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Dover La Riviera. 4 de diciembre de 2001
El concierto ejercía de presentación del último álbum de los madrileños, un disco absolutamente sólido que vuelve a traernos el aspecto más pegadizo de las composiciones "doverianas". Lo bueno que aporta "I was dead for 7 weeks in the city of Angels" es, además, que la enorme ristra de estribillos que trae consigo se compenetra mejor que nunca con una dureza desnuda que, en directo, resulta demoledora. De ese modo, casi todo el material recogido del nuevo trabajo (un buen lote de temas, realmente) sonó con una consistencia considerable y con una inmediatez pasmosa. Y, todo ello, con la enorme capacidad de comunicación que terminaba generando que el público entero de La Riviera se convirtiera en una coral polifónica. El nuevo espectáculo es eficiente a nivel visual y muestra, como en cada gira, las ganas del grupo por no quedarse en la imagen sosa y sin trascendencia que ha imperado en tantas y tantas puestas en directo por parte de otros grupos contemporáneos de Dover. Actualmente, lanzando himno tras himno, sacudiendo dureza por los cuatro costados y con el trabajo de sonido e iluminación que lleva el show, el cuarteto puede presumir tranquilamente de estar en la primera línea del rock actual (y no hablo del rock español). Por si fuera poco, le progresión de Amparo en el aspecto técnico, y su nueva aportación haciendo coros, colabora enormemente a que casi todas sus canciones clásicas ganen tal y como se interpretan actualmente. Las rítmicas del grupo son ya, sencillamente, incontestables, con un empaque y una resolución que compite en poder con las melodías reconocibles de todos los temas. La voz de Cristina, por su parte, más ronca y con menos deje popero que en otras ocasiones, sigue siendo la correa de transmisión de la banda con su público armándose con temas que llegan con facilidad y que apenas bajan la tensión a lo largo de todo el show. Decir que Dover continúa mejorando se está convirtiendo en algo así como un refrán evidente. Lo que ofrecen en directo ya sólo es mejorable con recursos técnicos que poco tienen que ver con la actividad del músico. Ellos han alcanzado ya un nivel que no tiene nada que envidiar a nadie. A nadie. E.P.
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