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Nitin Sawhney Palacio de Congresos. 21 de noviembre de 2001 Desde que comenzó a grabar a su nombre, Nitin Sawhney ha estado enseñando al mundo por dónde va la música del siglo XXI. Si desde España contemplamos el mestizaje natural de nuestra música con la surgida dentro del ambiente latino, los artistas afincados en Europa e Inglaterra (no siempre es lo mismo a la hora de hablar de música) recurren a su raíz a la hora de crear y, dado que estos países han sido poblados por grandes cantidades de emigrantes orientales, no es extraño que surjan fusiones en las que Oriente y Occidente se dan la mano. Eso es lo que hace Sawhney desde que debutara a mediados de los noventa, aunque la diferencia entre lo que él hace y lo que surge de otros artistas contemporáneos suyos no es una cuestión de estilo, sino de talento. Este artista ha ido mejorando de una manera considerable con cada una de sus entregas, dando a su mestizaje un estilo propio que parte de la naturaleza propia del músico y del adecuado uso que se puede hacer hoy en día de los nuevos instrumentos tecnológicos. El resultado es sorprendente, aplastante, y lo mejor de ello es que puede ser presentado en directo con la misma dinámica con la que surge dentro del estudio de grabación. Sawhney llegó a España acompañado por su troupe y colocó su circo particular en el escenario del Palacio de Congresos. En él no hay atracciones de tragafuegos o trapecistas, pero sí un viaje alrededor del mundo conocido con el que es imposible no identificarse dentro de una civilización globalizadora como la que vivimos actualmente. En la música de Sawhney se dan la mano, con una naturalidad asombrosa, el canto musulmán de llamada a la oración y la rumba mediterránea. O los ecos jazzísticos de Herbie Hancock y el espíritu del Ganges... todo dentro de una línea ambiental que se ve resaltada gracias a vídeoproyecciones en las que se ofrece retratada una sociedad en la que las fronteras de cabeza están mucho más presentes que las del arte. El compositor abundó en el material de sus dos últimos discos ("Prophesy" y "Beyond skin") habida cuenta de que es en ellos en los que mejor ha retratado su estilo y en los que ha alcanzado mejores cotas expresivas. Si bien los temas de "Beyond skin" fueron los más celebrados por el público ("Inmigrant", "Letting go", "Homelands"...), los pertenecientes a su último "Prophesy" ("The preacher", "Breathing light"...) mostraron una mayor densidad y riesgo, aunque Sawhney eligió de ambos álbumes el material más accesible y adecuado para su ejecución en directo. Para la interpretación se sirvió de los mismos de cuatro vocalistas de texturas diferentes pero con voz impresionante, como dejando ver que con él no van las músicas ligeras propias de la moda o el momento. Del mismo modo, cedió terreno a sus instrumentistas dándoles un corto margen para la improvisación a fin de no desmadejar el show en el que la pantalla trasera de vídeo era parte esencial. Con todo ello, y con un sonido más que excelente, Sawhney fue mostrando cómo la música contemporánea pierde sus fronteras en bien de la creación. Cualquier herencia es buena si se sabe utilizar con criterio y si se adquiere de ella lo que mejor puede aportar al estilo propio del compositor. El personaje dejó constancia de ello incluso con un tema en el que dio paso a la raíz española ("Flamenco") sin caer en ningún momento ni en el tópico ni en lo folklórico. Sawhney no crea para turistas, sino que expone su música como un retrato cromático de la sociedad que refleja. Prueba de ello puede considerarse también el único tema que recuperó de su material más antiguo, "Migration", una pieza que, vista desde aquí, puede considerarse casi como un vaticinio si tenemos en cuenta cuando fue escrita. E.P.
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