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Eric Sardinas "Devil's train" Evidence 26116 diciembre 2001
Sardinas es un hombre de blues, pero, con las mismas, no puede dejar de evidenciar un talante rockero que, con sus posturas macarras y exhibicionistas, hace de él un elemento tan pintoresco como sólido a la hora de ofrecerse en directo. En disco, sin embargo, es otra cosa. Con "Devil's train", Sardinas realiza su segundo álbum o, lo que es lo mismo, se obligaba a consolidar lo ofrecido en su debut. Y, más o menos tímidamente, lo hace. Aquí aparece rocoso y consistente, tirando del blues rock y evidenciando su gusto por el slide, pero, del mismo modo, sin consolidar un estilo más o menos propio, ni como guitarrista ni como intérprete. De todos modos, la evolución del larguirucho es positiva y tiende, al mismo tiempo, a dejar constancia de sus raíces casi folkies y de su gusto por la electricidad en el aspecto más setentero. Su sonido, arrastrado y crudo, colabora a crear un ambiente estremecedor, pero su voz no parece la mejor para contrarrestar una guitarra que se le come por entero. Alguna pieza ("Texola") le ofrece únicamente en instrumental, mientras que en otras ("Gambling man blues") tira de un histórico como David Honeboy Edwards para cambiar de registro. El efecto se muestra positivo y corta el efecto poderosamente rockero que Sardinas impone a su guitarra. E.P. |