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Mercromina vuelve al terreno discográfico con "Bingo". Febrero de 2002 El placer de buscar
Eso les obliga a estar fuera de los cauces habituales, a conformarse con un circuito limitado y con un reconocimiento escaso, aunque... no parece ser eso una de las cosas que les quite el sueño. En "Bingo" todo ello vuelve a ponerse de manifiesto: las canciones densas, en las que cada arreglo está pensado y repensado, cubren un álbum que parece hecho de desnudeces desde su misma portada, con una foto difusa en blanco y negro que no guarda ningún tipo de relación con el título del disco. La cuarta entrega de Mercromina no es, en absoluto, un cambio de rumbo hacia terrenos más sencillos. Tal vez al contrario, el grupo aparenta ser conocedor de su audiencia y tira de ella hasta llevarla a terrenos realmente inalcanzables con otras ofertas discográficas. Los de Albacete son de los que gustan de exprimir, de buscar petróleo en el desierto. En base a ello, las guitarras buscan terrenos psicodélicos, los teclados ambientes de melancolía y los ritmos armazones casi naturistas. Todas las patas de la mesa son armadas en el estudio, verdadero garaje de construcción de la banda. El resultado, como casi siempre, sorprende igual que relaja, toca la fibra igual que golpea la cabeza. Los discos de Mercromina son, como referente de su orgullo, de los que no entran a la primera, de los que exigen del oyente el gusto por el detalle o la búsqueda de lo escondido. Eso, en los tiempos que corren, no es precisamente un plato de diseño, aunque sí resulta siempre un alimento vitamínico, como una ensalada sin aceite y vinagre. -- Un disco cada dos años y con la misma gente. Parece que Mercromina es de los grupos que, aunque sea poco conocido, dura y mejora. ¿Cuál es el secreto? -- "No creo que el tiempo entre disco y disco tenga que significar nada en la relación entre los miembros de Mercromina. A pesar de todo, seguimos siendo amigos que tienen un grupo y a los que les gusta juntarse a tocar. No hay ningún secreto, aceptamos normalmente las cosas como vienen y, si aparece un disco cada dos años... como si es cada tres". Contesta Joaquín Pascual, alma mater del invento y nexo de unión entre el resto de los componentes del grupo. No es (nunca lo ha sido) ambicioso en resultados comerciales, aunque sí ha resultado quisquilloso con frecuencia en los musicales. -- Desde vuestro primer álbum hasta este "Bingo" da la impresión de que cada vez os gusta hacer cosas más elaboradas. ¿Es la meta o es que la música que tienes en la cabeza nunca tiene un formato más básico? -- "Creo que este trabajo es sencillo y básico en estructuras, quizás más que ninguno de nuestros anteriores discos, en los que es posible que las canciones resultaran más lejanas o difíciles. A la vez suena más rico, más personal, más directo, tanto que a veces asusta por parecer una maqueta". Escuchándole, uno no puede sino señalar el que el músico, metido en su propio universo, mide las cosas con diferente rasero del que utiliza un simple oyente. "Chaqueta de pana", la canción que abre este "Bingo", puede ser señalada por su autor como una pieza sencilla en estructuras, si bien, desde el otro lado de los altavoces, esa sencillez cuaja poco con lo habitual del término. Su comienzo, que te hace dudar de la salud de tu aparato reproductor de CDs, impacta por su sonido. Nada convencional: puede no ser complicado, pero tampoco puede presumir de usual. -- ¿Qué diferencias ves tú como más importantes entre "Canciones para andar por casa" (vuestro anterior álbum) y "Bingo"? Me refiero, más que nada, a cómo habéis abordado el disco... -- "'Canciones de andar por casa' cerró una etapa de Mercromina de una forma brillante, reunió dentro lo mejor de la banda hasta ese momento. Es un resumen de nuestro mejor saber hacer y no tenía continuidad posible. 'Bingo' busca nuevas experiencias, sonidos, estructuras, nuevos tipos de canción sin renunciar para nada a nuestro pasado". Nueva aclaración para quien está fuera: el concepto "mercrominiano" de canción es de los que se diluye en un vaso de aceite musical. No hay normas de composición, sólo de armonía. El principio de las piezas poco tiene que ver con su final y, más que de canciones, se habla en este terreno de viajes de ida sin vuelta. -- ¿Cuánto tiempo os ha llevado componerlo y grabarlo? -- "La composición de las canciones fue lenta, y bastante inconformista, aunque en muchas ocasiones buscamos la inmediatez en los arreglos. La grabación la hicimos sin maquetas previas, para mantener el espíritu inicial de las canciones, en el Refugio Antiaéreo de Granada, con Carlos Hernández como productor. Lo grabamos en unos treinta días, incluyendo las mezclas". -- La última vez que hablé contigo hacías una especie de reivindicación de la música que no entra necesariamente a la primera, de aquélla que requería escuchas para aprovechar todo el material que incluía un disco. ¿Crees que, actualmente, cuando los discos salen a paletadas y tienen, comercialmente, una vida tan corta, una propuesta como la vuestra tiene suficiente público como para interesar a una compañía discográfica? -- "De hecho le interesa. Cuando propusimos a Subterfuge la grabación de este disco nos apoyaron desde el principio. La comercialidad o no de las canciones y los grupos no debe tener nada que ver con la música en principio, en su origen. Es algo posterior, un resultado. Nuestras canciones no buscan la comercialidad, pero tampoco son ejercicios de estilo anticomerciales. Es cierto que hay música que cuenta ya en principio con esa posible comercialidad y, desde luego, la nuestra no lo hace; es demasiado importante para nosotros como para putearla de ese modo". Cuestiones de principios que requieren complicidad. Y no sólo por parte de quien adquiere el disco, lo escucha y se molesta en rebuscar allá donde se esconde la valía. Lo más difícil de este tipo de canciones está en su difusión, en su parto real. De nada vale que el músico cree si luego ha de dejar sus cintas en un cajón. -- Hablando de esto, ¿piensas que si no estuvierais en Subterfuge alguien apostaría por una música como la vuestra? -- "Estoy seguro de que sí. Nunca nos hemos sentido solos o como bichos raros. Nuestra música es personal, pero eso no quiere decir que estemos solos o aislados. Hay otros muchos grupos españoles y de fuera de España de los que nos sentimos muy cercanos en espíritu". -- Tú definías "Canciones para andar por casa" como un disco conceptual. ¿Harías lo mismo con "Bingo"? -- "No. En 'Bingo' cada canción tiene tanta personalidad que, incluso, lucha por destacar de las demás. No se llevan demasiado bien, pero, desde luego, conviven en el mismo disco y eso hace que colaboren en algo común. Cuando lo escucho, cada nuevo corte es una nueva experiencia, aunque hay un hilo conductor, sin duda. Pero todavía no sé muy bien cuál es". Puedes tratar de encontrarlo tú y, si entras dentro del túnel, quizás lo alcanzas antes que su mismo autor. En "Bingo" es complicado encontrar la unidad más allá de la propia sonoridad de las piezas. Incluso dentro de ellas, no resulta fácil intuir la estructura; todo resulta como remolinos de mar que dan vueltas sobre sí mismo y que, al mismo tiempo, se dejan llevar por las olas. La cuestión es ponerte en el centro e identificar dónde demonios está el principio de la espiral. Y, cualquier viaje, para ser disfrutado en toda su plenitud, necesita de compañeros. Aquéllos que ayuden a leer el mapa o que colaboren a buscar el agua cuando las cantimploras estén vacías. En "Bingo" aparece Estrella Román, de Cecilia Ann, Banin Fraile, María Pilar Jiménez, Lorenzo Agraz, José Luis Sánchez, Eva María Molina y Alejandro Ponce. Todos ellos con las mochilas vacías pero con un instrumento personal que ayude en la aventura. -- "En principio, la colaboración de Estrella fue idea de Carlos Hernández. La canción en la que participa es 'El buzo' y en ella hay una parte submarina y otra de superficie. Nos pareció una buena idea que Estrella cantara en la parte de superficie y el resultado es excelente. Banin, de Planetas, seleccionó unos samples de coros y voces para 'Ninguna parte IV'. Después de acabar el disco en Granada, grabamos en Albacete unas secciones de cuerda y metales para dos canciones, 'La vida mix' y 'Caterpillar', que apoyaban y daban realismo a los arreglos de sintes que habíamos hecho en el disco". -- Explícame el porqué de la elección del productor: Carlos Hernández... -- "Habíamos trabajado con Carlos en algunos directos y, aparte de ser muy bueno técnicamente, nos caía muy bien; no sólo no le importaba arriesgar, sino que era un poco su forma de ser como técnico y productor, justo lo que necesitábamos en ese momento, alguien que disfrutase buscando nuevos sonidos y formas de hacer las cosas en el estudio. Creo que este disco le debe a Carlos gran parte del riesgo y emoción que sin duda tiene". Y ahora... la parte final del viaje: el comienzo y el final mismo. Las canciones viven cuando se ponen delante de la gente, cuando alguien las recibe y las mastica. Las de Mercromina con más razón. Llega el momento de cerrar una etapa y cambiar de continente, de dar por encontrada la búsqueda y de dirigir los pasos hacia el encuentro. Es, lógicamente, el asalto al escenario, la prueba de fuego de la introspección sonora: la comprobación del resultado, la única manera de saber si hay alguien ahí fuera con esa misma avidez por la búsqueda de la aguja. -- "En marzo comenzaremos una gira que tendrá dos mitades: una antes de Semana Santa y otra después. En Madrid estaremos en la segunda mitad, que será a principios de abril". E.P. Mercromina. "Bingo". Subterfuge 21246
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