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Nada excita más controversias que las listas selectivas. “Rockdelux” se ha atrevido a señalar los 200 discos clave del siglo XX y DIEGO A. MANRIQUE entra al trapo.
Diciembre 2002

Alrededor de las listas

En España no hay revista musical que despierte tantas pasiones como “Rockdelux”. El ser heredera espiritual --que no legal-- de la histórica cabecera de “Vibraciones” hace que muchos veteranos se indignen ante su actual actitud, ante unos criterios estéticos que les deja descolocados: “me compro el Rockdelux ¡y no conozco a nadie!”, he escuchado más de una vez. El mensual barcelonés parece tener como misión conectar con las ultimísimas tendencias internacionales, aparte de manifestar aversión automática por los artistas populares en este país. Una divertida historieta, publicada en el número 200, ironiza sobre el conflicto que supuso sacar en portada a… ¡Andrés Calamaro!

A eso íbamos: el pasado mes, RDL publicó su número 200. Una cifra pasmosa, considerando la miserable economía de las revistas musicales en España. Sí; ya sé que tiene mayor longevidad “Popular 1”, pero ése es un caso aparte, único en la prensa internacional: se trata de una empresa familiar, al servicio de las obsesiones de Martin J. Louis, su esposa y --en los últimos años-- su hijo; empezó hablando de Nino Bravo y ahora explora la “trash culture” estadounidense como si fuera un fanzine.

El número 200 tiene --se lo pusieron a huevo-- 200 páginas e incluye, como hace “Rockdelux” desde hace años, un CD, en este caso conteniendo veintiún temas inéditos de Los Planetas, Chucho, Fermín Muguruza o Dominique A. Aparte de la crónica del curioso encuentro entre los cabecillas de Los Planetas y Gaizka Mendieta, raro caso de futbolista melómano, en la revista se repasa lo ocurrido en la música popular desde 1984, fecha de su nacimiento. Un monumental mapa de Luis Lles esboza la evolución de los principales estilos entre 1984 y 2002. Siguiendo la tradición intransigente de “Rockdelux”, las visiones de los géneros de actualidad tiran hacia lo negativo, llegando a la crueldad en la valoración del “nuevo flamenco”. Afortunadamente, la revista tiene cintura y sabe encajar las críticas, implícitas en el citado cómic de Juanjo Sáez y Pepo Pérez y explícitas en los textos escritos por los directores de otras publicaciones rockeras españolas.

Velvet Underground
Marvin Gaye
Beach Boys
Bob Dylan

5.400 votos y un pucherazo

El plato fuerte son “Los 200 de Rockdelux”, una lista elaborada a partir de las votaciones --100 títulos por persona-- de 54 colaboradores de la revista, cada disco comentado extensamente. Con ese cuerpo electoral los resultados deberían ofrecer un retrato de los gustos dominantes entre el estamento crítico nacional, ¿verdad? ¡No! Se trata de una lista acicalada en pos de lo “estéticamente correcto”, con eliminación de nombres o tendencias considerados poco “fashion” a causa de su aceptación por el “mainstream”; a la inversa, se insertan nombres obscuros (¡Slint!) para darla el toque “cool”. En entrevistas con Radio 3 Santi Carrillo ha reconocido que el cómputo final ha sido sometido a “posproducción”. Cabe imaginar que han concentrado los votos dispersos de artistas prolíficos en un solo disco, que hubo trueque de discos y artistas obvios en favor de otros que añaden el inconfundible aroma de la elite de “Rockdelux” a la lista.

El resultado final ha desconcertado incluso a algunos de los que participaron en la consulta: Jesús Ordovás alucinaba al ver el número 2: “ninguno de los miles de músicos españoles que yo he entrevistado me han hablado de Marvin Gaye”. Carrillo explica que cotejó sus resultados provisionales con otras listas confeccionadas a lo largo y ancho del planeta: “hay una página web donde han sumado todas estas clasificaciones y salía el disco de Marvin Gaye como el mejor del siglo”. Hmmmm. Dudo seriamente que fuera necesario ese chequeo. Más que una lista en línea con los gustos internacionales uno esperaba algo original ¡y verdadero!

Más puristas que el Papa

El grueso de la selección pertenece al pop, el rock, el soul, el rap y las músicas electrónicas. Los artistas más valorados, los que figuran con dos obras, son David Bowie, los Rolling Stones Bob Dylan, los Beatles, Van Morrison, Lou Reed, Miles Davis, Jimi Hendrix, Leonard Cohen, James Brown, Bruce Springsteen y Marvin Gaye. Lo de Marvin no sólo asombra a Ordovás. A mí también, pero por motivos diferentes: inconcebible que unos votantes afines a la música negra y que valoren tanto a Marvin ignoren totalmente al único “soulman” que le hizo sombra en los años setenta: ¡Al Green!

El jazz está bien representado: hay discos de Dizzy Gillespie, John Coltrane, Billie Holiday, Charles Mingus, Thelonius Monk, Ornette Coleman, Ella Fitzgerald, Stan Getz, Charlie Parker, John Zorn, Sun Ra, Oliver Nelson, Louis Armstrong, Oliver Nelson, Duke Ellington y el ya citado Miles Davis. Todo irrefutable, como se puede ver. Excepto que… se deduce que el jazz-rock y la fusión nunca gustaron en España. O que los críticos nacionales han escondido en el fondo de un armario sus discos de Corea, McLaughlin, Hancock, Weather Report y compañía.

El purismo también es regla en la recluta de bluesmen: Robert Johnson, Bessie Smith, Skip James, Charley Patton y, la única concesión a los estilos eléctricos, una caja del sello Chess. Aquí sí que se pone a prueba la credulidad del lector: están ausentes los bluesmen que han marcado pautas en el rock, desde tres King (B.B., Albert y Freddy) a Muddy Waters, Howlin’ Wolf, John Lee Hooker y demás gigantes merecedores de ser destacados con un disco propio.

Hilando fino

Otras músicas estadounidenses presentes son el country (Johnny Cash, Bob Wills, Patsy Cline, Hank Williams) y el folk (Woody Guthrie y, ¡toma ya!, la antología de Harry Smith). No hay gospel, señal de que los periodistas españoles somos unos ateos o, más suave, unos agnósticos que no nos sentimos impresionados por la expresión musical del hecho religioso.

El Caribe se materializa en el reggae (The Wailers, Lee Perry, Augustus Pablo y la recopilación “Tougher than tough”) y en tres discos “latinos”: el cubano Beny Moré más dos productos de la caldera neoyorquina: Rubén Blades y Fania All Stars. Dos discos y medio son brasileños: el recopilatorio “Tropicalia”, uno de Caetano Veloso y el trabajo de Joâo Gilberto con Stan Getz.

Entre los 200 títulos sólo cuatro vienen de la Europa continental, firmados por Kraftwerk, Neu, Jacques Brel y Serge Gainsbourg; los plumillas españoles no tenemos ni un hueco para Italia o Portugal, Holanda o Suecia. Hay un único artista asiático, el difunto Nusrat Fateh Ali Khan (el Camarón-de-Pakistán era un cantante religioso, así que quizás no seamos tan descreídos como decía antes). De Africa vienen Youssou N’Dour, King Sunny Ade, Fela Kuti, Salif Keita y un muestrario del raï argelino. Y se ha colado uno de los practicantes del minimalismo, Steve Reich, con su “Music for 18 musicians”. La sutileza del criterio carrillista: Michael Nyman o Philiph Glass eran demasiado obvios y Terry Riley o Gavin Bryars excesivamente obscuros.

Piso alto del Olimpo

Como en todas las listas, lo más llamativo es el tramo superior. Si esto fuera un programa de radio yo empezaría la cuenta atrás desde el 10. Y pondría voz solemne para proclamar: “según los periodistas de ‘Rockdelux’, éstos son los diez primeros discos del siglo XX”…

10, “Exile on Main street”, de los Rolling Stones.
9, “Marquee moon”, de Television.
8, “Never mind the bollocks”, de los Sex Pistols.
7, “Revolver”, de los Beatles.
6, “Ziggy Stardust”, de David Bowie.
5, “It takes a nation of millions to hold us back”, de Public Enemy.
4, “Blonde on blonde”, de Bob Dylan.
3, “Pet sounds”, de los Beach Boys.
2, “What’s going on”, de Marvin Gaye.
1, “The Velvet Underground & Nico”.

El plátano warholiano que ilustraba el primer LP de Velvet Underground es ahora la portada del 200 de “Rockdelux”, un número que, por cierto, se agotó rápidamente y ya está en la categoría de objetos-de-coleccionista, síntoma claro de que las listas omniscientes despiertan nuestra curiosidad, nuestro afán de disponer de una visión ordenada del pasado, nuestro gusto por discutir las opiniones ajenas.

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