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Antonio Vega

La Riviera. 7 de noviembre de 2002

A estas alturas de carrera parece innegable que el mayor activo de Antonio Vega es su público. No es un público fanático, gritón o alocado; no es de los que espera horas en la cola, quiere tocar a su ídolo o suspira por una noche con él. Simplemente, es un grupo de lo más heterogéneo que encuentra en las canciones de Antonio suficiente belleza como para engrandecer su repertorio. Antonio Vega nunca ha sido un gran vendedor, toca muy poco en directo y no es, precisamente, de quienes se prodiga en público. Con todo, sus incondicionales son capaces de esperar la ocasión para poder expresarle el enorme cariño que le tiene. No olvidan.

Y eso es lo que más sobresalió en la presentación que realizó el ex-Nacha en La Riviera el pasado día 7: no hizo falta ni que cantara, ya que el público lo hacía por él. El escenario contaba con dos pantallas laterales de vídeo que iban colocando imágenes siguiendo un guión de DVD (ya no es vídeo) documental: se sacan imágenes de tal año y, posteriormente, Antonio y su banda tocan dos o tres canciones del álbum representado; las pantallas enseñan fotos de otro año y Antonio toca las canciones que corresponden. Todo muy hiladito y muy televisivo.

Por otro lado, al igual que el repertorio incluía las canciones más relevantes de Vega en su carrera en solitario, las interpretaciones de las mismas quedaron sumamente flojas, pero… no importaba: allí estaba el público para recoger el suspiro y explayarse en la letra, algo que se tuvo en cuenta a la hora de arreglar las canciones, casi siempre idénticas a la versión grabada hace años. Por el escenario también pasaron invitados: los chicos de Ketama (que estuvieron realmente bien en “Se dejaba llevar”), Alvaro Urquijo (al que el público tapó en “Desordenada habitación”) y Tontxu, personaje que no pintaba allí ni con cola y que salió al escenario con su perro como si fuera un representante de los fans de Snoopy.

El repertorio del concierto fue corto, aunque no tanto como para decepcionar: al fin y al cabo, Antonio no tiene muchos discos de los que escoger y tanto sus canciones como las imágenes de las pantallas se acababan pronto. Después de hacer un “Elixir de juventud” un poco desangelado llegó el turno de cierre con “Chica de ayer” y el público asumió de nuevo que el concierto era el suyo.

Hubo bises, también cortitos, y quedó una esencia en el aire de nostalgia reprimida. Antonio todavía sigue representando para mucha gente a uno de los mejores compositores de los primeros 80. Y escuchar sus canciones siempre trae recuerdos. A quien los tiene.

E.P.

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