|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Joaquín Sabina
Particularmente, soy de quienes opina que Sabina tiene una “regularidad irregular” en su producción. En mi opinión, a un disco sobresaliente siempre (o casi) le sigue otro menor. Puede que el argumento sea meramente una opinión mía, pero he de admitir que, con el tiempo, los que yo considero “discos menores” del cantautor siempre terminan teniendo muy poca o nula presencia en su repertorio de directo; es como si el propio Sabina deseara pasar página respecto a ese material. “19 días y 500 noches” me resultó un disco verdaderamente estupendo y, casi como para cumplir la norma, “Dímelo en la calle” no me parece que esté a la altura. Sin embargo, el hecho no puede ocultar que en este nuevo álbum hay cambios en la dinámica “sabinera” y, al mismo tiempo, algunas canciones que pueden llegar a hacerse clásicas en muy poco tiempo. Lo malo es que casi toda la segunda parte del CD nos vuelve a traer al Sabina más tópico, al más cansino si se quiere decir así; me refiero a aquél que tira de los ritmos folklóricos y que sobre ellos adapta letras tan habituales que ya no sorprenden aunque estén escritas con una calidad indudable. De la parte positiva, curiosamente, quedan canciones en las que el de Ubeda se decanta por formas musicales que le resultaron agradables hace ya diez años: melodías guitarreras y quedonas que dan más empaque a las letras y que generan una cierta unidad aunque tengan forma de balada eléctrica. En los textos ocurre lo mismo: es en las primeras canciones del álbum donde Sabina aborda terrenos nada obvios, historias no lineales que dejan de lado la típica escena de bar y putiferio. En ellas aparece un letrista más críptico y original, muy jugador con el lenguaje y los dobles sentidos y tremendamente abierto a interpretaciones. Puede que no sea su mejor disco, pero es un gran (gran) medio disco. E.P.
|