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Mini Pop Festival La Riviera. 22 de noviembre de 2001 Difícil se hace convalidar el espíritu festivalero con una sala cerrada, más que nada porque este "Mini Pop Festival" (llamado así por lo abultado de su programa --cuatro bandas y un DJ como fin de fiesta--) obliga a los asistentes a permanecer durante todo el rato sin tomar el aire y con pocas posibilidades de tener algún descanso físico si el grupo que está en ese momento en el escenario no es de su gusto. Puede que fuera por ello por lo que ni Cecilia Ann ni Sexy Sadie gozaron de la audiencia que posteriormente tuvieron Eels o James cuando, más avanzada la noche, ocuparon su turno dentro del cartel. Y es que, por otro lado, era lógica la expectación que había por ver a estos dos grupos y no animaba mucho llegar a su actuación después de tres horas esperándoles, aunque esas tres horas estuvieran acompañadas por la música de dos interesantes bandas españolas.
Con posterioridad llegaría la parte más densa del show, en la que E y los suyos se soltaban la melena (es un decir, claro) y, después de una parte ciertamente punkie, alcanzaban amplias evoluciones en las que el espíritu de Pink Floyd inundó el escenario. Lo que hacía Eels partía de la evolución de los británicos, pero ponía arañazos de guitarra y fuerza descomunal allá donde los Floyd ponían intensidad. El resultado es mucho más vivo y locuaz, desenfrenado en ocasiones y ciertamente tópico en otras, pero siempre con un poder de llegada tremendamente caliente y fornido. Expuesta con gusto su dedicación a la libertad expresiva, E sirvió el postre con piezas de ambiente sixties que no hacían sino demostrar que su música parte del acertado reciclaje del pasado. La gente agradeció sus últimas piezas algo más que los chorretones de sonido que ofreció durante todo el concierto y, en conjunto, se puede decir que éste contó con todos los palos que, en el fondo, caracterizan la obra de Eels. Bien diferente fue lo expuesto por James, banda de largo recorrido pero que, sea por lo que sea, no ha encontrado un buen acomodo en España a lo largo de toda su carrera. Su repertorio abunda en piezas resultonas recopiladas de entre sus diez discos de estudio y concede un espacio natural más amplio para su último trabajo. No tardaron demasiado en conectar con el público y en ponerlo donde ellos lo necesitaban, por lo que, básicamente, su actuación fue un baño de espuma que reflejó sus mejores virtudes.
En directo, y con este repertorio, James resulta la mar de jugosos en directo, soltando uno tras uno los himnos de su carrera y poniendo a su público en una situación de éxtasis continuo que solamente afloja ante el nuevo y más desconocido material. Aun así, sus melodías de medio tiempo y fácil acceso no tardan en entrar en el ambiente general del show. Lo de hacer canciones es su oficio y, a estas alturas, lo manejan con una asombrosa facilidad. E.P.
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