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Deneuve
Hay quien opina que, para luchar contra la piratería, lo mejor es hacer del packaging de un disco algo especial, no reproducible con la misma facilidad con la que se fotocopia una simple carpeta. Los chicos de Deneuve parecen ser de esa opinión dado que, en su compacto de debut, no hay nada normal. Nada más abrir el digipack en el que va empaquetado se te cae al suelo un montón de hojas que, en el fondo, tienen las letras de las canciones. Después éstas están articuladas en capítulos como si de una obra literaria habláramos, pero lo mejor de todo es que los textos están presentados del tirón, sin particiones en versos o estrofas. Todo junto convierte a la presentación del álbum en una especie de pasatiempo entretenido: es como hacer un puzzle en el que, según suenan las canciones, vas buscando las letras sobre fondo blanco perfectamente justificadas y sin un punto o una coma. Musicalmente, que es lo realmente importante, estos cordobeses podrían encuadrarse dentro de lo que, comúnmente, ha terminado quedándose con la etiqueta de “pop indie”, es decir, mucha influencia foránea, ritmos ciertamente lánguidos y temáticas amorosas teñidas de expresión personal. Lo mejor del hecho es que, actualmente, los álbumes que se mueven en ese cuadro se realizan con un rigor y medios mucho mayor que sus predecesores, lo que permite a cada grupo buscarse una identidad propia sin necesidad de copiar directamente a los grupos underground anglosajones, como se hacía hace diez años. Deneuve gusta de los arreglos, incluye un violín en su formación y aporta curiosos elementos (flauta, chelo, oboe…) que, habitualmente, ganan el terreno a las guitarras como elemento definidor. Son, en suma, una propuesta llamativa, esencialmente blanda y algo ñoñita, pero con un futuro prometedor si siguen cuidando su material como hasta el momento. Sólo pueden mejorar. E.P.
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