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Elliott Murphy Arena. 2 de marzo de 2002
En fin. El caso es que fue en Arena donde Elliott Murphy decidió salir de las salas diminutas para comprobar si su audiencia crecía, seguía igual o, como ocurría en sus últimos pasos por esta ciudad, simplemente no acudía a sus conciertos porque no cabía. El ir a un sitio de mayor aforo demostró que este personaje tiene mucha más gente dispuesta a escucharle de lo que pueda parecer en un momento. Lo que ocurre es que, si no suena en la radio y nadie se entera de que todavía existe, malamente van a poder seguirle. Muchísima de la gente que acudió a verle a Arena era de edad madura, de ésa que sólo se entera de los conciertos si salen en los periódicos y, afortunadamente, en esta ocasión no sólo asistió a la actuación, sino que se dejó unos buenos euros comprando todo lo que había en la tienda del merchandising. Un exitazo, vamos. Y aún podría haber sido mayor con algo más de promoción por parte de los organizadores. Elliott, además, dio al público todo lo que éste podía esperar: un montón de canciones preciosas interpretadas como sólo un verdadero maestro puede hacerlo. Puso la piel tensa cuando hablaba de emociones y consiguió hacer sudar al público en cuanto se acordó de sus días de rock'n'roll. Hizo alguna que otra broma y mostró siempre un dominio del tempo y del escenario propio de quienes viven más encima de él que en su propia casa. La banda que lleva, que en principio delata un formato acústico, es capaz de abordar cualquier estilo manteniendo siempre unas formas sutiles y dando la sensación de que no es necesario reventar los tímpanos al personal para llegar a él. Olivier Durand, el guitarrista que en los últimos años acompaña a Elliott, se muestra como un complemento perfecto en directo para la música del neoyorquino: espectacular y exhibicionista cuando lo pide la pieza y suave y ligero cuando lo demanda la canción. Elliott estuvo acompañado en algunas piezas por Jorge Otero, quien, con su grupo Stormy Mondays, fue el encargado de abrir la noche. La banda ha mejorado una barbaridad desde que hiciera su primera entrega discográfica y, con leves salvedades, hicieron un concierto de gran altura. En este caso sí es una lástima que los textos del grupo no sean en castellano por cuanto el cuidado de las letras y su perfecto acomodo a los cambios de tiempo son fundamentales dentro de su música. De todos modos, el material nuevo presentado es digno de tener en cuenta y no convendría perderlos de vista ante la próxima aparición de su segundo álbum. También colaboró con Elliott en un par de temas Eva Amaral, que estuvo muy en su papel y que, aunque comenzó casi sin sitio, consiguió imponer sus cualidades en el segundo de los temas que abordó con Elliott. El concierto, en suma, fue realmente fantástico, sin un momento de decaimiento y con un nivel indiscutible en todas las facetas que el público puede apreciar. Lo único malo fue eso de que te tengan que empujar cuando las puertas no daban abasto para desalojar al público. En fin… E.P.
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