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Jon Spencer Blues Explosion La Riviera. 9 de noviembre de 2002 Sin poder ver la ponencia de Atom Rhumba por falta de información, pero recibiendo criticas excelentes del teloneo de los bilbotarras, me dispuse a ver desde el fondo de la sala los primeros temas de Jon, Juda y Rusell. Había acudido a la cita con ganas de repetir el caluroso bolo de hacía más de un año en Arena. Para ésas era la presentación del disco “Now I got worry” y aquello era purito fuego, un lúbrico rock sacado del alma con el calzador punk. Este sábado, para cubrir el aforo de la sala hubiesen sido necesarias algunos centenares más de cuerpos y, para calentar a todos ellos, que el trío americano hubiese estado empalmado y no en plan morcillón. Imagino que el disco que presentaban, “Plastic fang”, hace justicia al rock and roll pelín más purista que aquí se realizó (ojo: purista, no moña). No sé, en todo caso, pues el citado último trabajo no lo he catado. Mr. Spencer salía dispuesto a comerse el micro (literalmente) y a demostrar que el cable de la guitarra le entra hasta los tuétanos. Sin embargo, se echaba de menos algo. Sí, el dichoso aparatito, ese distorsionante y gaseoso thereming que, cableado convenientemente, dota de una atmósfera única al espectáculo de la Blues Explosion. También el volumen, condicionante en sus canciones, se mostraba tímido, es decir, perfecto y limpio. Lo siento, pero para mí la Blues Explosion es eso, una explosión, es decir, los cánones habituales de graves y agudos no me sirven. Me puse cerca del escenario, en el lado de Jon, a ver si sacaba más tajada del concierto. Por esta vez no son necesarias las disculpas por parte de los súbditos yanquis. Hay un buen número de hits en sus discos (“Extra whith”, “Crip style”…) que son impepinables trallazos muevepiés que salvan cualquier bolo y tienen ritmo brother, garra. Y, pensándolo bien, puede ser que Jon esté hasta el miembro de thereming, así que aquello fue un jodido concierto de rock interpretado por dos guitarras y un impresionante y grandioso batería que, con lo mínimo, sostiene las canciones que hagan falta. Eso no es poco. Fiel a su imagen, Jon saltaba poseído por su guitarra y daba uso al gran (de grande) escenario madrileño. Dejaba actuar a su reverberante lengua y al micro que se le colaba hasta las picaduras de sus muelas. Incluso, para no defraudar a sus mitómanos fans, lanzó al aire los dos únicos pedales de distorsión que llevaba situados encima del ampli. ¡Ooh! Y un carísimo foco de luz de ésa de flash. ¡¡Ooooh!! Sus pantalones de cuero sudaban. A su derecha, portando la otra guitarra, un tío detallista e inteligente con las seis cuerdas; tímido pero efectivo y solvente, en otra dimensión. Desde luego, el cóctel lo tienen ya resuelto. La Jon Spencer Blues Explosion es única en discos y en escenarios, pero, aquí viene mi impresión, ¿no estarán los tres pensando en otros proyectos (Jon siempre liado y los otros con sus combos paralelos) y cumpliendo con el ocaso de esta superformación que tantas alegrías nos ha dado? No soy Rappel, pero eso pude apreciar. Kike Buitre
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