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Dover + Cranberries

Palacio Vistalegre. 13 de marzo de 2002

Resulta un poco cansino ver convertida a la mayor parte del público de estos “Conciertos Movistar” en colaboradores pasivos de trucos publicitarios. Es llegar al recinto y ver a todo el mundo convertido en una bombilla andante sólo por el hecho de que en la entrada te den un tubito fluorescente: uno se lo pone en la cabeza y parece que todo el personal tiene que hacer lo mismo, por lo que, en nada de tiempo, te da la impresión de que la gente tiene vocación de santo y que todos tienen el deseo de coronarse. En fin… puede deberse también a que nadie sabe qué hacer con el dichoso tubito antes de deshacerse de él.

El caso es que los telefonicos habían elegido este año para su evento musical a un cuarteto de bandas curioso por la combinación pero realmente llamativo, lo que supuso que el Palacio Vistalegre registrara una entrada formidable excepto en los lugares dedicados a las plazas más caras. Algo lógico, por otro lado: te cobran más y lo ves exactamente igual.

La noche la abrió Lombardi, formación debutante que debe estar ya con disco listo para salir a la calle y que hizo las veces de “calentador” mientras el público iba tomando sus primeras posiciones. A Weezer les pasó un poco lo mismo; la cola que había en la calle iba desfilando tranquilamente con más interés en los cabezas de cartel y sólo los muy aficionados a la banda se esforzaron por llegar a tiempo. Los norteamericanos hicieron un compendio entre su último álbum y su debut dejando de lado por completo el material de “Pinkerton”. Así, junto a recuerdos como “My name is Jonas”, “Undone” o “Only in dreams”, también dieron entrada a los más recientes “Knock down drag out”, “Hash pipe” o “Island in the sun”. Aprovecharon, lo que es de agradecer, para hacer un miniadelanto de lo que serán sus próximas canciones tocando varios temas nuevos que, en teoría, deberían ver la luz este mismo año.

Tras ellos, y el consabido descanso matador, aparecieron Dover, los cuales parecen estar ya en un momento de “no vuelta atrás” en lo referente a su evolución. No solamente porque cada día tocan mejor y suenan más empastados, sino porque el cuarteto ha decidido que sus dos últimos álbumes representan mucho mejor su rumbo musical de lo que lo hacía el exitoso “Devil came to me”. De él apenas recuperaron tres canciones dejando el grueso de su repertorio para la sensación más dura que generaron “Late at night” y “I was dead…”. De su álbum más reciente abordaron una considerable cantidad de canciones (“My secret people”, “Better days”, “Lady barbuda”, “Recluser”…) dejando el resto para lo más granado de “Late at night” (“Flashback”, “Four graves”, “D.J.”…). Su actuación tuvo momentos sumamente vibrantes con los temas más directos, caso de “King George”, “Cherry Lee” o los clásicos “Serenade” y “Loli Jackson”, pero, en general, el tono fue considerablemente alto y el grupo puso el punto duro y guitarrero dentro del concierto. Cristina aprovechó para solicitar, previamente a los bises, la colaboración del público con la causa de Amnistía Internacional contra la lapidación de mujeres acusadas de adulterio y el hecho supuso un curioso contraste de humanidad entre un evento que, a la que te descuidabas, te metía los anuncios hasta debajo de las cejas.

Para cerrar se eligió la presencia de Cranberries, banda que ha bajado considerablemente su popularidad tras la aparición de su “Wake up and smell the coffee”, disco que no puede competir, en la mente de la gente, con su predecesor “Bury the hatchet”. De hecho, fueron las canciones del “Bury” (“Animal instinct”, “Promises”…) las que tuvieron más eco en la grada, aunque, a esas horas, la gente estaba ya por el disfrute sin exigencias y se dedicó, en su mayor parte, a tararear lo que venía y colaborar para que el asunto terminara de un modo feliz. La presencia de la O’Riordan, vestida con salto de cama y recién salida de la peluquería, contrastó enormemente con lo que los madrileños Dover habían dejado en el ambiente. Eran, obviamente, dos grupos sumamente diferentes y cada uno hizo lo que tenía que hacer marcando plenamente su territorio.

Dover puso el rock con actitud, Cranberries el pop de diseño y Weezer se esforzó por estar a la altura contando con las peores cartas de horario.

E.P.