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Bob Dylan. julio 2001

Sexagenario

Se hace enormemente difícil aguantar en esto de la música hasta cumplir los sesenta. No por cansancio, sino porque el público y la industria reparan demasiado a menudo en el carnet de identidad de los artistas. Aguantar hasta los sesenta cantando es doblemente difícil si empezaste siendo un chaval y se convierte en algo inigualable cuando, al alcanzar dicha edad, tienes tras de ti la etiqueta de mito arrastrada desde el día en que firmaste tu segundo disco. Dylan es, probablemente, el único personaje que puede presumir de tantas coas sin necesidad de haber viajado al cementerio. No sólo le avala un arsenal de canciones ineludibles para la cultura del mundo contemporáneo, sino que se ha erigido, queriéndolo o no, en un verdadero emblema de más de tres generaciones.

En los primeros sesenta fue el revulsivo de la cultura folk americana, en la que introdujo una manera de escribir totalmente revolucionaria. Más adelante sufrió las iras de quienes le encumbraron al aceptar que su música era el rock, pero eso no supuso ningún paso atrás dado que los amantes de ese género vieron en él a un artista ineludible que, con su estilo, no sólo no fue devorado por las estrellas del firmamento rockero, sino que se convirtió en una referencia para ellas. Igual pasaría con el country, el blues o el gospel. Cuando Dylan giraba la mirada del público americana giraba y, con ella, la dirección de multitud de artistas que carecían de la personalidad arrolladora de este hombre.

Estamos en 2001 y el asunto no ha cambiado. Dylan ha cumplido sesenta años y los periódicos acostumbrados a hablar de música sólo para referirse a los éxitos mayoritarios o a las estrellas de la copla se han visto en la obligación de dedicarle al mito páginas enteras con análisis sesudos. El argumento podía ser las ediciones conmemorativas aparecidas con motivo del aniversario, pero, evidentemente, hay algo más: no reflejar la trayectoria de este hombre sería tanto como reconocer que uno abandonó la literatura cuando apareció "La Celestina". Si te gusta algo de la música americana de los últimos treinta años le debes un favor a Dylan.

Hay quien le conoce porque escuchó una versión "curiosa" de "Blowin' in the wind" en la iglesia, de pequeño. Otros lo tienen en sus estanterías en las versiones de Hendrix o Guns'n'Roses. Los más tienen como banda sonora de su vida piezas como "I shall be released", "Knockin' on heaven's door" o "The times they are a'changin'". Y hasta los despistados saben quién es después de verle ganar un Oscar por "Things have changed" o por ser presentado candidato a premio Nobel de literatura. Aún hay quien escucha el "Atrapado en el blues de Memphis" de Kiko Veneno sin saber que esa canción es suya, pero cada vez hay menos de ésos. El repertorio de Dylan es tan importante para la música del siglo XX como el de Cole Porter o Gershwin y quedará en la historia cuando los himnos nacionales de cualquier país hayan sido revisados y cambiados.

Lógicamente, el hecho de que el personaje cumpla sesenta años y siga activo es algo a celebrar. De hecho, Dylan no hace giras; lleva haciendo la misma desde finales de los setenta y se sienta a descansar de vez en cuando, como cuando los médicos le dijeron que quizás fuese hora de irse despidiendo. Su actividad no sólo es una cuestión personal; también es el recurso de muchos aficionados para reconciliarse con los conciertos cuando creen que la edad les ha jugado una mala pasada y han desconectado totalmente del mundo de la música.

El evento ha traído consigo tres ediciones discográficas que hablan de la circunstancia en todas sus facetas. La primera, la más evidente en un repertorio como el que detenta este hombre. Se trata de un recopilatorio más (el séptimo de su discografía oficial si se cuentan las macrocajas "Biograph" y "The bootleg series") en el que se incluyen las canciones ineludibles, imprescindibles e irrenunciables que Dylan ha grabado hasta el día de hoy. Lleva por título "The essential", sale en formato doble y aporta treinta y seis joyas que incluyen su más reciente "Things have changed".

La segunda, una versión limitadísima de grabaciones en directo editada originalmente en Japón y, por el momento, sin edición internacional ("Live & rare"). Sony, la compañía de toda la vida de Dylan (Columbia originalmente), ha importado unos cuantos ejemplares en casi todos los países, pero habrás de estar despierto si quieres hacerte con una copia. La trayectoria de Dylan encima de los escenarios tiene también un carácter propio y el propio artista la ha reivindicado con nada menos que siete grabaciones oficiales en vivo a lo largo de su carrera: desde el primer y extraordinario "Before the flood" junto a The Band hasta el recuperado "Live 1966" que apareció legalmente en 1998 tras ser un pirata objeto de coleccionista durante décadas.

Por último, la deuda. En "A nod to Bob", algunos de los mejores artistas del actual folk americano revisan el material dylaniano con un evidente aire de homenaje. Greg Brown, Guy Davis, Ramblin Jack Elliot, John Gorka, Lucy Kaplansky o Rosalie Sorrels, entre otros, toman partido por la parte más folky del cantautor actualizando canciones inmortales.

Cualquiera de las ofertas vale para celebrar el cumpleaños del maestro, aunque en una discografía que alcanza ya los cuarenta y cinco discos oficiales hay también donde elegir con plena seguridad.

R

Bob Dylan. "The essential". Columbia 50131332

Bob Dylan. "Live & rare". Columbia

Varios. "A nod to Bob". Red House 154

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