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"The magnificient tree" Columbia 498242 diciembre 2000 Cuando te pones a escuchar música de un grupo belga lo primero que te esperas es que sea un clónico de alguna banda británica que cante en inglés o un combo folklórico que se ponga a recoger melodías tirolesas. El caso es que, cuando suena la primera pieza de "The magnificient tree", no escuchas ni lo uno ni lo otro: no aparece nada clónico y, desde luego, nada que te recuerde a los paisajes del país centroeuropeo. Definir lo que el trío que responde al nombre de Hooverponic ofrece en este disco es sumamente complicado, aunque, como otras muchas veces, lo mejor es recurrir a las dos palabras mágicas que te permiten acertar siempre: "buena música". En Hooverphonic se conjunta el tratamiento sonoro de bandas como Renaissance y la cultura ambiental de Portishead, el cuidado en la producción de Björk y la sutilidad femenina de Sade, todos, al fin y al cabo, nombres que sugieren diferentes cosas pero que, en el fondo de tu coco, te gustaría escuchar entremezcladas. Hooverphonic lo mezcla y le sale bien; consigue un estilo propio que va de lo sutil a lo colorista y que, como el lenguaje de los scores cinematográficos, va añadiendo una viñeta imaginaria a cada paisaje musical. Todo es muy tranquilito, pero, al mismo tiempo, todo aparenta una carga de tensión que te hipnotiza y hace que levantes los hombros hasta casi tocarte las orejas. Es como una película de miedo en la que no hay miedo sino suspense. Y, cuando ya te tienen que no puedes aguantar la postura, saltan con una explosión sonora en la que igual cabe agua que fuego, crescendos como los que tanto utilizaba Marc Aldmond o violines que se entremezclan con gotitas de lluvia. Precioso. E.P.
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