografía de Oskorri uno encuentra cantos solemnes al cancionero vasco, abundantes composiciones que toman de la tierra sonoridades y paisajes y aventuras de progreso en las que diferentes tendencias musicales se entroncan con facilidad alrededor de las tradiciones más renovadas. Aun así, la etiqueta que ha caracterizado a esta formación desde su nacimiento ha sido la del completo aperturismo y un alto grado de tolerancia. En base a eso, no han dudado en adaptar los textos de quienes consideran que escriben mejor que ellos o en dedicar espacios de su discografía a públicos importantes pero decididamente abandonados por lo que se podría denominar "la industria". Tal es el caso, por ejemplo, de los críos: discos como "Katuen testamentua" o "Marijane kanta zan" suponían, al mismo tiempo, un acercamiento al público más joven y un homenaje a la escritora Marijane Minaberri. "Hemos colaborado con mucha gente y, entre otras muchas cosas, hemos escrito para series de televisión, largometrajes o, como en esos casos, espectáculos teatrales infantiles. En un principio todo nos hacía pensar en precauciones, pero el resultado fue fabuloso. El público infantil es el más sincero y el que te dice a las claras si las cosas le gustan o le aburren, así que nos alegramos mucho cuando se divirtió con nosotros. A nivel profesional, nos tomamos eso igual de seriamente que cualquier otro trabajo, aunque no sea exactamente lo más representativo de nuestra filosofía musical".

Otra curiosidad dentro de la obra de Oskorri es la serie "The pub ibiltaria", una colección grabada en directo en la que los músicos de la formación invitan a cualquier aficionado a compartir escenario con ellos con el fin de recuperar canciones tradicionales. "Con el que ya tenemos grabado llevamos seis. El protagonista de este tipo de discos no es Oskorri, sino el intérprete anónimo que colabora con nosotros en una idea que persigue la agitación musical. Un país culto, con autoestima popular, sabe valorar su tradición. Es como el caso de los romances o los cantos épicos que tienen todas las literaturas. No todas las canciones tradicionales tienen valor, pero entre las, pongamos diez mil, que se pueden encontrar, hay verdaderas perlas. El día de Santo Tomás hacemos cada año un concierto en el que se juntan unas tres mil personas que participan cada una a su manera. Eso es lo que grabamos en esa serie".

Por tener, Oskorri tiene hasta su propio libro. A principios de los noventa se editó "111 kantu", una edición que recogía sus, hasta entonces, ciento once canciones con partituras y con traducciones a los principales idiomas. Junto a ellas aparecían curiosidades del grupo y fotos de recuerdo. Entre una obra tan magna y tan densa es difícil destacar un disco sobre cualquier otro: "En ese aspecto la gente nos descoloca. El hecho de que una canción tenga éxito no nos sugiere siempre una mayor pasión hacia ella. Hemos hecho discos con los que no pensábamos llegar muy allá y, sin embargo, han obtenido un gran reconocimiento. Con las mismas, algunas obras que entendíamos como más asequibles o populares no han tenido la repercusión que pensábamos. Nunca nos preocuparon las leyes del mercado y creo que, si las hubiéramos tenido en cuenta, quizás hace tiempo hubiera llegado el momento de la retirada".

La repercusión de Oskorri ha sido, como la de muchos de los grupos que no se mueven en las tendencias más habituales de la música contemporánea, más celebrada fuera que dentro de nuestro país. "Por ahí resulta más natural que la gente de Euskadi cante en euskera. Llama la atención que, en España, aún hay muchos periodistas que te hacen preguntas sobre eso como si les resultara extraño". Curiosamente, la formación no se siente, en absoluto, como embajadora continua de una determinada tradición musical: "No nos corresponde esa figura. De lo que somos embajadores es de nuestra propia creación. Una vez que se ha normalizado la diversidad musical cada vez hay más embajadores de la propia obra que de una tendencia o tradición en concreto. De todos modos, no podemos obviar que la música que tiene algún tipo de raíz traslada con ella un paisaje, un olor o una manera de abordar el mundo que no tiene por qué coincidir con la de otros lugares".

Presumiblemente, en la primavera más tardía, la gente de Oskorri se pasará por Madrid en una gira que también contiene, entre sus fechas, paradas en Galicia, Barcelona o París. Será entonces el momento de comprobar, una vez más, la conexión que el público más selecto de la música tradicional ha tenido siempre con este grupo. La pena, si es que hay alguna, sigue partiendo del hecho de que dicho público no crezca hasta el nivel que merecería una banda como ésta.

Y ya no puede hablarse de cuestión de tiempo.

E.P.

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