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Bad Religion. Enero 2002

Regreso a los buenos tiempos

No va a descubrir nada nuevo Bad Religion con su nuevo "The process of belief", pero va a volver a demostrar que los hallazgos que ha hecho en el mundo del hardcore/punk son válidos y muy convincentes. El disco contiene todas las buenas cualidades a las que nos tiene acostumbrados en sus casi veinte años de existencia: ritmos ultrarrápidos (exceptuando algún medio tiempo potente), guitarras de riffs calientes y una voz que, a la hora de llegar a los estribillos, se encarga de facturar unas melodías que se impregnan inmediatamente en la memoria colectiva. No en vano, han sido uno de los inventores del llamado hardcore melódico y buena culpa de todo el auge del punk ñoño que ha dado de sí América en los noventa es de ellos, aunque, todo hay que decirlo, Bad Religion proviene de una escena muy combativa, la de Los Angeles de mediados de los ochenta. Tanto es así que, cuando la banda abandonó la independencia discográfica para meterse en las filas de la todopoderosa Sony, muchos de sus fans se rasgaron las vestiduras y pusieron el grito en el cielo. Ahora parece que las aguas vuelven a su cauce original, el nuevo disco sale en Epitaph y, además, el capitoste de la misma, Brett Gurewitz, guitarrista original de la formación angelina, vuelve al seno de la banda. En definitiva: se promete una bonita reunión familiar.

Nos reunimos con ellos en el hotel Villamagna para hablar de todo esto. Gregg, el cantante, me recibe en la habitación destinada para las labores promocionales. El parece interesado en saber si podrán encargar paella para comer y yo me intereso más por saber el porqué del título del álbum, "El proceso de las creencias": "Por un montón de diferentes razones; la más obvia es la reunión de nuevo con Brett y el regreso a nuestra vieja discográfica. Realmente, con esto hemos asumido un montón de riesgos, riesgos personales. Como amigos que crecimos juntos, tenemos que creer en nosotros mismos para poder hacer un disco". Lo cierto es que, para el propio hacer cotidiano del grupo, el hecho de que Brett vuelva tiene que ser importante: "para mí ha sido muy provechoso como compositor, pues cuando Brett y yo nos juntamos hay una especie de química y él no estuvo ahí en los últimos tres discos. Este ha sido muy fácil de escribir. Además, se da el valor extra de lo que supone volver a trabajar con un viejo compinche, hacer canciones con alguien con quien se aprendió a hacerlas. Normalmente, cada uno empezamos trabajando por separado en su propio estudio. La primera idea de la canción llega por separado, haciendo un borrador, tal vez un coro, un estribillo, algo... Luego nos juntamos y trabajamos el resto juntos".

En esos instantes aparece Brett en la habitación y el encargado de la compañía de cuidar de su estancia madrileña aprovecha la ocasión para pasarles un par de copias a cada uno del último disco de La Polla y de Dover. Cuando les explican que han sido los propios Dover los que querían que les hiciesen llegar su material y que son el grupo de rock que más vende aquí, Brett pregunta si están distribuidos en U.S.A. También pregunta en qué idioma cantan y, simplemente, frunce el ceño con raro interés. Entonces Gregg coge el de La Polla y dice: "¿Estos cantan en español? Porque ahora lo que triunfa en los Angeles es cantar en vuestro idioma". Pasado el momento de los regalitos volvemos al cuestionario, que ahora pregunta de dónde sacan la inspiración para las letras, unas letras profundas y de carácter muy adulto: "Yo creo que te sientes inspirado en la medida que eres una persona creativa: eso te lleva a crear. A mí me inspira el hecho en sí mismo de estar creando de nuevo los dos juntos. No sé, es un proceso interno. El simple hecho de componer para una banda como Bad Religión nos da pie a escribir más allá de los tópicos", afirma Gregg, mientras Brett apostilla que "he tenido una situación única en este disco. He estado casi seis años sin tocar y en todo ese tiempo he acumulado muchísima experiencia. He condensado toda esa experiencia en un único disco y, probablemente, tendría para escribir otros cien. Sin embargo, Gregg ha estado escribiendo un disco cada año durante los últimos cinco; si yo hubiera querido tendría para muchísimos más. Antes compartíamos las letras, pero en todos estos años a Gregg le tocó hacerlo solo y ahora volvemos a ser los dos. Por ahora estoy sobresaturado de experiencias". Unas experiencias que pasan por un pequeño infierno personal con las drogas y un pequeña estancia en el trullo, experiencias ambas que, presumo, Brett quiere olvidar cuanto antes para centrarse en cosas más gratificantes, como puede ser volver a grabar: "Pues sí. El disco, además, lo hemos producido en los estudios de Epitaph, en Westbeach. Lo hemos coproducido entre Gregg y yo. También hice mucha parte como ingeniero junto a Billy Joe Bowers, un gran ingeniero. Fue muy bueno hacerlo en Westbeach porque sabíamos exactamente cómo queríamos que sonase. Creo que, definitivamente, capturamos el sonido que exactamente queríamos".

Parece que regresar al que fuese su sello más emblemático les ha dejado plenamente satisfechos. "En realidad, eso no ha tenido nada que ver con el proceso creativo. El hecho de que Gregg y yo decidiéramos escribir canciones juntos de nuevo no nos hacía hablar de grabar en Sony o en Epitaph. El caso es que la banda tenía un contrato de cuatro discos con Sony y la banda le dio cuatro discos, por lo que, desde que empezamos a escribir este nuevo disco juntos, la cosa más natural era sacarlo en Epitaph y que la reunión familiar fuese completa", nos dice Brett, mientras Gregg nos explica cómo ven ahora la situación de haber pasado una temporada en una multinacional: "lo cierto es que el primer disco que hicimos para Sony fue un gran disco. No creo realmente que los fans prestasen demasiada atención a ese detalle. Tuvo muchísimo éxito y a nuestra audiencia punk le encanta. Era más una cosa personal. Además, Brett dejó la banda y, más que una lucha con la compañía, era una lucha personal por mantener la creatividad y la productividad. Mudarme a esa discográfica no fue algo que realmente tuviese tanta importancia; los fans en general lo aceptaron".

Pese a que todo parece una reconciliación con los viejos tiempos, en la banda hay algo nuevo, como la inclusión del batería Brooks Wackerman, quien ya llevaba muchos años tocando por aquí y por allá en diferentes bandas de Los Angeles. Según nos explica Gregg, "había estado con Suicidal Tendencies, The Vandals, Infectious Groove... Llegó a nosotros y fue el mejor que encontramos. Es el mejor batería que he oído jamás. Su hermano tocó con Frank Zappa". Aprovechando que han mentado al gran maestro, nos interesamos por los músicos que a ellos les parecen mejores. Tras dudar unos minutos, Brett responde: "Elvis Costello tiene una voz increíble; y, de los cantantes punk, Gregg, sin duda. El segundo sería Milo Aukerman, de los Descendents. De los guitarristas me gusta Brian Baker, antes en Minor Threat y desde hace unos años con nosotros. ¿Valen los muertos? Yo diría Jimi Hendrix, el más grande". Para entonces Gregg ya tiene los suyos: "a mí me encanta Joey Ramone: me parece una voz muy interesante. Y, aunque parezca una locura, uno de mis cantantes favoritos de todos los tiempos es Stevie Wonder. Tal vez suene raro viniendo de un cantante punk, pero es que me encanta. Y, como guitarrista, Eddie Van Halen". En cuanto a su propia discografía, también tienen su opinión de cuáles han sido los mejores discos. Una vez más Brett se adelanta: "me encantan 'Stranger than fiction' y este último. Y, de los más antiguos, 'Against the grain' y 'Recipe for hate'. Es difícil de decir: tenemos tantos... El de 'All ages', por ejemplo, no me gusta tanto". Y su compañero argumenta: "Sonará a tópico decir que me encanta el ultimo porque todo el mundo lo dirá, pero es la verdad. Si lo escuchas entenderás por qué: representa realmente lo que somos".

Finalmente les preguntamos cuál creen ellos que es el secreto de su longevidad. "Creo que, básicamente, el hecho de tener una mente creativa, y Brett y yo la tenemos", a lo que el aludido añade que "también el hecho de que amamos la música desde el momento que la conocimos. Es mucho más que un trabajo, mucho más que ligar con chavalas. Desde que la descubrí fui un apasionado enamorado de la música y todavía lo soy. Ser capaz de hacer música es un auténtico regalo. Tener esa pasión por la música es la razón que nos hace seguir".

Y que les dure muchos años.

Kike Babas y Kike Turrón

Bad Religion. "The process of belief". Epitaph

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