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Joaquín Sabina y Fito Páez "Enemigos íntimos" Ariola 74321585242 julio 1998 En teoría la cosa está muy bien: Sabina ayuda a Fito a obtener reconocimiento en España y Fito ayuda a Sabina a que aumente su prestigio en Latinoamérica. La idea promete: a Sabina le tocaba hacer disco bueno (desde hace tiempo lleva uno bueno tras uno mediocre) y Fito es el complemento ideal para un músico al que sus músicas rebajaban continuamente el valor de sus textos. En resumen: Sabina ponía esas fabulosas letras que hace y Fito aportaba su dominio musical y alejaba al de Ubeda de sus rollos bolerísticos y rumberos. ¿El problema? Que tras un montón de años en el negocio cada uno tiene su estilo, su definible y previsible estilo, y que, cuando los juntas, no pegan ni con cola. ¿La solución? Escuchar el disco mil veces y olvidarte que es un álbum de Sabina y Fito, porque, en el fondo, ni es un disco de Sabina ni es un disco de Fito. "Enemigos íntimos" tiene buenos momentos, mejores en las letras que en unas músicas que han tendido en muchos casos a lo pretencioso y a lo clásico, a la orquesta y a los coros, pero, del mismo modo, tiene partes sumamente flojas. Aparecen los tópicos de Madrid ("Yo me bajo en Atocha") y Buenos Aires, las canciones de amores aburridos y de las pasiones desatadas, de las noches de borrachera y de la intelectualidad cultural. El resultado recuerda tanto a estos músicos como al mejor Calamaro, pero en ningún momento impresiona como una obra mayor. La cuestión es que haga su labor promocional y que cada uno en su sitio vuelvan a grabar pronto. E.P. |