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“I get wet”. Island abril de 2002 Lo malo que tiene el rock actual es que parece una liga de fútbol. Todas las bandas que surgen con cierta relevancia aparentan ser de un equipo concreto, tener un uniforme y jugar con un determinado esquema. La improvisación o lo sugerente parece haber quedado para otros géneros menos estereotipados. Afortunadamente, de vez en cuando aparece alguien con esquemas abiertos y con un estilo de juego propio, algo así como las superstars que pueden jugar en cualquier equipo y que allá donde vayan juegan bien. Andrew W.K. parece ser de éstos, y digo “parece” porque otra de las cosas que caracteriza al rock actual es la volatilidad de sus artistas. Andrew es californiano y, en su debutante “I get wet”, parece una reencarnación de los Ramones si los neoyorquinos hubieran nacido treinta años más tarde de lo que lo hicieron. Su música es sumamente llamativa, festiva, y suena como si Joey y su banda hubieran producido un álbum en el siglo XXI. Lógicamente, si estamos en el año 2002, resulta ridículo dejar de utilizar elementos musicales y tecnológicos que aporten cosas. Andrew lo hace, pero, afortunadamente, no se deja llevar por ellos como línea de referencia para sus creaciones. En este caso parece que todo ha surgido de una guitarra abrasiva y que después se ha ido enriqueciendo con arreglos justos pero sumamente bien colocados. Lo que resulta es un disco encantador, con melodías brillantes y con un sonido sumamente actualizado que no empaña en nada lo mejor del álbum: sus canciones. “I get wet” no es sólo recomendable: es una verdadera joya. E.P.
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