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Sex Museum entregan, con "Speedking", un disco de gran peso. Diciembre 2001

El paraíso de la velocidad

Algunos grupos españoles tienen la coletilla de ser representantes de un determinado estilo asociado, mayoritariamente, a una banda extranjera. Así como Raúl es el Ricky Martin de Vitoria o Ñu no podrá quitarse nunca el sambenito de los Jethro Tull españoles, Sex Museum ha tenido que cargar desde su nacimiento con su paralelismo hacia Deep Purple. El tópico puede molestar, pero, dependiendo de qué estemos hablando, hay veces en las que dicha coletilla identifica un gran talento.

Puede que sea por el órgano de Marta Rubio o porque la formación es la misma. O, más certeramente, porque Deep Purple y Sex Museum han coincidido en raíces similares y sus resultados a nivel de música han tenido en ocasiones similitudes importantes. Sea como sea, el hecho está ahí.

"¿Qué le vamos a hacer? "--comenta Fernando Pardo, guitarrista y productor de la banda--". No hay tantos grupos que hagan rock que utilicen el órgano de manera tan saturada como lo hacemos; o como lo hacía Deep Purple. Stranglers también lo tenía, pero a nadie le dio por decir que nos parecíamos a ellos. Bien es cierto que para Marta "(Ruiz, teclista del grupo)" Deep Purple son una enorme influencia y John Lord es uno de sus músicos favoritos, pero nosotros fuimos más punkeros que ellos desde que empezamos; una simple cuestión de generación. Cuando nos lo dijeron la primera vez nos hizo cierta gracia, pero cuando empezó a crecer eso de 'los Deep Purple de Malasaña'... realmente era cargante". Y lo uno no quita lo otro: si algo reconocen los miembros de Sex Museum es su pasión por el hard rock elaborado de los años setenta, aquél en el que los Purple eran reyes y señores. En una de sus giras por nuestro país el combo les eligió, precisamente, como teloneros de sus conciertos y la conexión entre todos los músicos fue inmediata: "Se portaban muy bien con nosotros y, con toda la carrera que tienen a sus espaldas, eran realmente humildes", recuerdan.

Viene el asunto al caso porque el nuevo álbum de Sex Museum lleva por título "Speedking", lo que, a nadie se le escapa, se asimila inmediatamente con uno de los clásicos del quinteto británico. La coincidencia no se queda ahí: dentro del disco hay también una versión del viejo tema que abría el célebre "In rock" que presentaba las caras de los Purple sustituyendo a las de los presidentes norteamericanos en el monumental monte Rushmore. "Queríamos poner al disco el título de 'Speedkings', con el doble sentido que suponía la traducción: reyes de la velocidad o... reyes del speed. Nosotros solemos ser muy metódicos y concienzudos, pero también tenemos una doble vida en la que el desfase es tremendo. Es a esa faceta a la que queríamos referirnos con el título. El caso es que, pensando en la portada, nos quedamos finalmente con 'Speedking' y, al escuchar el título, en la compañía nos dijeron: '¿Y por qué no hacéis una versión de la canción?'. Lo pensamos y no nos pareció mal. Creemos que nos ha quedado estupenda y que probablemente sea la mejor de todas las versiones que hemos grabado. Lo curioso es que hacer la versión vino después de elegir el título, no fue éste el que salió de haber grabado la pieza".

Aunque queda aclarado, el hecho mantendrá el lastre, algo que ya parece asumido (aunque siga molestando) por los miembros del grupo madrileño. Y es que (hay que empezar por aquí) Sex Museum son tan fanáticos de la música que resulta difícil saber, en una conversación, si estás hablando con una banda hecha y derecha o con unos jovencitos capaces de cruzarse el continente para ver a uno de sus grupos favoritos. Ellos son, evidentemente, de los primeros, pero, probablemente, sólo por el hecho de que sus bandas favoritas son tantas que, si tuvieran que comportarse como fans irreductibles, no tendrían ni días en el año ni dinero en la cartera.

Pero es precisamente su pasión por la música lo que les ha tenido en candelero la friolera de quince años. Porque no estamos hablando de una banda surgida al amparo del boom indie ni de uno de los representantes de la nueva impulsión "stooner". Sex Museum publicaron su primer álbum en el 87 ("Fuzz face"), cuando el rock duro no era uno de los palos "cool". A Fernando le gusta rememorar la anécdota de una cronista que le comentó, en sus inicios, que no tendrían futuro: "Me dijo: 'no os llevaréis bien con la prensa. Ahora que hemos escondido nuestros discos de Deep Purple debajo de la cama vais vosotros y os ponéis a hacer hard rock'". La chica tenía razón: después de quince años y de nueve discos, los de Malasaña no han estado, nunca, en el punto de mira del público mayoritario.

"La cosa ha cambiado poquísimo "--apunta Fernando--". El circuito es más sólido que entonces, pero no ha crecido. Los Coronas "(uno de los proyectos paralelos de Sex Museum)" hacen la misma gira que Sex Museum y la única diferencia es que unos llenan menos y otros más. Pero tocan en los mismos sitios. En la mayoría de los pueblos de España siempre hay un garito en el que lo mismo actúa un grupo de pachanga que uno rockero o electrónico. No hay más. Al principio queríamos crecer y siempre nos hemos tomado las cosas como si fuéramos estrellas del rock en Estados Unidos, con esa misma profesionalidad y concienciación en el trabajo, pero ahora... Daba la impresión que, después del éxito de Dover, podía abrirse una posibilidad para que los grupos de rock sonaran en las emisoras o aparecieran en los medios, ya que ellos lo han conseguido sin haber concedido nada y sin apearse de sus convicciones. Sin embargo, el caso es que no, que, de momento, son los únicos que han llegado ahí".

La postura de los miembros de Sex Museum no es, en absoluto, la de una banda desolada. Al ponerme delante de ellos pensé que, en algún momento de la charla, siempre saldría esa lagrimita propia de quien, después de estar quince años picando piedra, ve que no termina de conseguir hacer una escultura en condiciones; pero no es el caso. Ellos son conscientes de que las esculturas se hacen pero que su problema es, luego, tener un sitio donde colocarlas. Su actitud ante las cosas es tan simple como objetiva: dado que en estos quince años han tocado tanto fuera de España como dentro, ahora la cosa se limita a esperar que su nuevo álbum tenga la suficiente difusión como para que, en el extranjero, su público ascienda lo suficiente como para poder vivir de esto.

Pero sin necesidad de lujos: "Cuando terminas viviendo de las ventas de tus discos empiezas a pensar en esas cosas. Que si vendes, que si no, que por qué no, que qué has hecho mal... Nosotros, por personalidad, no somos así. Nos tiramos al pozo y encontramos una forma de vida en el rock'n'roll. Nos bastaría, simplemente, con el hecho de tener, en algunos países en los que nos conocen, la misma repercusión que aquí. Entonces podríamos vivir sólo de la música, pero trabajando tan duro como lo hacemos ahora. El único problema de nuestra situación actual es que es realmente cansado volver de una gira y ponerte a trabajar en algo eventual para tirar hasta que empiece otra".

Las posibilidades crecen. Tanto "Sonic", su anterior álbum, como este "Speedking" han nacido al amparo de Locomotive, un sello que se ha consolidado dentro del mundo del heavy y que ha conseguido expandir sus oficinas más allá de nuestras fronteras. Actualmente, algunos de los discos de su catálogo se venden cómodamente en Alemania o Centroeuropa, lugares en los que Sex Museum ha aterrizado numerosas veces con su furgoneta para realizar giras que les ha hecho conocer casi todo el continente.

El grupo tiene a su favor un segundo aliado. De un tiempo a esta parte, el hecho de que la prensa musical española aún padezca de complejos ha hecho que se ponga de moda la etiqueta "stooner", una revisión del rock duro de los setenta generado con las posibilidades sonoras de la actualidad. Si se trata de hablar de esos mimbres, Sex Museum es, por derecho propio, uno de los artesanos de referencia: resulta que ellos hacían "stooner rock" antes siquiera de que alguien hubiera inventado el término. "Es una etiqueta que agrupa psicodelia burra, hard rock, boogie duro... Todo lo duro y underground lo meten en ese saco siempre que tenga un sonido sucio y visceral. Para nosotros, el que esté de moda es como tener un padrino. Antes, al describir nuestra música, teníamos muchos problemas para que la gente nos entendiera, pero ahora ni nos preguntan por eso"."

No hay mal que por bien no venga. Haciendo unas risas nos ponemos a enumerar todos los apelativos que, desde hace quince años, se les ha ido colocando a Sex Museum: garage, hard rock, psicodelia, progresivos, punkeros... hasta "fuzz rock", un término que se inventó Kike Turmix (en otro tiempo vocalista de Pleasure Fuckers) y que parece agradar especialmente a los miembros del grupo.

Como en todo músico que se precie, en la discografía de Sex Museum (a su primer club de fans llamaba gente pensando que aquello era un espectáculo erótico) se aprecia con claridad una suerte de trabajada evolución. Si "Fuzz face" es, sin duda, su álbum más punk y su disco compartido con los Macana (88) les colocaba la etiqueta de garageros, no fue hasta "Independence" (89) cuando pudieron presumir de haber alcanzado un estilo propio. Lo que les ocurría era que ese estilo era tan abierto como clásico, por lo que, con "Nature's way" (91) y "The fabulous & furry" (92), la formación se introdujo en lo experimental dejándose llevar por los desarrollos largos y la búsqueda de concisión. "Sparks" (94) constituyó uno de sus máximos aciertos al concretar todo en una cierta asequibilidad que se vería mejor reflejada en "Sum" (96). A partir de ahí, un parón discográfico de cuatro años trajo consigo la aceptación lógica de otras facetas que aún el grupo no había introducido en sus dibujos. Con "Sonic" (00) llegó la inclusión de la electrónica dentro de la música de Sex Museum, algo que en "Speedking" se mantiene pero sin causar el choque de sorpresa que generó "Sonic" en muchos de sus seguidores.

"Estaba previsto así "--comentan--". Queríamos asentar este álbum en vez de dar otra vuelta de tuerca. Hay veces en las que las giras que hacemos son tan largas que, cuando paras y te pones a grabar, haces algo totalmente diferente a aquello que hiciste la última vez que entraste en el estudio. Nosotros asumíamos las influencias, en el escenario notábamos ganas de incluir otras cosas en nuestras canciones...; pero, claro, dejábamos al fan con el culo al aire, tanto que la gente se compraba nuestros discos cuando ya habíamos publicado el siguiente. 'Sonic' tuvo mucho de ruptura y con 'Speedking' preferíamos asentar ese sonido antes que irnos por cualquier otro lado. Mientras que al hacerlo igual estábamos más preocupados de introducir cosas nuevas, en este disco la electrónica se ha incorporado de modo natural, ya que, al poner en directo las canciones de 'Sonic', todo eso ha pasado a formar parte de nuestra música".

"La escena rockera puso bastantes recelos a 'Sonic' "--comenta Marta--". Es una escena pequeña pero muy sólida. Personalmente, pensaba que la gente no era tan cerrada, pero, con ese disco, vi claramente la diferencia que hay entre los rockeros, los technos o los de otro tipo. Lo bueno es que a la gente del rock tienes que convencerla en directo. 'Sonic' tenía experimentación, pero era un disco duro. Usábamos las máquinas más para crear ambientes y obtener atmósferas que para otra cosa".

También ha cambiado otra cosa en Sex Museum desde "Sonic". Mientras que Marta, Fernando, Miguel Pardo (vocalista) y Pablo Rodas (bajo) continúan, el sillín de la batería ha recibido a Roberto Lozano "Loza", músico conocido en el ambiente madrileño gracias a su paso por Sobrinus o por su participación en el disco de Yoghourt Daze. "Entré en el grupo después de que se hubiera grabado el álbum, para empezar con ellos la gira. Mi concepto del rollo cambió por completo. Yo venía de tendencias más modernas; estaba bastante alejado de la música de los sesenta y setenta. Para entrar aquí he tenido que ponerme mucho las pilas, pero lo bueno es que, como batería, me he podido explayar. Creo que, después de tantos conciertos, he terminado por coger una especie de estilo propio aun cuando tengo mucho por aprender", dice. Su dinámica cambió radicalmente cuando entró en el local de ensayo con sus cuatro compañeros. Aquello no se parecía en nada a lo habitual dentro de un grupo de circuito y el nivel de exigencia y seriedad en el trabajo eran cosas que se respiraban en el ambiente cerrado de las cuatro paredes.

Si hay algún calificativo que pueda definir a "Speedking", Marta se queda con el de "natural". "O caliente. Creo que se ve hasta en las portadas. 'Sonic' tenía colores más fríos y 'Speedking' tiene como predominante un rojo que abrasa. Es más clásico que el anterior, pero nada que ver con un álbum 70's. No tiene ni esa dinámica ni esa producción. Lo clásico se aprecia más en la forma de tocar, en el hecho de que está grabado casi todo en directo, con la frescura que eso proporciona".

Los miembros de Sex Museum parecen haber decidido que grabar instrumento por instrumento no aporta demasiado a los discos. "Nos ponemos muy detallistas si grabamos así y lo que se gana en preciosismo se pierde en inmediatez. Puede que, al escuchar el resultado final de 'Speedking', digas: 'esto podría haberlo hecho mejor', pero eso es lógico si pretendes que refleje lo que hacemos realmente en directo. Lo vimos claramente después de hacer el anterior álbum". "Speedking" se grabó en sólo cuatro días, pero la cifra no es real si tenemos en cuenta que uno de ellos lo dedicaron a completar dos canciones a partir de improvisaciones.

Puestos a pensar, deciden que el disco es una de las propuestas más pesadas que han entregado. Y no hablan, lógicamente, de ninguna descalificación. El adjetivo pesado es sinónimo de densidad, de contundencia, de peso casi físico. Aun así, no estamos hablando de un álbum que respire accesibilidad para quienes no son amantes entregados al rock. El público de Sex Museum puede crecer gracias a su nuevo álbum, pero parece asumido que, con el panorama que alimenta el mercado español, la música de los madrileños no es la más adecuada para asaltar los medios de comunicación, condición indispensable si se desea llegar al público. "La gente investiga poco "--reprocha Marta--" y se acepta la televisión como fuente de información musical. En la última gira nos hemos encontrado con un montón de gente que nunca había oído hablar de nosotros y eso, gustemos o no, es muy raro después de llevar quince años en esto. Grupos como nosotros no pueden tener mucho acceso a la radio y, desde luego, nada que hacer en televisión".

Junto a eso, estos precursores han tenido que vivir en sus carnes el hecho de que el panorama independiente español nunca ha tenido entre sus virtudes un buen entendimiento de la parte comercial que integra el negocio de la música. A lo largo de los quince años del grupo no han sido pocos los sellos independientes en los que Sex Museum ha dejado alguno de sus discos. "Tampoco había un camino más fácil. Fueron compañías que no funcionaron. En todo este tiempo hemos vivido toda la explosión del rock alternativo o underground y de los sellos que nacieron a su amparo. La gente que los dirigía tenía ilusión, pero les faltaba la seriedad comercial que se aprecia en Locomotive".

Las expectativas son, por tanto, buenas, máxime si valoramos que los miembros de la banda pasan por un buen momento personal y que se sienten íntimamente entrelazados con la música que están haciendo. Se ven, de algún modo, como revitalizadores de un circuito que ellos, junto a otras bandas contemporáneas suyas, ayudaron casi a crear. "Somos como unas ratillas de plasticuero y, en el hueco que estamos, nos sentimos felices. Puede que no tengamos nunca un subidón, pero, del mismo modo, nunca hemos tenido un bajón importante. Mientras que no tengamos que dejar la música vivimos como en un paraíso. Estamos de puta madre", apostilla Fernando mientras apura la última caña de la reunión.

E.P.

Sex Museum. "Speedking". Locomotive

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