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Estopa

La Riviera. 11 de diciembre de 2001

También resultó extraño que Estopa se decidiera por un único bolo en La Riviera. Las entradas se agotaron en un viaje y todo el que se juntó allí era parte de la parroquia seguidora que, a la mínima oportunidad, desata la pasión del fan. Y es que, desde que los de Cornellá tomaron el escenario, quedó claro que allí poco importante era cómo quedaran las cosas o qué resultado tuviera la puesta en escena de los nuevos temas: aquello era más una fiesta que un concierto... y así quedó.

Los primeros temas evidenciaron que el nuevo show de Estopa está aún muy, pero que muy, verde. Era como asistir a dos conciertos diferentes en el que los músicos iban por un lado y la pareja protagonista por otro. Pero eso duró bien poco, ya que, en cuanto atacaron "Partiendo la pana" los dos conciertos se convirtieron en tres: el de Estopa, el de los músicos y el del público. Muestra del batiburrillo que se montó en La Riviera fueron las disculpas que pidieron los Muñoz por el desfase que se traían con la banda o la explicación que dieron del porqué los temas incluidos en "Destrangis" que ya eran conocidos por la gente no sonaban como en la primera maqueta que grabaron. Fue un intento, pero baldío: el público siguió cantando a su bola mientras que en el escenario se trataba de interpretar las cosas con los nuevos baremos que el grupo ha incluido en aquellas piezas.

Según iban cayendo las canciones se apreciaba que los temas con aire Extremoduro o los más "chicheros" siguen haciendo mucha más gracia al personal que las canciones más elaboradas. A los Muñoz les encanta disfrutar de sus músicos, pero la gente se queda un poco cortada cuando, en medio de una rumba canalla, le ponen un solo de guitarra que nadie ha pedido.

Piezas como "Cacho a cacho", "Como Camarón" o "Tu calorro" fueron los que mejor sonaron porque, de algún modo, el griterío de la gente dejaba casi inaudibles todos los instrumentos. El hecho resultaba sumamente agradable viendo a todo el personal disfrutando como enanos y montándose su fiesta particular alrededor de una canción. El encanto propio que tienen los hermanos Muñoz traspasa mucho más allá de si suenan bien o mal, y eso, al fin y al cabo, es lo que parece encantar a su público. Cada vez que se equivocaban (y fueron unas cuantas) la gente se lo tomaba como una gracia y sacaba su sonrisa.

Fuera del repertorio quedaron cosas como "Ojitos rojos" o "Por la raja de tu falda", piezas que han pasado pronto al olvido y que casi todo el mundo echó de menos. De cualquier modo, el asunto funcionó, el público quedó contento y Estopa siguió rodando su nueva puesta en escena dándose cuenta de lo que todavía tienen que arreglar. La primera impresión que uno saca de esto es que, para hacer estas canciones, muchas veces es preferible llegar a la piel que enternecer los oídos, y para eso es casi contraproducente introducir cositas de diseño. Aun así, la música de Estopa tiende a renovar la rumba juntándola con otras cosas de mayor filigrana; y, si eso es lo que les gusta, que sigan con ello. De momento, la gente lo agradece y el público no decrece.

E.P.

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