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Cara fea, blues salvaje
Dice la hoja de promoción que nos han pasado que Gary Moore tiene cuarenta y nueve años. Todos pensamos que, seguro, tiene alguno más, pero qué importa. Mirando su currículum uno no olvida el proceder de este irlandés (de Belfast). Su carrera como músico de acompañamiento, como artista en solitario o como líder de sus propios combos no tiene desperdicio, aunque quizá sí algún altibajo. Primero fue Skid Row, a finales del 69, junto al depravado Phil Lynott (la historia no nos deja ver muy claro si entró Moore antes que Phil o fue al revés: que cada uno se quede con el cuento que prefiera); luego, con este mismo, y ya en el 74, en Thin Lizzy. Entre tanto, la Gary Moore Band publica un disco en el 73 mostrando el lado instrumental del guitarrista y su deferencia hacia dos luces en su camino: Jeff Beck y los Allman Brothers. Luego vendrían dos bandas con las que exploraría terrenos como el jazz rock, el soul o el funk, cuyos nombres eran Colosseum II y G-Force, esta última fundada por él mismo. En 1979 lanzaría el primer disco firmado con su nombre, titulado "Back on the streets", y en toda la década de los ochenta, además de mantener su carrera, colaboró, entre otros, con Cozy Powell, Rod Argent y Greg Lake. Pronto cosechó éxitos rotundos (como "Corridors of power", su disco del 82) que le permitieron hacer y deshacer a su antojo atreviéndose, incluso, acabando los ochenta, a lanzar un disco de inspiración celta ("Wild frontier") donde rebusca sus raíces irlandesas más profundas. Mientras seguía exhibiéndose en directo a través de interminables giras por todos los continentes, verdadero balcón desde contemplar el poderío del guitarrista. Los noventa los recibió abrazado al blues no de forma serena, como podría ser ahora, sino salvajemente. Se aferró a este vetusto estilo con tantas ganas que terminó trabajando con lumbreras de la talla de Albert Collins, Albert King o B.B.King. Y 1994 decidió tirar la casa por la ventana y marcarse dos lujitos para alimentar su egomanía. Por un lado, se decide a rendir tributo, con el disco "Blues for Greeny", a uno de sus mentores, el percha de Peter Green, a quien Moore ya había comprado una guitarra en los primeros gateos de su carrera. De segundas, y empujado aún por sus achaques de blues y su innata agresividad, se pone a tocar con Jack Bruce y Ginger Baker (ambos de Cream) en un proyecto bautizado como BBM que alumbró "Around the next dream" en el 94. Tras formar una banda con músicos de estudio, con la que trabaja hasta casi finalizados los noventa publicando "Dark days in paradise", lanza un nuevo disco en solitario, "Different beat", donde ya posa como un maduro guitarrista que ha tocado todos los palos que le han llamado la atención y que se ha quedado, finalmente, con el blues como único baluarte que defender con su cara picada, su intensa guitarra y su descarada voz. Así, con esas ganas de bluesear, se nos planta en este nuevo "Back to the blues". Todos los tópicos (la tradición de este ancestral estilo obliga como si se tratase de una religión) asumidos desde la mismísima portada. Primero el titulo; después la foto con Moore tocando, tan campante, en un cruce de vías, en las imágenes interiores abrazado al estuche de su herramienta de trabajo y en la contraportada trasteando al lado de un Marshall y un ocho pistas con un Jimi Hendrix expuesto en la pantalla del Mac. "La contraportada es algo personal. Aparecen cosas de mi época, como la foto de Hendrix y otras que me parecen divertidas. Da contrapunto a la portada". Todo pulcro, con un Moore sin canas, elegantemente ataviado, mostrando madurez en vez de vejez, lejos de la naftalina, con todo bien definido, brillante... Comenzamos preguntando a Moore por su situación actual como bluesman y responde convencido que, en efecto, está sumergido en esta etapa y disfrutándola a tope: "además de todo, el blues me ha dado grandes momentos y he tenido mucho éxito con ello. He tenido diferentes etapas en mi carrera, pero la verdad es que en ésta no quiero hacer otra cosa. En estos momentos me apetece el blues más clásico". Aunque reconozca que lo que expone en este nuevo disco es clásico, uno se pregunta si queda algo nuevo que decir dentro del blues. Todo guitarrista que se precie ha tenido su devaneo por las músicas del Delta del Mississipi; la cosa parece no tener demasiada emoción y Moore lo asume sin problemas: "no pretendo crear un modelo ni nada parecido, ni trato de parecerme a las grandes figuras americanas. Simplemente quiero tocar blues y si algo pudiera quedar de mi música me gustaría que fuese mi toque personal, mi rollo individual, el notar que toco así por mi procedencia. En ningún momento pretendo ajustarme a los moldes establecidos del blues". Llegado el momento en que saca a relucir sus orígenes (ahí parece hallarse el secreto de su blues), cuesta pensar que sea irlandés y que busque sus raíces en una música tan americana como el blues, aunque ya tuvo a bien publicar canciones donde, de alguna manera, representaba su lugar de origen: "aquello del 'Wild frontier' y del 'After war', que es a lo que te refieres, no es una etapa que esté olvidada. Han pasado muchos años desde aquello y mi estilo ha cambiado. En aquel entonces tenía otro tipo de influencias; además, quería intentar algo nuevo y decidí dejar atrás mi carrera de hard rock y ahora estoy con el blues. Pero tranquilo, que yo no olvido de dónde vengo". Y el lugar de donde viene, Irlanda, es un lugar que en los últimos años ha tenido ajetreo político y social. No parece el Sr. Moore muy preocupado por estos asuntos, pero veamos su posicionamiento: "creo que no soy la persona adecuada para hablar de la situación política en Irlanda en la actualidad. Yo soy de los sesenta y ahora los momentos son muy diferentes, aunque la situación me parezca muy triste y la imagen que se exporta de Irlanda no muy buena. No estoy involucrado en política; tal vez sería mejor que alguien del entorno o que viva la situación actual diera su opinión; sería mucho más acertada". Y es que él, tengámoslo claro, está para hablar de blues, para expresarse con la guitarra y para trabajar su imagen de músico profesional que, para cada entrega, se rodea de competentísimos músicos de sesión. Un trabajo, el de músico mercenario, que él ha realizado durante muchos años. Esta vez le acompañan, además de una sección de vientos en un tema, Pete Rees al bajo y Darrin Mooney a la batería. El mismo se ocupa de producir el álbum junto al ingeniero de grabación. El disco ha salido con Sanctuary, un pequeño sello americano. Para Moore, que ha saboreado las mieles del éxito (ha grabado para CBS, Virgin, MCA, Chrysalis, Polydor...) hasta pringarse el cuello, esto no supone ningún contratiempo: "es cierto que es una compañía pequeña y que en el ámbito internacional puede tener menos relevancia, pero es algo que no me preocupa. Ellos trabajan bien y eso es lo que hay que valorar". A pesar de lo modesto del sello, el nombre del artista relucirá internacionalmente en los posters de la gira que comenzó en junio: "no sé si pasaré por España, ya me gustaría. Allí he pasado algún tiempo de vacaciones y me lo he pasado muy bien; pero, la verdad, no sé si el tour recalará por allí". Pues dejemos un poco de lado el disco nuevo y hurguemos en la vida musical del personaje. El oso y su cueva Como hemos empezado contando, Gary Moore lleva en esto más años que los azadones en el campo. Así que dejemos que nos haga un pequeño resumen de sus momentos más queridos en esta dilatada carrera: "disfruté cuando estuve en Skid Row. Fueron cinco años muy buenos; yo tenía sólo dieciséis años y era una oportunidad para mí. Después la banda cambió de miembros y yo traté de seguir en solitario, pero al poco tiempo mi amigo Phil (Lynott) me llamó para unirme a Thin Lizzy y colaboré con ellos como músico de sesión; fue un período corto, a mitad de los setenta, y duré cuatro años aproximadamente. Entonces me llamó Jon Hiseman (batería durante años de John Mayall) y montamos lo de Colosseum II, donde estuve un par de años. Luego discos en solitario y más tarde volví con Thin Lizzy ya como miembro fijo. Después monté mi banda G-Force, otro momento bonito. Han sido tantas cosas y con tanta gente distinta...". La variedad de estilos y la personalidad que ha impregnado en todas sus composiciones le ha hecho ganarse fans en todo el mundo, gentes que le han ido conociendo entre uno y otro estilo, entre uno y otro disco. Ahora, con el blues, se está ganando otros tantos detractores, pero ¿qué pasará con quienes sólo querían verle rockear? ¿Ya no tendrán esa oportunidad las generaciones más jóvenes? Moore, de primeras, se ríe: "no creo que vuelva a aquello. En aquel momento ésa era la musical; era el momento del hard rock, pero ya ha pasado el momento. Creo que esa etapa está terminada. Me encuentro mucho mejor haciendo lo que hago ahora; escucho mucho blues y eso me marca a la hora de componer. Antes también escuchaba blues, pero me influía mucho menos; ahora no es el caso". La cima de su etapa blues se coronó cuando pudo grabar con dos de sus más admirados compositores. Era el disco "After hours" y a su lado estaban B.B. King y Albert Collins: "me encantó porque son grandes músicos y era mi primer disco de blues. Además, se vinieron a algunos conciertos. Fue toda una experiencia. ¡Todo el mundo les respeta! Y ya no digo nada sobre cómo tocan, cómo mueven los dedos... Fue algo fantástico". Otro al que invitó a su disco, y esta vez en forma de dedicatoria, fue al ex Fleetwood Mac Peter Green, otro feliz perdido del blues al que Moore venera de forma especial: "él también es irlandés. Me ayudó mucho en mi carrera y me regaló la Les Paul con la que él había tocado. Eso para mi fue... ¡Tengo la guitarra de Peter Green! Así que quería dedicarle un disco donde pudiera agradecerle la ayuda que me prestó interpretando algunas canciones que él escribió y, además, tocando con su guitarra". Y ya que estamos desguazando su currículum es obligatorio preguntar por esa especie de Cream en la que participó casi como sustituto de Eric Clapton: "No. Para nada sustituía a nadie. Jack Bruce me pidió que tocara con ellos y a mí me pareció bien, pero en ningún momento traté de cubrir ninguna vacante. Simplemente era yo, aunque hubiese mucha gente emperrada en compararme con Clapton. Eso nos trajo problemas. A veces ocurre que hay gente interesada en hacer comentarios nada sanos". Su estilo, desde luego, no puede ser muy comparable al del "Mano lenta", pero ya se sabe cómo son estas cosas del marketing. Moore, analizando su carrera y defendiendo su parcela de guitarrista, puntualiza rematando el comentario anterior: "mi carrera como guitarrista ha sido muy larga. Yo soy guitarrista y me he dedicado más a eso que a cantar, por lo que me considero, simplemente, un guitarrista". Pues así de sencillo, como un buen blues. Por último le invitamos a que comparta con nosotros el recuerdo de lo mejor que ha vivido en sus años como músico y que, de paso, destaque lo peor de su carrera: "os puedo decir que ha sido un viaje fantástico. He estado haciendo lo que me gustaba y eso, además, se ha convertido en mi trabajo, en mi vida. Disfruto mucho haciendo esto y eso hace que olvide las malas experiencias que he tenido. Quizás los inconvenientes que he tenido no merezcan mención". Turrón & Babas
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