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Loquillo y Trogloditas

Aqualung. 8 de marzo de 2002

Empecemos por el principio: en situaciones como ésta me encanta que alguien me quite la razón y haga que tenga que envainármela. Al igual que en su último paso por Madrid Loquillo me pareció casi un personaje peliculero con visos muy poco esperanzadores para el futuro, en su reciente actuación en el Aqualung me fascinó. Es sorprendente lo que puede pasar a lo largo de un año, pero, en el caso del “Loco” y en su actitud para con el directo, ha debido ser todo bueno: está en un momento increíble.

El Loquillo actual huye deliberadamente de un concierto de "grandes éxitos" y ha reordenado su repertorio sacando un partido fabuloso a las canciones de su último “Feo, fuerte y formal”. Piezas como “Las chicas del Roxy”, “Soltando lastre”, “Territorios libres” o “Mi calle” (su particular homenaje a Lone Star) son abordadas por los Trogloditas con un poder impresionante y, cuando se vuelve la vista atrás, no se hace en el plan Sinatra que el catalán ofrecía en su anterior gira: se revisan las piezas que mantienen vigor y se sacan del armario algunas que, en un plis plas, reconvierten todo el local convirtiendo el espectáculo en una verdadera fiesta.

“Las calles de Madrid”, “María” o “Todo el mundo ama a Isabel” obtuvieron el resultado esperado y enseñaron a un Loquillo tremendamente activo, bailón, con una energía desbordante que no tardaba mucho en contagiar incluso a la gente más alejada del escenario. Ni siquiera hubo que recurrir a himnos como “Rock'n'roll star”, “Hombres” o “Ritmo de garaje” para conseguir un clímax que se mantuvo durante buena parte de la actuación. Tomándolo todo de una manera más festiva y dejando en el escenario lo que hay que dejar cuanto tienes la sala llena, el “Loco” aparcó las parrafadas en el camerino y completó un show en el que las guitarras y su particular voz dijeron todo lo que había que decir. Apenas unas breves frases para recordar a Wylon Jennings o a los miembros fallecidos de Burning (antes de abordar “¿Qué hace una chica como tú…?”) fueron todos los recuerdos hablados que se escucharon en esta ocasión. Lo demás se ofreció con canciones.

El “Loco”, además, ha hecho una selección que, aunque muy amplia, escoge de un modo extremadamente sibarita su nuevo repertorio. Apenas da cancha al material de “Cuero español” (sólo sonaron “Por amor” y “Cuando fuimos los mejores”) y las canciones antiguas que quedan son aquéllas con las que, probablemente, los Troglo se sienten más identificados. Cayeron, de un modo muy aleatorio, “Rompeolas”, “Chanel, cocaína y Don Perignon”, “Cadillac solitario” (¡menuda interpretación!) “Treinta y tantos”, “Brillar y brillar” o la versión que siempre suele realizar de “Maldigo mi destino”. Otras sumamente esperadas, como podían ser “John Milner” o “Los ojos vendados”, quedaron en el cajón, necesitadas de un descanso procedente. Las canciones nuevas fueron las verdaderas jefas de la noche y, a tenor de lo escuchado, van a permanecer en el nuevo repertorio con una presencia importantísima.

Lo dicho. Me encanta equivocarme a la hora de hacer predicciones si se trata de equivocaciones como ésta. “Parece un león enjaulado”, comentaba mi chica. Y, como siempre, tenía razón.

E.P.