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Amparanoia continúa al frente de su particular cofradía con “Somos viento”. Abril 2002 Luchando por lo que quieres
“En esa época pasaron varias cosas. Por un lado aterrizó Manu y su banda, Radio Bemba, por el barrio. Nos hicimos amigos, hacíamos música, comidas, encuentros… y de Malasaña (San Andrés) a Lavapiés (El Tío Vinagre) pasamos momentos inolvidables. Fue en el Tío Vinagre donde trabajé poniendo cañas. La música que allí pinchábamos, la mejor, y los muchos días que acabábamos en fiesta con guitarras, cajones, bongos y lo que apareciera, fueron parte determinante en las influencias y el nacimiento de Amparanoia”. Son palabras de Amparo Sánchez en la nota de promoción que acompaña a “Somos viento”, el nuevo trabajo de Amparanoia. Se refieren a 1996, un año después de que esta granadina llegara a Madrid. Su primer álbum, grabado en el entorno del blues y firmado como Amparo and the Gang, apenas había traspasado las paredes del underground y ello había supuesto que, junto con un par de amigos, Amparo se convirtiera en una experta de la noche malasañera a golpe de actuaciones en locales pequeños. Ya había, incluso, surgido aquel Ampáranos del Blues que permitía a la andaluza irse mucho más allá conociendo ciudades tan ricas a nivel popular como son Marsella o Essaouira. “Mi paranoia es la música y la idea era mezclar ritmos y estilos, disfrutando de la rumba a la ranchera, o el bolero y el ska, canciones y emociones de ese momento”, continúa. Fue así como, en abril del 97, amparada por una selección de amigos conocidos en base a bolos y carretera, se empezó a grabar “El poder de Machín”. Era el primer álbum de Amparanoia, coincidente con la aparición de un ambiente multicultural en el que los músicos eran hermanos más que amigos. Surgió por entonces lo que se dio en llamar “La cofradía del buen rollito”, una colección de personajes cada vez más abundantes que coincidían estéticamente en su gusto por la fusión y, personalmente, por su manera natural de dar más de lo que recibían. No era extraño verlos a todos participando en los discos de todos, subidos juntos al escenario o participando en cualquier bochinche que cualquiera de ellos organizara: Macaco, Dusminguet, Manu, Joxe Ripiau… todos reivindicaban la fiesta a partir del cruce cultural y aprovechaban la misma para solicitar un mundo más racional y humano. Amparanoia fue el proyecto más solvente de todos los que surgieron allí. Podía haber sido cualquier otro, pero, bien por una mayor actividad en directo, bien por el propio magnetismo de Amparo, fue su inestable banda la que consiguió un mayor nombre, tanto que, actualmente, ya está lista para realizar su propia “caravana”. “Después de un año entero de trabajo deseábamos que este disco tuviera ya una proyección internacional. En México y en otros países de Sudamérica lo esperan dado que, durante este tiempo, hemos conseguido que se nos conozca y hemos preparado el terreno para poder dar ese paso”, comenta Amparo, y añade: “Siempre tenemos nuestro público en España, pero nuestro deseo, ahora mismo, es abrir más caminos. La compañía, de momento, ha respetado esos deseos y parece que todo está yendo bastante bien”. Hablamos sobre “Somos viento”, el álbum que hace el número tres de su discografía. Previamente a éste Amparo había consolidado su proyecto musical con “Feria furiosa”, un disco que caminaba hacia adelante y que mostraba que lo enseñado en “El poder de Machín” no era sólo una juerga en un estudio. En “Feria furiosa” se consolidaba una manera de escribir nacida bajo el techo de un universo musical que no se conformaba sólo con lo recibido en el lugar de origen. Amparanoia abordaba de igual manera el folklore latinoamericano como las formas mediterráneas, los arreglos magrebíes o la esencia punkie de la actitud de los Clash. Todo era una batidora andante que sigue generando canciones y que se enriquece a base de viajes. Uno fundamental fue el realizado a México. A finales del 2000, y después de conocer a la fotógrafa Yuriria Pantoja, Amparo viaja a La Realidad, una comunidad indígena que vive en propia carne el conflicto bélico surgido entre los defensores de la causa zapatista y el gobierno mexicano. Queda impresionada por lo que ve, se alimenta por lo que escucha y vuelve a Madrid con la idea de hacer lo posible para ayudar a la gente de la comunidad. Monta el sound system La Realidad y, junto a compañeros de Macaco, Brazuca Matraca, Dusminguet y Ojos de Brujo entre otros, realiza una pequeña gira con el fin de recaudar fondos. En marzo, el segundo viaje a México la coloca de lleno viviendo la caravana zapatista que llevó a una multitud de indígenas aztecas al mismo corazón del D.F. “Aquello me generó unas enormes ganas de conocer más y un profundo sentimiento de admiración. Ya había leído, visto y escuchado sobre ello, pero… no era lo mismo. Allí me sentí completamente identificada con la gente que defendía la causa zapatista, vi clarísimamente mis coincidencias con ellos. Aquel sentimiento ha sido el motor del disco”, señala Amparo. “Somos viento” no es, como sus dos álbumes anteriores, un desmadre festivo en el que los mensajes de tolerancia y amor se entremezclan con gritos de corrido o bailes de ranchera. Trata de ir más adentro o, más que tratarlo, surge de ese modo: “He tenido más tiempo para hacer las letras y en la selección de las mismas he mirado para sacar lo mejor de mí. Siempre procuro ofrecer un mensaje positivo, pero no puede evitar que, en esta ocasión, suene más triste. Soy parte del mundo y, con mi propia personalidad, sigo dando pasos que suponen tantas alegrías como desilusiones”. El mensaje expresado hasta el momento por Amparanoia cambia y descubre una faceta pública que nunca parecía traspasar las fronteras del cúmulo de amigos que rodean siempre a Amparo: “Me encuentro peleando y luchando por lo que quiero. Siempre he respetado y respeto, pero eso no quita para que todos vivamos una lucha diaria que es diferente en cada caso. Yo, por ejemplo, tengo dos hijos y vivo en una ciudad que, aunque me ha acogido estupendamente, no es la mía. Tengo problemas, como cualquier otra persona, y siempre, de una o de otra manera, los he mostrado en mis discos. Puede que en ‘El poder de Machín’ no se notara tanto, ya que aquello sí que fue una absoluta juerga, pero en ‘Somos viento’ ha salido otra manera de expresarlo que no es sino ir un paso más adelante”. Musicalmente, el disco también cambia y en él se introducen otras sonoridades que han surgido, una vez más, de los recursos paralelos de todos los músicos que están dentro del entorno de la andaluza. “A la llegada de México me encontré con unos temas escritos con un estilo balcánico que quería abordar. Luego, formando la banda, he encontrado a mucha gente que ha aportado su personalidad musical a las canciones. Somos un combo en el que cada día aprendemos unos de otros”. Actualmente, en Amaparanoia puedes encontrar a una increíble bajista cubana (Carmen Niño) o a un violista como Vesco Kunchev, todo ello sin dejar de lado a músicos que ya se dieron a conocer públicamente en formaciones como Santa Fe o Undrop. “Es inevitable que Amparanoia no sea un grupo estable. Nada está parado es esta vida y en la música mucho menos. Siempre surgen proyectos que mueven pasiones que tenemos olvidadas o dormidas y que, en el fondo, deseamos abordar tarde o temprano. Son pasiones casi amorosas que hacen que cualquiera de nosotros quiera poner en marcha o continuar cualquier otro tipo de proyecto. Te mentalizas de que las entradas y salidas dentro del grupo vienen siempre a enriquecerlo musicalmente”, comenta Amparo sobre la volatilidad de los miembros de esta peculiar formación. “Hemos llegado a un compromiso para estar juntos hasta diciembre del 2004. Eso nos permitirá llevar a cabo todos los proyectos que nos hemos propuesto con ‘Somos viento’. Después ya veremos”. El mayor proyecto de “Somos viento” es traspasar fronteras y eso pasa por el hecho de que su material salga publicado allá donde Amparanoia tenga territorio conquistado. En base a ello, el nuevo disco del grupo ha sido publicado por Hispavox, un sello del grupo EMI que, en teoría, debía colaborar en la propuesta. El caso es que Hispavox, como el resto de los sellos de EMI, ha sido uno de los que se ha visto envuelto en la vorágine surgida últimamente dentro de la industria musical. “No es algo que me preocupe en demasía “--comenta Amparo--”. Yo siempre he sido muy independiente y underground a la hora de trabajar y, para mí, una compañía discográfica no es sino un medio para editar mis canciones, para enseñar mi música. El trabajo verdadero está en la carretera y la valía en las canciones. En unos días nos vamos a Bélgica y a Francia, donde está previsto que el disco se edite. Luego viajaremos a México. Más tarde a Francia, Italia… todo se ha concretado para que presentemos un proyecto de trabajo cuyo último paso es ir publicando el disco en esos países. En muchos de ellos ya hemos estado y sabemos que hay demanda de nuestros álbumes”. “Somos viento” ha sido grabado en Euskadi, aunque, como suele ser habitual, con una marabunta humana que convertía el estudio en la sede de un verdadero “all-star”. “Soy muy familiar, sea eso una virtud o un problema, y cuando grabo un disco actúo igual que cuando tengo comida en la nevera: llamo a mis amigos y me apetece compartir con ellos. Cada uno de los que participa en el disco tiene un especial significado para mí, son gente especial. Son personas de todos los sitios que, aunque no sean conocidos, resultan muy importantes en mi vida”. Lógicamente, en un mundo tan mancomunal, la producción no podía quedar sólo en manos de una persona. “Decidimos grabarlo en Gárate porque había quedado una cuenta pendiente con Kaki para realizar un disco con él desde el principio, desde la primera maqueta. ‘Feria furiosa’ fue una locura divertida y caótica, pero no lo vivimos como este álbum. En ‘Somos viento’ hemos tenido una relación muy equilibrada entre los tres, Kaki, Muñeco y Yo. Todas las decisiones se tomaron del modo más democrático y Kaki tuvo conocimiento de todo desde el primer momento”. Son lo que en los créditos del álbum han dado en llamar el Trío 17, un nombre elegido por el hecho de que el 17 ha sido elegido por Kaki y por Amparo como su número de la suerte. “El de Muñeco es el 8, pero al final no es más que 7 más 1”. El material incluido en “Somos viento” parte, como suele ser normal en el mundo “amparanoico”, del otro lado del Atlántico. Actualmente, la música de Amparo tiene menos influencia española que de cualquier otra parte del mundo. “Es que eso de estar rodeado de cubanos… es muy peligroso “--bromea--”. Lo cierto es que me cuesta encontrar en artistas españoles la calidez que me producen, por ejemplo, los artistas de allí”. Amparo visitó Cuba para conocer al abuelo de su hijo y en la isla se dejó contaminar del mismo modo que lo hace en cualquier otro lugar que pise. “Me gustaría viajar más; ir a Brasil, por ejemplo, que es un sitio que me encanta. Lo que pasa es que yo no soy una persona que se pueda ir de vacaciones. Si conozco otros países es a base de casualidades generadas por mi trabajo. Tengo las fechas muy ajustadas y el equipo que da forma a Amparanoia es muy grande para pensar en desplazarnos sin ninguna preocupación”, añade. La situación que están viviendo actualmente los países latinoamericanos toca, de alguna manera, la fibra sensible de Amparo, no sólo por su conexión sentimental con aquella tierra, sino también por su manera de abordar la vida. “Las movilizaciones antiglobalización, de algún modo, dan voz a esos países tanto como a los de Africa. Lo están pasando mal durante mucho tiempo y, actualmente, son pueblos machacados que necesitan de la voz de la gente para que se haga lo posible dentro de lo imposible”. Del mismo modo, tanto en sus canciones como en su vida personal, Amparo ha defendido la virtud de la mezcla, del cruce cultural generado tras el conocimiento de personas de otro mundo, lugar o raza. “Estoy convencida de que funcionará: quiero ser positiva en eso. Y funcionará a partir del amor: llegarán las parejas, los hijos, una fusión familiar que nos hará avanzar en favor de la integración. Eso ya ha sucedido en otros países y podemos ver lo que nos llevan por delante. Siguen teniendo algunos problemas, pero nos están marcando el camino por el que avanzar”, añade. Estos sentimientos, preocupaciones y esperanzas son lo que reflejan las canciones expuestas en “Somos viento”, una colección casi cinematográfica de formas de abordar la condición humana. El tiempo, el dolor, el cariño o la esperanza son temáticas que aparecen con frecuencia en las letras de Amparo y las cuales se trasladan en el escenario con un calor sumamente especial. Ahora esas temáticas viajarán más lejos y más rápido, algo que nunca soñó su autora cuando decidió entrar en el mundo de la música: “Siento ganas de contar cosas. Lo he hecho así desde los dieciséis años y no sé si algún día acabará. Si hay inquietud siempre hay música. Lo que hace el disco, al fin y al cabo, es resumir tu trabajo y tu capacidad de apreciar la música”. E.P. Amparanoia. “Somos viento”. Hispavox
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