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Los asturianos Australian Blonde se encuentran cómodos en la música popular americana. Abril 2002

Como los cangrejos

 “Lay it on the line”, el último trabajo de Australian Blonde, ha puesto de manifiesto una singular metamorfosis dentro de la formación. Nacidos al amparo de lo underground, lo vanguardista y el sonido de los noventa, ahora se encuadran en formas mucho más asequibles y maduras. El rock americano y el pop tradicional han terminado siendo su modo de expresión más acertado.

“No sé cómo explicarlo. Es como… Nos pasamos toda la vida queriendo salir en el Rock de Lux y ahora nos hemos dado cuenta de que lo que nos gusta de verdad es estar en el Ruta 66. Algo así”. Sí. Es una buena explicación para una evolución que, por otro lado, es lo más lógica. Si una revista representa la moda, lo cool y lo pasajero, la otra es su antónimo natural: más valor te dan cuanto más viejo seas y te hacen un especial si te has muerto, sobre todo si te has muerto por sobredosis. Australian Blonde nació al amparo del boom indie y obtuvo, como tantas otras bandas, un apoyo exhaustivo de los medios que premian la moda y la actualidad. En cuanto esos medios ven otra moda se olvidan de la anterior, así que los grupos sustentados únicamente por el apoyo mediático pasan a mejor vida. Del boom indie que la música española tuvo en los años 90 sólo quedan grupos que se puedan contar con los dedos y, afortunadamente, Australian Blonde es uno de ellos. Pero si se ha mantenido no ha sido precisamente por seguir mareando la perdiz con los mismos postulados estéticos con los que empezó. Más bien al contrario: sus dos últimos discos, la colaboración con Steve Wynn y este “Lay it on the line” que acaba de aparecer les sitúan en una circunstancia estética muy anterior a aquélla que guió sus primeros pasos. “Los sonidos pasan de moda, como todo. Rubén Darío empezó a hablar de cisnes, rosas y princesas, y resultó innovador. Cuando, después, otros cincuenta poetas hablaron de cisnes, rosas y princesas, esas palabras se fueron desgastando”, comenta Francisco Fernández, guitarra y vocalista de los Australian. Estamos sentados alrededor de unos cafés y la conversación gira, inexorablemente, sobre su último trabajo. Y más que sobre el álbum en sí, sobre la evolución que se aprecia en la música de la banda asturiana. Con “Pizza pop” se convirtieron en 1993 en uno de los grupos abanderados de un movimiento que (se presumía) cambiaría el rumbo de la música española. Hoy, no llega a diez años más tarde, sus compañeros de generación están buscando trabajo y los propios Australian dan por finalizado el sonido que les inspiró para entrar en el mundo de la música. No es una charla triste, sino una conversación instructiva. “En el tipo de música que hacemos ahora es en el que hemos sabido crecer. Surgimos en aquel ambiente y pretendimos estar en la vanguardia, pero, con el tiempo, nos hemos dado cuenta de que donde nos sentimos cómodos es donde estamos ahora. En aquellos tiempos Nirvana era muy popular, había un nuevo sonido y el rock volvía a cobrar importancia. Tanto el público como los medios tomó el momento con entusiasmo, pero ahora, cuando haces los discos, ves que ese sonido está agotado y terminas cogiendo de allí de donde cogieron quienes nos precedieron”.

Y quienes precedieron a Nirvana eran todos norteamericanos. “Paco Loco se ha puesto a escuchar mucho a gente como Wilco, Sheahawks… bandas de ese tipo. Yo, por mi parte, ahora oigo mucho blues. O a gente como Beach Boys y ese tipo de bandas. La colaboración con Steve nos hizo crecer mucho a nivel musical y nos proporcionó la capacidad para hacer un disco como éste. En aquél escribimos las canciones prácticamente para él y, lógicamente, tenían ese talante americano”, continúa Fran. No hace falta darle muchas vueltas a la cabeza para colocar a Australian Blonde como referente generacional en ese aspecto: ¿cuántos chavales jóvenes no conocen a los clásicos de la música porque los medios sólo les enseñan los objetivos actuales de las compañías discográficas? O aun más: ¿cuántos músicos de quienes se creen renovadores no están sino repitiendo esquemas que ellos creen novedosos por desconocimiento de la historia de la música?

“La historia es cíclica. No hay buenos grupos todos los años “--continúa Fran--”. Es como el vino: unas cosechas son mejores que otras. Sólo cada cierto tiempo sale un grupo excepcional. Lo último que salió que considero excepcional es My Bloody Valentine. Su ‘Loveless’ es impresionante. Luego hay otros grupos, como Prodigy o Chemical Broters, que han ensanchado el lenguaje del rock”. En la enumeración no aparecen Nirvana ni ninguno de los grupos que han surgido en los noventa (“Loveless” apareció en el 91) dentro del terreno rockero y que se han caracterizado, sobre todo, por tener una carrera tan rápida como (quizás) intrascendente. “Todo el mundo que llega al rock por primera vez tiene una mirada que no se pierde por mucho que pase el tiempo. Cuando yo escucho ahora a Robert Johnson, por ejemplo, descubro algo que no ha decaído aunque haya pasado la tira de años. El rock es muy simple, pero tiene una gran capacidad expresiva que perdura. Quizás es por su manera de absorber otras músicas, de mezclarse con ellas. No me imagino un King Crimson de la salsa, por ejemplo; no le veo a lo latino esa capacidad de mezcla. Lo cierto es que cada generación tiene su música y la voluntad de ser rabiosamente moderno la tienes en la adolescencia, no cuando cumples los treinta años”. Ilustrativa imagen: nuestros músicos (Fran en concreto) pueden tardar décadas en reconocer a Robert Johnson (murió en 1938), pero aún tardarán más en reconocer la aportación de la música realizada al sur del Río Grande. En ese aspecto, Australian Blonde tiene su propia explicación: “A mí me pueden gustar un montón de bandas de rock español, pero no cantamos en castellano. Si lo hiciéramos aparecerían las afinidades porque todos miramos a las mismas fuentes”. La pregunta lógica es, entonces, ¿por qué cantar en inglés? Si bien antes se entendía que el lenguaje era algo sin importancia que se utilizaba como un instrumento o que era la manera natural de cantar dentro del rock, ahora da la impresión de que, en el caso de los asturianos, es uno de los pilares determinantes para elegir el estilo musical en el que expresarse. Fran aclara: “A mí me gustaría mucho cantar en castellano. De hecho, tengo un grupo paralelo, Nixon, en el que canto en ese idioma. Pero el resto del grupo opina de manera diferente, no lo ve del mismo modo. Las letras han sido siempre nuestra asignatura pendiente”.

¿Incongruencias? No necesariamente. Las palabras de Fran pueden reflejar con una fidelidad impresionante las opiniones de muchísima gente de su generación: buscan lo underground cansados de la oferta más popular y no se dan cuenta de que lo underground es, en sí mismo, una oferta popular, una etiqueta más para vender moda a las mentes más intranquilas y rebeldes. “Se confunde lo artístico con lo industrial. El éxito lo justifica todo”, señala mientras, con un giro picaresco, añade: “¿quién iba a poner en duda aquella generación si hubiera habido cuatro o cinco grupos españoles cantando en inglés que hubieran vendido?”. Inapelable: la afirmación no viene sino a poner una vez más de manifiesto que el espíritu crítico de los medios puede estar sobrevalorado: es muy fácil poner bien aquello que está de moda y olvidarse de las opiniones propias en cuanto el público no responde como se esperaba.

Lo mejor que trae consigo “Lay it on the line”, aparte de su contenido, es poder contemplar la supervivencia dentro de una escena tan singular como es la del rock español de un grupo que, de alguna manera, evoluciona asumiendo su pasado. “Tuvimos un hit con nuestro primer disco. Eso nos hizo ser populares en una escena en la que los más militantes no llevaban bien eso. Retiraron su apoyo al grupo y nos quedamos con el público masivo. En cuanto nos dejó nos encontramos entre dos aguas, por lo que nuestra responsabilidad era dar credibilidad al grupo independientemente de la gente que nos siguiera. Partimos siempre de que recogemos ideas de fuera para hacerlas nuestras. Lo más difícil dentro del mundo de la música es tener una idea original”. Interesante y gráfica afirmación, aunque no se aclara (¿es posible acaso?) si grupos como Australian Blonde tuvieron repercusión, precisamente, por la militancia de los fans, no por su gusto. Entregas posteriores a “Pizza pop” (pienso, por ejemplo, en “Extra”) tenían mucho mejor contenido y una producción mucho más acertada, pero, curiosamente, el público no las recibió tan positivamente. En este momento de la conversación recuerdo una tira cómica que vi en una ocasión en un número de “Ruta 66”: un adolescente se acerca a una tienda de discos y pide una copia de un grupo inexistente; ‘Ah, sí’, dice el dependiente, ‘Se está vendiendo muy bien’. Entonces el adolescente contestaba: ‘Entonces ya no lo quiero. Es demasiado comercial’. “La industria tiene que replantearse las cosas “--comenta Fran--”. No se puede tratar a todos los grupos del mismo modo en lo referente a su promoción”.

Actualmente los miembros de Australian Blonde tienen los pies muy en el suelo: “Sabemos lo difícil que es vender cinco mil copias dado que, en este tiempo, los hábitos de ocio han cambiado mucho. Además, un tío que va a la tienda para comprar un disco siempre elegirá antes a los Beatles o a U2 que uno nuestro. Es algo contra lo que no puedes luchar”. Un nuevo motivo de conversación: ¿sería cualquier chaval hoy en día capaz de reconocer a los Beatles si vivieran en el piso de arriba de su portal o tendría, como es el caso, que conocerlos gracias a recopilaciones de talante navideño anunciadas en televisión cuando el grupo ya es historia? “El futuro es siempre presente “--dice Fran--”. Tú, por ejemplo, pensabas que el techno iba a sustituir al rock y yo tenía claro que eso no podía suceder nunca. Es el éxito el que justifica todo: cualquier cosa es buena si vende y no tiene interés para la mayoría si no lo hace”. Tocado: yo era de quienes esperaba de las corrientes electrónicas una representación más real de la sociedad adolescente que la que actualmente realiza el rock’n’roll. Sin embargo, el hecho de que los artistas más representativos de la tendencia no hayan pasado por la comunión humana que supone enfrentarse al público en directo ha convertido a ese tipo de música en una moda más: habrá muy buenos creadores en el terreno, pero no llegan a la gente solamente desde la tribuna de un DJ. Contrariamente a mis expectativas a corto plazo me encuentro, cada vez más, con las posturas defendidas por Fran: una mirada al pasado como principal fuente de inspiración. “La cosa ahora está un poco paradita. Yo viví un boom en el que la gente tenía mucho más interés por la música, en el que podías hacer una gira de invierno en salas y en el que los ayuntamientos montaban festivales en verano”.

Ahora, de momento, todo queda en un impasse: a partir de marzo Australian Blonde ha iniciado una gira de promoción de su nuevo álbum que pasará por Madrid el próximo 25 de abril encuadrada dentro de una fiesta organizada por Astro, su compañía discográfica. Mientras, puedes escuchar el material de “Lay it on the line” o descargarte el material que no terminó de entrar en el disco desde la web de ritmic.com. No te confundas: el site de los asturianos no alberga tal material: el portal rítmico llegó a un acuerdo comercial con ellos y serán los encargados de distribuir los ficheritos MP3. “Es sólo por dinero”, bromea Fran.

E.P.

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