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Super Skunk aborda su tercer trabajo discográfico con la asignatura de la consolidación. Abril 2001

Al servicio de las canciones

No todos los grupos surgidos dentro de la generación "indie", a mediados de los noventa, tenían los patrones estéticos de Sonic Youth y los Pixies. A un buen montón de bandas jóvenes de la hornada les convencían más los ritmos amparados en el funk y las guitarras metálicas. La diferencia fundamental entre unos y otros es que para hacer determinado tipo de música es necesario dominar un instrumento y para hacer otro no. Del mismo modo, unos preferían expresarse en castellano y provocar ideas mientras que otros se quedaron con el inglés dejando más atrás el trabajo para el pensamiento. Entre los primeros, y dentro del ambiente madrileño, surgieron dos formaciones la mar de interesantes. La primera, Tribu X, quedó pronto recortada y se disolvió. La segunda, Super Skunk, no ha hecho más que crecer desde entonces.

Paso lento pero seguro, como dijo alguien con sabiduría popular. Actualmente están peinando y acicalando los temas de lo que será su tercer álbum y que aparecerá en las tiendas en la última semana de abril. Se muestran satisfechos porque ven la mejora y porque son conscientes de que ésta ha quedado firmemente plasmada en los cortes de "Sea como sea", título elegido para la obra. En total son doce canciones más y dos piezas fuera de contexto con las que intentan mostrar facetas menos habituales dentro de su estilo. Al mando de los botoncitos sigue firme Dani Alcover, maestro productor que ha estado al lado del grupo desde sus primeros pasos en el estudio.

El resultado, lejos de suponer un cambio de orientación o un acomodo a las nuevas tendencias, se preocupa más en profundizar en el universo particular de Super Skunk. Ahí están las guitarras duras pero más afiladas que nunca; las voces con herencia de hip hop pero destilando la cultura negra del soul; un bajo con tónica funk pero con un evidente peso metálico, y la batería consistente aunque sin quedarse en el cuadro tópico que monopolice los ritmos. Además, y como guinda, aparecen importantes elementos de variedad que son cuidados para no tirarse a la piscina hasta que ésta no tenga suficiente agua. Aparecen, como por debajo de las sábanas, guiños a la bossa, coros con corte femenino (aunque las voces sigan siendo de chicos declarados), abundantes guiños del blues hendrixiano o soportes de base que evitan lo cabezón. En conjunto, es un disco mucho más sólido de lo que fuera "Planeta azul", si bien no sería equivocado marcarlo como un crecimiento bien alimentado de aquél. Si lo expuesto en el debut de la banda era el preescolar y "Planeta azul" se había saltado la primaria de golpe para llegar al segundo ciclo, con "Sea como sea" el cuarteto se muestra cómodo en sus primeros años universitarios. Lo mejor con diferencia es que en la cartilla sigue habiendo muy buenas notas.

Y es que los miembros de Super Skunk pueden, hasta el momento, presumir de ser chicos aplicados y coherentes sin olvidar, tampoco, el agradecimiento que siempre hay que conceder a la suerte. Cuando aparecieron en el panorama de los locales de ensayo todos provenían de formaciones que no aceptaban demasiado bien sus inquietudes musicales. No fue raro, por tanto, que terminaran juntándose David, Rodrigo y los dos Javis (Rojas y Gómez) al calor de los temas de Spin Doctors o Sugar Ray. "Era cosa cañera y funky", como dicen cuando recuerdan su vida del 95. Fuera por completo del circuito de las discográficas que premiaban otros estilos, terminaron decidiéndose a grabar su debut discográfico. Fue un fiasco.

"¡Menudo ojo tuvimos!", comentan entre risas. No se les ocurrió otra cosa que grabar con un incipiente sello independiente que quebró antes de que el álbum pudiese siquiera ponerse en las tiendas. ¡Y eso que era el primer disco de la casa! Lo bueno que tuvo la experiencia es que no desalentó a nadie. "Aprendimos una barbaridad. Todo era muy precipitado y había ocasiones en que los temas salían de jam sessions en el estudio o en que las letras se escribían antes de entrar a grabar. Lo mejor de todo fue comenzar nuestra relación con Dani y tomar nota de lo que nos enseñó: 'aprended lo más posible de la producción, no os quedéis nunca en mano de alguien que no conozca vuestra música'. Al final el disco apareció sin masterizar ni nada, pero creemos que las canciones que había allí eran realmente buenas. Ahora las haríamos de otro modo, pero siguen teniendo una gran validez".

La respuesta lógica de quienes escucharon el disco desde fuera era evidente: ecos de Rage against the Machine y Red Hot Chili Peppers, funk metal con gorra en lugar de sombrero de copa. "Siempre te mola que te relacionen con bandas así, pero en muchas ocasiones te sientes algo molesto por el hecho de que un trabajo de mucho tiempo termine reduciéndose en ese tipo de críticas. Por otro lado, es perfectamente entendible y el sambenito era muy lógico: los Rage y los Red Hot han sido los grupos que han concretado un estilo y los más conocidos por la gente. Quizás si alguien señala que teníamos más influencias de grupos como Fishbone, por citar a alguno, nadie sabría de qué se está hablando".

El caso es que, poquito a poquito, y mientras pasaban los ocho meses que fueron necesarios para cancelar el contrato que les unía a una compañía inexistente, peinaron tantas veces como pudieron el circuito de locales que accedía a programar música como la suya. No importaba, en aquellos días, tener que traerse el equipo entero desde Santander en un coche de línea porque el dueño de la furgoneta usada en la ida había decidido volverse antes de que recogieran el material. Eran los momentos en los que las radios libres y los fanzines se mostraban receptivos a quien demostrara cierto nivel haciendo algo diferente. Ellos lo hacían y encontraron hueco en ese panorama. "Era muy curioso. Ibas a tocar a Valencia, por ejemplo, y, entre veinte personas de público aparecía un tío que se sabía todas tus canciones y que se colaba en el camerino para hacerte una entrevista que iba a publicar en su fanzine. Una cosa curiosa en nuestro caso es que, cuando hemos tocado bien, siempre había alguien de algún medio para contarlo y, sin embargo, cuando todo nos salía mal, teníamos la suerte de que no hubiera aparecido ningún periodista".

La suerte.

Si bien el número de bolos y los recortes de prensa aumentan, lo cierto es que no aparece discográfica a la vista para plasmar los nuevos temas. Vivida ya la experiencia de su debut, los Super Skunk rompen otra vez el cerdito y ven que tienen suficiente como para volver a entrar en el estudio sin hacer muchos dispendios. Cuentan, además, con la colaboración impagable de Dani Alcover, quien aprovecha cualquier tiempo vacío en el estudio para llamarles y concederles horas hasta que apareciese el próximo cliente. "Habíamos madurado un montón y todas las canciones se habían currado muy duro en múltiples ensayos. Estábamos tan seguros de nosotros mismos que, en esa ocasión, estábamos dispuestos a llegar hasta la misma tienda si era preciso". No lo fue.

Con el disco prácticamente acabado reciben la llamada de Carlos Maiño, organizador de saraos conciertísticos de gran nivel y, además, manager de Dover. El exitoso cuarteto madrileño acababa de firmar con Chrysalis y una de las estipulaciones de su nuevo contrato era la puesta en marcha de un sello propio en el que dieran salida a bandas jóvenes. "Estaban preparando el recopilatorio 'The power of Dolores'. Javi conocía a Dover porque, en una ocasión, cuando pinchaba en el Born to Lose, le habían pasado su primera maqueta. Desde entonces no se habían vuelto a ver. Cuando nos pidieron un tema para el recopilatorio les mandamos una cinta con el álbum entero y, como estaba terminado del todo, decidieron lanzarlo ellos". El disco se llamaba "Planeta azul" y fue un salto cuantitativo importante en el devenir del grupo no sólo a nivel de calidad y medios, sino también en lo referente a la repercusión que obtuvo. "Estamos seguros de que ese disco lo han escuchado por lo menos quince mil personas, aunque no todas se lo hayan comprado. Es algo que notas, que sientes. En poco tiempo tu nombre se conoce, haces un concierto y ves que la gente se sabe las canciones, empiezas a llenar en salas pequeñas... todo empezaba a crecer".

Se imprimieron carteles con su nombre, aparecieron en la prensa especializada, empezaron a recibir llamadas de provincias para ir a tocar, actuaron el festivales como el Doctor Music o el Festimad... comenzaban a notar lo que significa estar apoyados por gente que cree en ti. "Cuando hicimos la gira con Dover flipamos. No era ese trato hacia el telonero que tan extendido está. Para nada. Nos dejaban tocar con su equipo completo, tanto el técnico como el humano, y hemos podido comprobar que son así con todo el mundo. Ellos han pasado antes por eso y saben lo que supone".

En poco tiempo empezó a cambiar paulatinamente el universo "superskunkiano". Grandes audiencias, un nombre con cierto caché, ventas relativas... "Cuando tocábamos delante de cuatro mil personas éramos conscientes de que no venían a vernos a nosotros, pero eso suponía que aceptabas claramente tu situación, lo que tú pintabas allí. Tienes que procurar ser de verdad, buscar el mejor estado para comunicar con la gente y darte cuenta de que lo que te mantiene ahí es, precisamente, que gustes a la gente, que la diviertas, tanto a sus pies como a su cabeza".

El trabajo en Loli Jackson como discográfica y el de Warner Chapell como editorial continúa alrededor del grupo y, en poco tiempo, ven que una de sus canciones aparece, incluso, en una radiofórmula como "Los 40 principales". "La situación de dominio que tiene esa emisora la convierte en una puerta importante para que te conozca mucha gente, por lo que eliges el tema a presentar teniendo en cuenta cuál es su audiencia mayoritaria. Para nosotros es importante la credibilidad de la emisora y, por eso, nos sentimos más satisfechos si nos respeta Radio 3 que si nos respeta Los 40 principales, que sabes que hacen su programación de otro modo. El caso es que cosas así hacen como que sientas encima de ti una responsabilidad no buscada. Si tu tema funciona en emisoras como ésa puedes favorecer que sus programadores se planteen pinchar más a grupos de guitarras en lugar de lo que ponen siempre. Y eso supondría, por ende, que más grupos de este ambiente pudieran ser conocidos por un público mayor".

El asunto no quedó ahí. Piezas de Super Skunk podían escucharse también en las bandas sonoras de películas como "Shacky Carmine" o "El corazón del guerrero". "Siempre mola ver una película y que, en un momento dado, aparezca un tema tuyo. Al nivel en que estamos, además, cualquier cosa de éstas ayuda a que tu nombre y tus canciones sean conocidas. En ese aspecto, 'Shacky Carmine' fue un castañazo, pero nosotros notamos mucho que una de nuestras canciones estuviera ahí".

La suerte.

Lo inevitable es que el tiempo pasa y... llega el momento de sacar un nuevo álbum, por lo que, en octubre, el grupo vuelve a entrar en los locales con una mochila llena de ideas que no siempre fructificarán en temas. Al principio no hay agobios, pero, con el tiempo, todo se va cuidando tanto que casi es necesario más tiempo. "Sabíamos lo que queríamos pero sin saberlo de verdad. La idea terminó concentrándose en ponernos nosotros mismos al servicio de las canciones y no ellas al nuestro. Todos los temas tienen una cierta unidad, pero nos concedíamos la libertad de probar lo que nos viniera a la cabeza. En alguna ocasión alguien llegaba al local con una idea y cuando te ponías con ella no terminabas de ver que eso pudiera cuajar en nuestro estilo. Sin embargo, con el tiempo y el trabajo, algunas de esas ideas terminaban dando un fruto que ya no te sorprendía. Terminabas cediéndote tú mismo a la canción y cuando la escuchabas te parecía un tema propio de Super Skunk".

Una de las pocas cosas que sí tenían claras era que, en esta ocasión, la voz cantara más sin dejar de lado el terreno del hip hop. Ello, sin embargo, no tenía nada que ver con apuntarse al carro del nuevo metal que está cebando actualmente las listas americanas. "Es casi mejor que eso lo hagan quienes lo han inventado. A nosotros, aunque nos encanta escucharlo, no termina de entrarnos dentro de lo que hacemos. Como no teníamos prejuicios a la hora de componer probamos en ese asunto con algunas canciones, pero al final siempre teníamos la impresión de que terminábamos haciendo guiños o habilitando recursos". A la hora de componer no se ponen ni metas ni evidencias y, curiosamente, las influencias que pueden marcar un tema en un momento dado no tienen por qué llegar de la mano de la modernidad.

El disco no cuenta, como podía preverse, con invitados de ningún tipo ("tenemos tantos amigos y tan poco tiempo..."), pero sí tiene al frente a la omnipresente figura de Alcover. "Lo nuestro ya es casi un idilio. Es un tío que se sale y, probablemente, el mejor de los productores que hay hoy en España. A la hora de trabajar es estupendo, muy diplomático, superpaciente y real. Puedes estar discutiendo la tira sobre tal o cual aspecto de la grabación y él llega, habla y lo resuelve todo. Siempre te da la solución y sabe sacar lo mejor de ti".

Algunos de los objetivos del grupo con respecto a "Sea lo que sea" ya se han cumplido. Al menos, los que tenían que ver con la grabación y la forma de abordar las canciones nuevas. Cuando el álbum esté en la calle las prioridades serán diferentes: tocar, crecer... el mismo proceso que se ha mantenido hasta el día antes de empezar a pensar en el disco. "Lo que mola de esto es que todo mola. Componer, tocar, actuar... Sería la leche conseguir vivir de ello porque, cuando te embebes tanto y le concedes tanto tiempo, te das cuenta de que ya es tu vida y de que no tienes espacio para otra cosa. Terminas viendo que, al fin y al cabo, cualquiera que se compra tu disco es más socio tuyo que aquél con el que trabajas fuera de la música".

Los nuevos planes aún están por hacer y, entre ellos, se contempla siempre la posibilidad de entrar en los festivales veraniegos que todavía no tienen cerrada su programación. Aunque el tema está difícil ("el año pasado ya tocamos en tres y habitualmente no suelen repetirse los carteles") no es algo que agobie al cuarteto. Las experiencias vividas a lo largo del tiempo que han pasado con la música les ha dado un catálogo de vivencias suficiente para saber que están en el mejor momento de todos los que podían tener. "Al principio todo era algo confuso, creyéndote la historia pero siendo consciente de que había que comer. La experiencia de la primera compañía, por ejemplo, nos dejó bastante planchados, pero con el tiempo te organizas, le coges los trucos al asunto y terminas viendo el lado constructivo de todo. Cosas como las de 'Planeta azul', el fichaje por Loli Jackson, cómo todo va prosperando... son de las que no se pueden olvidar y de las que eres consciente todos los días".

Lo más inmediato es comenzar con la promoción del álbum y con sus presentaciones en directo. En Madrid tocarán el próximo 16 de mayo en la sala Caracol, con tiempo por delante para que las nuevas canciones empiecen a calar entre su público. Luego, como siempre, se intentará crecer en lo posible sabiendo las dificultades mediáticas con las que cuentan determinados tipos de música y el hecho de haber nacido dentro de la piel de toro. "Entre la prensa musical se nota un gran dominio de lo extranjero y un localismo que, aunque sea lógico, siempre perjudica a la hora de crecer. Luego están también los que van de snobs... El caso es que, como casi todas las revistas son catalanas, los grupos de Madrid salen perdiendo. Aquí hay bandas estupendas que ni siquiera pueden encontrar compañía". Esa misma historia se repite en otros terrenos de la industria. "Quizás nosotros no somos los más indicados para decirlo, pero en los festivales, aunque cada uno es diferente, sí que aprecias un trato diferente con respecto a los músicos extranjeros. Igual es que los grupos españoles no miramos tanto la pasta como la posibilidad de llegar a más público. Al fin y al cabo, lo que quieres es tocar y... no hay tantos sitios para ello como para ponerse a elegir".

¿La suerte?

E.P.

Super Skunk. "Sea como sea". Loli Jackson

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