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Festival de Jazz de Ciudad Lineal Centro Cultural S. Juan Bautista. 7-29 noviembre de 2002 En su séptima edición, el Festival de Jazz de Ciudad Lineal ha sido integrado, aunque sólo sea de un modo meramente promocional, dentro de la muestra “Emociona!! Jazz”. Sus responsables consideran el hecho como positivo, si bien, desde fuera, da la impresión de que, para que este pequeño festival obtenga el reconocimiento que merece (¡un festival de jazz en un barrio de Madrid!), aún debe pasar algo de tiempo. Mientras que el “Emociona!!” está expuesto de un modo elitista, con pequeños recintos, una mansalva de escenarios y una programación a salto de mata, el “Ciudad Lineal” muestra sus señas de identidad sin ningún cambio: un solo recinto, precios populares y la idea inherente a un festival que supone el querer acercar músicas minoritarias a cualquier tipo de público. El evento, además, cumple, desde su modestia, con todos los cánones que un aficionado puede exigir: grandes figuras, artistas nacionales y, en alguna que otra parte del cartel, una oferta de riesgo que ofrezca al público tendencias novedosas o vanguardistas. En la edición de este año el festival ha ofrecido un amplio crisol de estilos que han abarcado los seis conciertos que se han integrado en él. Por un lado, la exposición de un músico tan solvente como el contrabajista Miguel Angel Chastang, quien venía acompañado de compañeros del calibre de Mikel Andueza o Carlos Carli para presentar gran parte del material que se incluye en su último álbum grabado en directo en el Café Central madrileño. Por otro, la oferta más popular que supone el ver a Sheilah Cuffy al frente del coro Inside Voices y que muestra una faceta más de esta extraordinaria vocalista que aún tiene pendiente con su audiencia la aparición de su primer trabajo discográfico bajo el amparo de Wagoon Cokin'. Junto a ellos también se programaron ofertas de un jazz de fusión latina como el que hacen los cada vez más cotizados Calle Caliente, la exhibición de coherencia artística que siempre exponen cuando se unen Jorge Pardo, Carles Benavent y Tino di Geraldo, o el concierto de piano solo que, desde posturas de riesgo contemporáneo, ofreció el alemán Dieter Köhnlein. El plato fuerte del festival se dejó para una propuesta tan embrujada como atractiva: una nueva unión de la cantaora Carmen Linares con el trío del guitarrista Gerardo Núñez. Lo que proponía esta singular unión era, a priori, el repertorio de “Un ramito de locura”, el álbum que han grabado juntos y que sugiere un refinamiento del cante aproximándolo, una vez más, a terrenos de cámara aprovechando la capacidad de Núñez dentro de la música más académica. El desafío es aprovechado por la cantaora con la seguridad que todo maestro tiene en sí mismo: échenle a la Carmen lo que sea que ella es capaz de transformarlo en arte poniéndole como manto simplemente su voz. Con todo, sería gratuito pensar que la aportación de Núñez es menor: él es el constructor musical, el director de los caminos a seguir, el que atrae hacia sí el estilismo ajeno al cante. Entre ambos surge la magia, aunque deja en el aficionado un pequeño sabor agridulce imaginando lo que Carmen es capaz de hacer cuando se le retiran los corsés de lo programado. Un poquito de ello quedó para la parte final del concierto y, aunque fue lo menos jazzie del festival, resultó evidente que el nivel y la categoría no atiende a fronteras de género o estilo. Buen resultado, por tanto, el de la nueva edición del “Ciudad Lineal”. Esperemos que continúe con su línea y que, edición tras edición, cuente con un mayor reconocimiento por parte del público, quien, por qué negarlo, muchas veces se entera del evento cuando éste ya ha concluido. E.P.
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