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Avril Lavigne

“Let go”. Arista. Diciembre 2002

Da la impresión de que en los últimos tiempos Canadá es como la “reserva musical de Estados Unidos”, especialmente en el terreno femenino. Mientras que la mayoría de chicas jovencitas que consiguen el éxito en los EE.UU. lo hacen siguiendo los parámetros, digamos, Britney (poca ropita, cuerpos esculturales, vídeos de lo más sensual, peluquería y maquillaje a mansalva, acuerdos con la Pepsi o McDonalds…), las canadienses se acogen al modelo Morissette y ofrecen tanto una imagen como un concepto musical radicalmente distinto. Es como si ya se les hubiera pasado la época de las cantautoras clónicas y hubiera llegado la de las “rockeras petisuí”. Abril Lavigne es la muestra más reciente del asunto y “Let go”, su primer álbum, ha copado el mercado americano vendiendo (hasta el momento) nada menos que tres millones de discos. Además, en cada país europeo que ha salido el disco, también ha resultado del agrado del público masivo.

¿El secreto? Fácil: hacer un buen AOR que guste tanto a los chavales como al público más adulto. Tan simple como hacer buena música. Porque, te guste o no, hay que admitir que las producciones de este tipo de artistas son tan asequibles como marchosas, tan melódicas como intensas. Pueden pecar, en el caso de este “Let go”, de tener cierto talante repetitivo debido a ese sonido hinchado que parece querer construir un himno de cada canción, pero, con las mismas, eso genera que cada uno de los temas pueda funcionar perfectamente como single en cualquier tipo de radio. El debut de Avril no dice demasiado sobre ella misma y su capacidad por cuanto muchas de sus virtudes se esconden en la producción y los músicos, pero, en su conjunto, es uno de esos discos que siempre resulta agradable y que tiene un montón de canciones plenamente satisfactorias.

Sobre el futuro… ya se verá. Uno de los signos de las “morissettes” es empezar a caer tras el primer éxito.

E.P.

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