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Ester Andújar debuta en el panorama discográfico con “Tristeza de amar”. Diciembre 2002 Un primero y… un segundo
Y el hecho viene dado porque “Tristeza de amar” lleva escondido nada menos que desde 1998, hecho nada frecuente pero que muestra, una vez más, que nuestro panorama jazzístico no favorece, precisamente, la edición abundante. “Ha permanecido en estado de hibernación. Hice un primer envío de la grabación para tantear discográficas, clubs, casas de cultura, etc…pero aún no estaba editado”, comenta Ester mientras anuncia que ya está liada en el trabajo previo a una segunda grabación. -- ¿Crees conveniente, tal y como está el mercado del jazz en España, unir tanto en el tiempo tus dos primeros discos? -- “Bueno… Este ha tardado quizás demasiado y no quiero que me vuelva a pasar. Sé que, entre que se seleccionan los temas, se graban, se mezcla el disco, se hacen las fotos, el libreto y toda esa historia interminable, la cosa siempre se retrasa muchísimo y, para sacar un disco cada año o año y medio, hay que estar continuamente en movimiento con este asunto. Si te despistas un momento… ¡¡Zas!! Cuatro años”. -- Cuéntame un poco cómo será el próximo. Por lo visto será bastante diferente a “Tristeza de amar”… -- “Sí. El siguiente disco estará compuesto básicamente de temas míos, canciones en las que se mezclarán todas mis influencias musicales (el jazz, la música brasileña, el pop y alguna otra que se me olvida) y, además, cantaré en castellano, algo de lo que tengo muchas ganas. Cada vez necesito más el hecho de poder transmitir y comunicarme a través de mi voz de una manera lo más natural posible. Cambiar mi idioma natural por otro para cantar lo dejo, en exclusiva, para alguna que otra versión”. Queda indicado, por tanto, que “Tristeza de amar” es un álbum en el que Ester se retrata en idioma foráneo. Pero… el asunto no va más allá de la casualidad. Lo más importante del disco es, con mucho, la voz y el trabajo musical empastado y coherente que expone. No es Ester, a tenor de este resultado, una de esas vocalistas de temporada que manda en su propuesta con caderazos y escotes. Al contrario, en su disco se pone por delante una voz tan cálida como sensual sin necesidad de entrar en terrenos manidos, un control exquisito y un color resultón que la permite abordar con relativa facilidad un repertorio que no carece de dificultad. -- ¿Qué es lo que te decidió a cantar profesionalmente? -- “No fue premeditado: yo empecé a cantar en el instituto. Había una asignatura optativa que era ‘combo musical’ y así fue como comencé. Por lo visto, con una horita a la semana no tenía bastante y el guitarrista del combo y yo montamos The Black Train, el primer grupo en el que estuve. Para aquel entonces aún rondaba por mi cabeza el prejuicio de que cantar en castellano ‘quedaba mal’ (por aquello de que tocábamos blues…). Afortunadamente se me está pasando ya del todo y ahora disfruto componiendo en castellano. El caso es que una cosa llevó a la otra: empecé a hacer conciertos, a estudiar música y canto… y así hasta el día de hoy”. -- En “Tristeza de amar” no incluyes ningún tema tuyo a excepción de una letra. ¿Por qué? -- “Tenía ganas de hacer los ‘deberes’. Quería revisar algunos de los temas que tanto me habían aportado e interpretarlos a mi manera. En ese momento estaba en ese punto en el que no paras de aprenderte canciones nuevas y revisarlas y reinterpretarlas como buenamente puedes. Yo empecé a componer canciones muy sencillas, con bases de blues, y algunas de las canciones de este disco fueron las que me aportaron ese ‘algo más’ que buscaba, por lo que grabarlas fue casi un homenaje”. -- ¿Y por qué hacerlo dentro de un género como el jazz? -- “Porque dentro de todas las músicas que me gustan era la que suponía mayor reto para mí. Ahora me alegro mucho de haberlo hecho así. El jazz te obliga a tener una preparación y una concentración exhaustivas; es una escuela incomparable que te prepara para ser un todo-terreno. Y no hay que olvidarse del factor de la improvisación, que es importantísimo, porque te enseña a concebir la música de una manera más abierta y creativa desde un principio”. -- Respecto a eso… se resalta como una de tus virtudes el uso que haces del scat, algo que también ha quedado reflejado en el disco… -- “La improvisación vocal o scat es una de las facetas más apasionantes del canto: te permite salirte del rol estipulado de antemano para un cantante (exponer melodías) y reinventar, igual que cualquier otro instrumento, la canción. Empecé aprendiendo los solos de cantantes como Ella Fitzgerald e instrumentistas como Chet Baker y eso me metió mucho más de lleno en el lenguaje jazz. El scat te da libertad plena y, aunque sé que cuesta mucho aprenderlo, merece la pena se mire por donde se mire”. Aunque tratemos a “Tristeza de amar” como un debut, el hecho cierto es que no lo es. Ester ya grabó en el 95 “The call of the train” con su primer grupo y eso le supuso también su primer galardón. Fue elegida como mejor vocalista en el certamen que organizó el club de jazz valenciano Black Note ’95. -- “Fue una experiencia inesperada. Te lo digo en serio. Todo fue muy rápido; empecé a cantar y, cuando aún no habían pasado nueve meses, ya estaba grabando y haciendo conciertos. Ahora me doy cuenta del empuje que tenía al principio y alucino. ¡No paraba! Fue un comienzo muy bueno: estaba empezando y a la gente le gustaba bastante. Además, di con la gente adecuada: tenían las mismas ganas de hacer música que yo”. -- Uno de los músicos con los que te encontraste fue Ximo Tébar, quien, ahora, es además tu marido. ¿Cómo surgió ese encuentro? -- “Yo estaba estudiando en un seminario de jazz que se organiza cada año en Valencia. En estos seminarios se organizan una jam sessions por la noche en las que se anima a los alumnos a subir al escenario y tocar con otros alumnos y con algunos profesores. Yo me subí al escenario justo cuando estaban tocando Mike Mossman, Mario Rossi, Marc Miralta, Jorge Pardo… Evidentemente, no sabía lo que hacía. Canté con ellos ‘Summertime’ y un blues. Ximo estaba en esa jam y, cuando bajé del escenario, se me presentó y me dijo que le había gustado cómo cantaba, que necesitaba cantantes para su nuevo grupo y que le diera mi teléfono: ‘ya te llamaré’. No me creí nada hasta que, unos meses después, me llamó. A partir de ahí ha sido la relación musical más fructífera que he tenido: nos compenetramos muy bien en el escenario y nuestra forma de concebir la música es muy parecida”. -- Dentro de la banda de Ximo has participado en numerosos festivales de jazz y giras por Latinoamérica. ¿Qué diferencias fundamentales ves entre el público de fuera y el nuestro? -- “Yo diría que casi ninguna: si uno se cree de verdad lo que está haciendo llegará al corazón del público de cualquier parte. Sí que es verdad que en Cuba la gente se desvivía por la música y transmitía un calor y un amor por ésta bastante especial. Allí suena la música las veinticuatro horas. Es estupendo”. -- Con el tiempo la alumna se ha hecho profesora… -- “Ser profesora de canto es estupendo. De entrada, estoy estudiando cada día mi instrumento y, por otra parte, a veces pienso que yo aprendo de los alumnos casi más que ellos de mí. Es asombroso ver las cosas nuevas que descubro cada día con cada alumno; ellos me aportan muchas cosas nuevas respecto al instrumento en sí y también mucha energía”. -- Lo llamativo es que, sólo con tu actividad docente y la realizada en directo, has conseguido suficiente cartel como para que la Asociación Valenciana de Jazz y Músicas Creativas (Promusics) te haga su… ¡presidenta! -- “Ahora ya no soy presidenta, sino tesorera. Pero da igual: estar en la asociación me permite implicarme en proyectos que suponen mejorar la situación de nuestro colectivo y una promoción para el jazz importante, como los Premios Promusics”. -- Supongo que estar en una situación como ésta te permitirá dar una opinión autorizada sobre la actual escena del jazz español… -- “De entrada hay un problema de base grande: no existe enseñanza oficial de música moderna en este país, con lo cual… ¡páguese quien pueda una escuela privada! Aun así, creo que tenemos unos músicos fantásticos, la mayoría grandes desconocidos para el público a gran escala. Diría que la cantera es de primera división, pero la situación no: las dificultades para tocar en directo (apenas hay clubs y el circuito de festivales, aparte de reducido en comparación con el circuito de otras músicas, programa poco jazz nacional) conllevan muchos problemas como puede ser el mantener una banda estable, por decir sólo uno de tantos. Otro problema es el asunto de los discos: es muy difícil darles una salida al mercado. Tampoco tenemos un gran apoyo por parte de los medios de comunicación, que son el factor más importante para promocionar un trabajo, aunque… ¿qué te voy a contar a ti de los medios de comunicación?” -- Es la opinión habitual, ¿no? Quien no trasciende en los medios siempre lo ve como una especie de zancadilla. -- “Pero tampoco me identifico con el músico de jazz llorón que va por los clubs hecho polvo y vive sólo la noche. Trabajando duro y, con la constancia como menú permanente, pueden hacerse cosas interesantes”. Ester, por lo menos, lo ha hecho. Aunque nunca se sepa cuán importantes pueden ser los logros conseguidos hasta que el tiempo no dé su propia valoración. De momento, de un currículum plagado de premios y giras, sólo queda, para el público, la aparición de “Tristeza de amar”, una obra que puede ser el comienzo de una carrera bastante diferente a la que la valenciana ha realizado hasta ahora. -- ¿Cómo elegiste el repertorio y la formación que te acompañaba en el álbum? -- “El repertorio tiene una parte de los standards de jazz que más me gustan y otra parte de implicación en las composiciones de los músicos que colaboraban, como Albert Sanz y Ximo. Respecto a la formación, tenía claro desde un principio que quería que Albert estuviera. El me sugirió a Esteve Pí y a Pere Loewe, la base rítmica. Las colaboraciones las elegí yo y fueron en base al color y a la riqueza que aportaban a la grabación los distintos instrumentos y músicos, como Joan Soler con la guitarra y Carlos Martín con el trombón. Aportaron mucho color y magia a la grabación”. -- ¿Supuso algo de frustración el hecho de que no se publicara en su día? -- “En un principio sí; me sentó fatal mandarlo a algunas discográficas y que no respondieran, pero tampoco tenía nada de paciencia. Ahora: que, si de eso se trataba, hay que decir que con esta ‘cura’ ya he tenido suficiente. He podido ver de cerca la impresionante burocracia y jerarquía que se esconde detrás del mercado discográfico y he de decir que es para empezar a correr y no parar hasta Sebastopol. Espero que con el próximo disco el proceso sea un poquito más rápido, aunque sólo sea un añito menos…” -- ¿Qué consideras que puedes aportar al panorama de las vocalistas de jazz actuales? -- “Quizás el tema de la composición y, en el próximo álbum, el uso del idioma castellano. Que yo sepa, esto no se hace a menudo desde la perspectiva del jazz”. -- Dentro de ese terreno, el de las vocalistas, ¿cuáles son las que más te gustan en la actualidad? -- “ Sin duda alguna Carme Canela: ella tiene toda la técnica necesaria, domina el lenguaje jazz, elige bien su repertorio, transmite muchísimo calor y, en directo, es aún mejor que en los discos. Tiene uno de los timbres vocales más bonitos que he oído”. -- Hay que admitir que, en el último año, la figura se ha reconciliado con un público amplio gracias a los éxitos de gente como Dianna Krall o Norah Jones ¿Tú crees que puede pasar lo mismo con las artistas españolas? -- “¡Buuuf! Lo veo difícil, pero no hay nada imposible. Vuelvo a recalcar lo del idioma: es necesario que el cantante llegue primero a su público inmediato y, para eso, el público te tiene que entender. Además existen muchos prejuicios respecto a las cantantes españolas que cantan en inglés. Es una pena, porque algunas son cantantes sobresalientes que nunca llegan a ser reconocidas”. -- Respecto a esto… Llama la atención que tu nombre apareciera tanto en la prensa cuando colaboraste en algunos conciertos con Brandford Marsalis, aunque supongo que no han sido las únicas que has realizado. Háblame de cuáles te supieron mejor… -- “Recuerdo de manera especial la colaboración en la gira de Lonnie Smith: su manera de cantar me hacía llorar de emoción. Y, además, estaba Idris Muhammad, que es como tener detrás un tren empujándote con la precisión de un reloj suizo. De vez en cuando me volvía para mirarlos y para asegurarme de que no estaba soñando”. -- Una cosa: dado que “Tristeza de amar” se grabó hace tanto tiempo supongo que, con esa distancia, tú tendrás tu propia opinión del resultado. Probablemente no sea la que tenías en el momento en el que lo grabaste… -- “Probablemente hoy no cantaría igual esas mismas canciones, pero si lo he sacado es porque el resultado en general me gusta y porque confío en ese disco. Lo que más me gusta es la frescura que creo que desprende; se grabó todo en un día y estoy contenta con el resultado”. -- Ahora mismo… ¿tienes algún otro proyecto que no sea la grabación de tu segundo álbum? -- “No. Solamente grabar las canciones nuevas. Estoy probándolas en directo y quiero empezar a rodarlas y rodarlas…” -- ¿Por dónde? -- “Ahora voy a estar presentando “Tristeza de amar” por Jaén, Ceuta, Badajoz, Valencia… Bueno: casi todo menos Madrid, de momento. Lo más seguro es que vaya a principios del año que viene”. -- Eso espero. E.P. Ester Andújar. “Tristeza de amar”. Omix
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