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Carlos Rodríguez

"Echale sal"

PDI 4390

septiembre 1997

Yo tengo que admitirlo. La profusión de cantautores sosos, delicados, como que se rompen en cuanto una chica les manda a paseo o cuando ven una desgracia en televisión, me está comenzando a cansar. Puedo comprender que es la moda y que ahora todo el mundo reivindica esa figura, pero yo, particularmente, agradecería que hubiera algo de criterio en esta cuestión. Escucho el disco de Carlos Rodríguez y agradezco que algunas compañías lo tengan. No es que Carlos se desmarque mucho de la tónica general, pero, por lo menos, no me hace llorar. Musicalmente (el punto más flojo de los cantautores) tampoco está por encima del resto, pero se deja escuchar sin aburrir y, encima, alguna de sus letras aporta ingenio y ocurrencias.

Con todo, o el género se renueva o se va a paseo. Y cuando digo renovar no me refiero a que salga gente nueva, sino más bien lo contrario. ¿Cómo es posible que tantos artistas nuevos se parezcan tanto entre sí? ¿Es que a ningún cantautor se le ocurre hacer música que no haya escuchado antes o, de vez en cuando, tocar otra cosa que no sea la guitarra tradicional? ¿Es que no pueden inventarse un acorde, un ritmo o un arreglo que no esté repetido en alguno de los cien discos de cantautor que han salido en el último año? En ese aspecto, Carlos tampoco destaca. "Echale sal" llama la atención por fresco y ocurrente (incluso en "Válgame Dios" aparece un toque orquestal), pero no mantiene nivel como para marcar distancias entre él y el resto de sus compañeros, ninguno de los cuales consigue poner el listón algo más alto. Puede que, al ser todos debutantes, aún tengan que traer lo bueno. Espero que sea así, porque, en caso contrario, de todos éstos van a quedar dos y serán, como siempre, los más guapos y menos originales.

E.P.