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The Strokes La Riviera. 16 de marzo de 2002 Todo el mundo lo sabía. A nadie le pilló por sorpresa. Pero no dejas de quedarte con cara de bobo cuando has pagado veinte euros por cincuenta minutos de concierto en el que la considerada gran esperanza blanca del rock de este nuevo milenio poco hizo para conectar con la gente, aunque tampoco era necesario. Una Riviera abarrotada como en pocas ocasiones (las entradas se acabaron tres días antes de la cita) se rindió a los neoyorquinos desde los primeros compases de un nuevo tema con el que abrieron el concierto (o casi trámite) que alguien calificó como “el gran timo del rock and roll 2”. Ni una mala versión, ni un mísero bis. The Strokes se limitaron a desgranar su primer y único disco, “Is this it” (eso se lo preguntaron muchos aquel día). Vaya por delante que soy de quienes creen que es un discazo, que si inventan algo o nada es secundario y que, si son una copia, son muy buena copia. Por eso tenía muchas ganas de verlos (menos mal que no tuve que pagar los veinte euros). Pero es que fue tan breve que me dio tiempo, con la sensación de no haber salido de casa, a ver treinta y cinco minutos de la segunda parte del Barcelona-Real Madrid. Bueno: eso se agradece. The Strokes defendieron bien el disco (que, por otro lado, se defiende solo) con temazos como “Hard to explain”, “Last nite”, “Trying your luck” o la fantástica “New York city cops” (censurada en Estados Unidos tras el famoso 11-S y que ahora sale en single en el país de los valientes). Aunque sonaron un poco fríos, reproduciendo el sonido del disco (por lo menos no fue peor), las mismas sensaciones (que esperas que en directo se multipliquen por diez) y dejándose llevar por la gente, totalmente entregada, haciendo pogos hasta detrás de la barra de la sala. Pero no faltaron voces críticas. Y es que parecía como que a todo el mundo le tenía que haber gustado. Pues no del todo, y menos por el módico precio, aunque la culpa no es de ellos, si no de quien lo paga. La moda vende. Por cierto, un detalle más. El precio de las camisetas del grupito en cuestión oscilaba entre los veinticinco y los treinta y seis euros (sí, sí, seis talegos). Habrá que darles tiempo a estos chavales y ver qué hacen en el segundo disco. Si es tan bueno como éste me acercaré a la taquilla cuando vengan a tocar, pero, seguramente, visto lo visto, me daré la vuelta y aprovecharé para ir al cine o, mejor, para oír el disco en casa. Esta crónica es corta, lo sé. Pero así fue el concierto. Oscar Santamaría
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