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Shuga Wuga aparenta ser, por fin, la primera estrella del hip hop español. Julio de 2001

Verdaderamente tocho

Si de algo ha carecido el hip hop español desde su aparición en escena ha sido de emblemas con personalidad. La mayoría de artistas que se presentaban como "revolucionarios" o "sensacionales" terminaban siempre mirando a Brooklyn y copiando descaradamente las imágenes más singulares que veían por sus calles. Musicalmente, el imperio del pum-pum-crash se reivindicaba continuamente sin ofrecer más que austeras producciones en las que sus rimas eran una xerocopia de lo hecho. Todo se tapaba con el pálido argumento de hacer "música de la calle" envuelto en ropa deportiva propia de la jet set.

Pero... para bien o para mal, no se podía estar así continuamente. El hip hop español engrandeció a figuras sin carisma probablemente porque no había otras. Cualquier grupo se ponía a rapear y a caminar por un escenario cumpliendo las premisas de incluir a algún componente de raza negra y de vestirse con una gorra de béisbol. Un poco más tarde llegaba el álbum y, un poco más aún, la disolución del proyecto con malas palabras. Se había llegado ya a un punto en el que o esto cambiaba o el género se iba a quedar clasificado a la altura de los grupos infantiles que no sirven para nada cuando crecen. El hip hop necesitaba más artistas y menos chulos.

Latino Diablo y Sólo los Solo empezaron a abrir fronteras. Los primeros tuvieron que sufrir el desprecio de los del pum-pum-crash y no gozaron de elementos de promoción suficientes como para ofrecerse a otro tipo de público. Los segundos hicieron girar la cabeza a más de uno: en el hip hop cabían cosas que los americanos no sabían meter. Quizás se estaba comenzando a personalizar un estilo.

Apareció Magnatiz, luego la Mala, grabó el Payo y, poquito a poquito, se empezaba a vislumbrar que una nueva generación leía las cosas de manera bien diferente a como se creía que era esto. Los productores empezaron a soltarse, los MCs dejaron aparcado el elemento "duracell" que les hacía no parar de andar sobre las tablas y los DJs, por fin, comenzaban a demostrar que eran algo más que "aquél que pone discos". El ambiente se calentaba y hasta un elemento como DJ Kun asaltaba las listas girando hacia el pop sin perder las bases estéticas del hip hop. Sólo faltaba una estrella para consolidar el estilo y olvidarse de una vez por todas del niño bien que jugaba a ser barriobajero pensando que todo se resumía en vestirse de negro y decir "cabrón".

La estrella ha llegado. Se hace llamar Shuga Wuga y acaba de lanzar al mercado su obra de debut. El disco, titulado "Malizzia", es un ejercicio de componendas en el que si hubiera que destacar algo sería, precisamente, la personalidad. "Creo que siempre he llevado dentro algo relacionado con la música, aunque, ya sabes, era de las que cantaba en casa y no me atrevía a hacer nada fuera. Un día uno de mis amigos me presentó a la gente de Muerte Acústica. Era 1997 y querían a alguien para que metiera voces en una maqueta que estaban grabando. Lo que realmente querían era reírse de mí con la excusa de que me iban a hacer una prueba, pero al final fui yo quien me reí de ellos. Hubo enganche, conectamos y entré en el grupo. Aquello con el tiempo se convirtió en Magnatiz".

Magnatiz firmó el mejor disco que se hizo en el hip hop de este país el año pasado. Y, probablemente, también del anterior y el anterior. En aquella grabación se destilaba ya un intento arriesgado e innovador a la hora de elegir los sonidos. No se limitaban al sampler sencillo y a la ristra de palabras de alta velocidad. Aquello era música que uno podía escuchar tranquilamente sin tener que entrar en el circo de "ser uno de los nuestros". El que Shuga grabe ahora fuera de Magnatiz no supone, para nada, que el grupo sufra las inclemencias que parecen acompañar a tantos y tantos grupos de hip hop. "La compañía se lo propuso a Soma y él me lo dijo. En principio pensé que estaban locos, pero luego... ¿por qué no? Me apetecía. Creo que estoy preparada y que puedo probar cosas nuevas que no hacemos en el grupo. Magnatiz lo compone mucha gente, cada una de ellas tiene sus gustos y lo que hacemos juntos es un consenso en el que dejamos aparte nuestros deseos personales. De algún modo eso es una especie de limitación que desaparece en las cosas que podamos hacer en solitario". Soma Son, al que se refiere Shuga en sus palabras, es otro miembro de Magnatiz que ejerce de productor en "Malizzia" y que la acompaña en todo lo relacionado con la promoción del álbum.

¿Qué tiene "Malizzia" que le haga ser un superdisco? Pues... todo. Cada una de las piezas incluidas en él da una visión diferente de Shuga. Su voz, vivaracha y malhablada, es pura piel. Pero no de la que se acaricia después de hincharla de liposomas, sino de la que llevamos puestos desde el día en que nacemos: quemada por el sol y cortada por el viento. Shuga no sólo rima: rapea, canta, utiliza los coros como lo que son, se sirve de un elenco de productores a los que ha dado un enorme sentido para trabajar... El álbum, que contiene música por kilos, parece más el de un colectivo dirigido por esta mujer que un vehículo de lucimiento de sí misma. "Malizzia" arranca, te envuelve, se queda contigo y te lleva desde el flow anárquico mamado en el barrio barcelonés de las Cinco Rosas hasta el lirismo cuasi operístico en el que la voz de esta mujer marca distancias.

Esto de Shuga viene por "un toque exótico" que nuestra protagonista ha buscado para su carrera artística: "tiene un rollo tribal, negro... como el hip hop". El hecho tiene su sentido, ya que lo que Shuga hace es, con todos sus aditamentos y fusiones, puro hip hop. Hace unos años te podías encontrar con multitud de acólitos que rechazaban como "falso" cualquier hip hop que se saliera de los tópicos marcados por la mercadotecnia americana: no era hip hop si cantabas, no era hip hop si utilizabas instrumentos, no era hip hop si tu camiseta no era de marca y no era hip hop si no ponías cara de perro cada vez que lanzabas una rima. Eso ya ha cambiado y "Malizzia" no es sino una confirmación absoluta de que puedes hacer hip hop sin una postura integrista y sin tener que renunciar a nada de lo que conforma tu universo musical. "Es mi forma de verlo y no creo que, en el fondo, sea nada transgresivo. En el hip hop todo el mundo rima y utiliza los coros, así que lo único que se plantea aquí de modo diferente son las ganas de experimentar en registros y producciones que no son habituales. Es la muestra de lo que puedo llegar a hacer y, si algo sorprende, es porque está hecho sin limitaciones".

Resulta curioso que, en un mundo donde en teoría todo el mundo es tan chulo y tan fuerte, hayan surgido en poco tiempo dos mujeres capaces de dar una dirección distinta a la música que le identifica: La Mala Rodríguez y la propia Shuga. "Quizás llama la atención porque las chicas tenemos una forma especial de rimar, más pícara y sensual. La gente siempre ha escuchado aquí el hip hop masculino y, tal vez por eso, el nuestro le parece diferente. A Ari y a La Mala no las conozco personalmente, pero, en lo suyo, me parecen muy buenas. Hacen su trabajo y eso es algo totalmente respetable. Han conseguido que todo el mundo sepa quiénes son y cada una de nosotras tenemos un estilo bastante diferente. Que hayamos coincidido en el tiempo puede ser únicamente casualidad y que la gente se fije más en eso viene dado porque aún somos pocas las chicas que rimamos".

Quiérase o no, para hacer un género musical identificativo siempre tienes que recurrir a ciertas cosas, aun cuando gires alrededor de ellas de manera diferente. Queda claro que si tocas jazz tendrás que tener swing y que si haces rock estás trabajando con ritmos binarios. Uno de los elementos característicos del hip hop es el rap, esa expresión hablada que puede recurrir a los conceptos finolis y elegantes o a los más agresivos y populares. "Mis letras no son estereotipos, sino que reflejan situaciones vividas. Lógicamente, afecta el hecho de que viva en un barrio como las Cinco Rosas, que trabaje en un establecimiento de comida rápida o que tenga un hermano en La Modelo. Eso supone que tengo ciertas preocupaciones que me inspiran y que, a lo mejor, a otro no le dice nada porque le resultan extrañas. De todas maneras, a la hora de rimar no invento nada. Asumo que el rap es importación y que siempre existirá cierto grado de mimetismo".

El mimetismo no parece terminar en los textos, sino que, por costumbre, nos hemos afiliado a la idea de que quienes trabajan dentro del hip hop tienen que vestirse de una manera concreta y mover las manos según el manual de instrucciones. "Son elementos que te sitúan dentro de la tribu, elementos que te definen como uno de sus componentes. Tú te lo crees, te salen las cosas así. Si no estuvieras dentro de esa tribu estarías en cualquier otra. En el caso del hip hop todo tiene que ser tocho, mega...". La diferencia entre Shuga y sus compañeros de estilo (¿los tiene?) es, con todo, abismal: "No hay límites. Es abrir un camino a numerosas cosas que se hacen fuera y que aquí, sin embargo, no se han cogido con naturalidad aunque lo podamos hacer igual. Yo hago un hip hop que ni es chabacano ni es agresivo".

La distancia más marcada entre "Malizzia" y cualquier otro disco grabado nunca en España dentro del género es la importante: la musical. Si en tantas y tantas ocasiones se ha defendido que el hip hop es un estilo básico a nadie se le escapa que, desde su nacimiento, era pura fusión. Ahora bien: eso se sabe hacer o no se sabe hacer. "Si antes no se ha hecho un disco así igual era porque los artistas no se sentían preparados para hacerlo o, simplemente, porque no querían. Cada uno escoge su camino y el mío es éste, el que me sale. La primera vez que se grabó hip hop en España se empezó metiendo coros y cantando. Luego llegó un hip hop más contundente y ahora... ya ves. La Mala también canta y no tiene nada que ver con el pop"

Desde su aparición, "Malizzia" está destinado a ser un disco de referencia. El público del hip hop ha cambiado en estos años y muchos de los que defendían a capa y espada su purismo se han hartado de terminar escuchando siempre lo mismo. Del mismo modo, gente más joven empieza a mirar al género y no está dispuesta a tragarse engrudos con samplers aceptando, únicamente, que lo ha de escuchar así para entrar dentro de un círculo cerrado. "Hay público que se está formando en otra corriente. Nosotros decimos que hay una nueva generación que está descubriendo el hip hop ahora, que empieza a escucharlo. Esa gente no está dispuesta a quedarse únicamente con lo que había antes. Creo que mi disco les gustará dado que representa al hip hop que se está enriqueciendo. Es como sembrar para recoger, confiando en que a la gente que te escuche le guste tu música. De las dos corrientes que se llevan, la que abunda en la fusión es, curiosamente, la que vende los discos. El hip hop que llaman real no es ni más ni menos auténtico, es diferente".

Uno podría pensar, equivocadamente, que lo expuesto en "Malizzia" viene avalado por unas personas que escuchan abundantes géneros musicales y que disfrutan con ellos, pero... no. Tanto Shuga como Soma escuchan básicamente hip hop y si algo les llega fuera del estilo es por los medios habituales de difusión, no por una búsqueda interesada. Eso sí: el hip hop es hoy en día tan amplio como cualquier otro género con veinte años de vida. "Lo que no me gusta para nada es la mákina, el bakalao, música supersimple que abunda siempre en lo mismo. No hablo de la música electrónica, no. Me refiero a ese 'bum bum' que puede hacer cualquiera".

Jota Mayúscula, R de Rumba, Frank T, Sr. Tee Cee, Supernafamacho, Jefe de la M, X-Trem, Frans Beltrán y el propio Soma San han sido los productores de "Malizzia" y ello ha supuesto un abanico tan amplio que se hacía necesario un eje que los uniera con naturalidad. Shuga, que reconoce haber recibido de todos ellos un apoyo incondicional, ha sido esa referencia necesaria: "Quería a los productores para aportar una amplia gama de colorido. Me apetecían esos matices que, por mi tipo de voz, me permiten ampliar lo que hago habitualmente. Era cuestión de explotarla al máximo y todos los productores me han dado las cosas que pensaba que me venían bien".

Sobre las bases expuestas con un magnífico sonido deambulan coros, esencias de funk, guiños al jazz, vericuetos de soul... todo condensado en piezas totalmente completas que sirven de magnífico vehículo para las rimas de Shuga. "Sí es cierto que somos malhablados, pero eso es sólo una cuestión para expresarte libremente. Si hablo así siempre no tengo por qué cambiar mi lenguaje a la hora de grabar un disco. Hay quien señala que es grosero y, sin embargo, no ve grosería cuando, a la hora de cenar, un tío como Schwarzenegger se carga a veinte personas en la tele y luego les dice: 'Os está bien empleados, hijos de puta'. Creo que lo importante es ser consecuente: mis temas hablan de cosas con las que se puede identificar gente que las viva. Sería ridículo que por escuchar tal o cual música tengas que hacer lo que dicen las letras".

Y es que, puestos a analizar como si esto fuera analizable, el resultado de "Malizzia" es herencia de lo vivido. Mientras que unos nos dicen que son los más chulos y vacilones del barrio porque, en el fondo, es su sueño de adolescente, otros tienden a centrarse más en la realidad y consiguen atinar acertadamente con lo que la gente está dispuesta a escuchar. En el caso de una chica que rima lo más facilón y evidente es sacar el punto más feminista y arramplar con los mensajes estereotipados de lo mal que viven las mujeres en un mundo de hombres. Shuga, sin embargo, no ha vivido esta situación en un ambiente en el que ir de macho parecía la moneda más habitual. "Yo no he visto machismo en este ambiente y por eso no he hecho ninguna canción sobre tíos. Desde que empecé en Muerte Acústica, todos los que me han rodeado me han tratado como uno de los suyos y en ningún momento he sentido ni un trato de favor ni ninguna actitud en contra por ser mujer. Lo que digo en mis letras me ha pasado a mí, son problemas y situaciones personales míos, y yo no he vivido nada de machismo". Más bien al contrario. Shuga reconoce que "incluso he tenido algunas facilidades por ser chica. El público del hip hop es casi todo masculino y le mola ver algo de malicia que se salga de lo normal".

Las situaciones reales no surgen, lógicamente, delante de una mesa y un bolígrafo. Los textos de "Malizzia" aparecieron de circunstancias que fueron anudadas a un papel cuando surgieron y que después se vieron pulidas y mejoradas. Son textos cuya idea surge y no, como tan acostumbrados estamos, masticados y orientados a dar una determinada imagen. "En ocasiones es la base musical la que me sugiere la letra. No tengo modo fijo para escribir y me parece natural. No me veo delante de un papel poniéndome como idea tener que hacer un texto".

Esta mujer, enamorada de la pintura y pirada por su hermana pequeña ("es mi pasatiempo, mi placer, mis veinticuatro horas"), acepta con naturalidad lo que supone su debut. Un disco como "Malizzia" será presentado como una obra impresionante, como un álbum destinado a marcar un antes y un después en el hip hop español, y gozará, en su promoción, de los mismos elementos que se han utilizado últimamente para ofrecer al público cualquiera de los discos que tendían un puente hacia delante dentro del género. "El hecho de desear tener un estilo propio facilita el asunto del marketing. Si el artista tiene el apoyo de la compañía y sabe lo que quiere hacer puede trabajar mucho más fácilmente y marcarse objetivos más grandes. Eso se ve claramente en el disco, ya que no nos ha faltado nada de lo que queríamos plasmar en él. Yo soy una MC con personalidad y, si eso ayuda al marketing, pues bien".

Lo dicho se demuestra, sin ir más lejos, en el terreno de la imagen. Si bien los discos de hip hop suelen cuidar sus presentaciones y su packaging de un modo exquisito, en el caso de Shuga se cuenta, además, con un elemento visual tremendamente resultón: "Pienso que aquí la imagen tiene la misma importancia que en cualquier otro estilo de música. Personalmente, me gusta cuidarme y me siento mujer aunque no tenga nada que ver con la imagen que dibuja un anuncio de tampones. En las fotos del álbum hemos intentado que eso se reflejara, que se huyera del concepto guarro que se puede proponer cuando quieres trasladar algo pícaro".

En un terreno que tanto Soma como Shuga definen como "ciertamente peliculero" siempre ha habido una asignatura pendiente que distingue al que queda del que se va. Si el hip hop español ha carecido de artistas con carisma es, sobre todo, porque todo lo aposentado en álbumes interesantes se caía como un castillo de naipes al ver a los MCs en directo. ¿Será el caso de Shuga uno más? "El directo es espectáculo y es en un escenario donde demuestras lo que vales. Para escuchar las letras ya están los discos y la gente que paga por verte no quiere únicamente una repetición de eso. Es fundamental que el público se lo pase bien. De momento no contamos con medios ni infraestructuras para hacer lo que nos gustaría, pero tengo claro que voy a invertir en mí misma para llevar un espectáculo con el que me sienta satisfecha".

En Madrid habrá que esperar para verla, aunque, a estas alturas, ya se habrá presentado en esta ciudad dentro de la formación de Magnatiz. En solitario, Shuga aguardará a octubre para lanzarse al escenario. Será la última asignatura de una mujer aparecida para convertirse en estrella.

E.P.

Shuga Wuga. "Malizzia". Boa 23002019

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