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Kylie Minogue "Fever" Parlophone diciembre 2001
Cuando la Minogue se decantó por incorporar a su música todo aquello que las corrientes electrónicas le podían aportar realizó un salto a la piscina que hay que valorar en su justa medida. Lo mismo hizo Madonna unos años después y es innegable que su carrera se vio relanzada y revalorizada. Desde entonces, Kylie ha mantenido su cartel aun cuando no ha cuajado un álbum que pueda catalogarse, por completo, de estupendo. Siempre hay en sus discos piezas menores en las que se abusa de lo evidente, que pueden despacharse de un plumazo por su nulo interés. Del mismo modo, su línea regular la permite captar con facilidad el recurso bailón, la melodía pegadiza o el juego ideal para que sus canciones entren como tiros a la primera escucha. "Fever", su último trabajo, no presenta demasiadas diferencias con el resto de su obra: tiene piezas de un innegable resultado y, del mismo modo, canciones sin interés que terminas saltándote a la tercera escucha. De lo mejor, su concepción de fusión entre el funk de corte ligero, los ritmos inorgánicos y los coros de esencia soul plagados de un contexto absolutamente blanco. Lo peor: la evidencia resultona que se conforma con un ritmo pegadizo y nada por encima excepto una especie de "glamour" que nunca llega a transmitir. E.P. |