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Audioslave
Es evidente que la expectación creada alrededor de este disco no podía ser mayor. Cuando un día te dicen que Rage against the Machine va a suplir el hueco de Zach de la Rocha con el ex-Soundgarden Chris Cornell las ideas que tal unión te puede generar son de lo más diversas. Hay quien veía un grupo de futuro, pero, particularmente, tras escuchar el álbum que sacó Cornell en solitario, yo no lo veía tan claro. El asunto no debía ser tan fácil por cuanto, tras unas cuantas actuaciones, el propio Cornell hizo notar que él no era ni parecido a su predecesor: no podía con el repertorio de RATM. El caso quedó en la creación de un proyecto diferente, algo que hiciera compatible el estilo de Cornell con la música que querían hacer sus compañeros. Así fue como surgió Audioslave, de una manera poco natural y que, a ojos de algunos, puede parecer hasta forzada. De todos modos, como hacer un disco hoy no supone demasiado para esta gente, decidieron probar cogiendo a Rick Rubin como productor. Probablemente su resultado marque definitivamente el futuro de la banda. Con todo, de momento sólo se puede valorar lo hecho: el disco. Y “Audioslave” es un álbum que incluye todo lo que puedes esperar cuando se junta un trío como el que forman los ex-RATM, el ex-Soundgarden y el no ex-Rick Rubin. Todas las canciones son un ejercicio de potencia, de delirio sónico en el que, con todo, existe cierto criterio melódico que hace de tornillo para unir los tres vértices. El álbum no resulta complicado ni difícil y te agradará tanto si eres amante de corrientes metálicas como si prefieres un rock más sencillo y guitarrero. “Audioslave” no es lo uno ni lo otro, pero se mantiene un terreno cercano a ambos, bien interpretado y con un sonido realmente de impresión. E.P.
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