|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Freddie Hubbard ha superado por fin su enfermedad y se muestra dispuesto a volver a la carretera. Mayo 2001 En nombre del hard bop
"Es un nuevo principio para mí. Realmente, creí que todo había terminado y que nunca volvería a tocar. Fue como tener que volver a aprender porque casi había perdido por completo la sensibilidad en los labios. Lo único bueno que ha tenido este período es que he aprovechado para limpiarme. Por dentro y por fuera. Ha sido bueno para mi espíritu", comenta un Freddie Hubbard deslumbrante a punto de cumplir 63 años. Hace pocas fechas ha firmado un nuevo contrato con el sello Hip Bop y ha decidido que está en forma suficiente como para volver a retomar su carrera. No estamos hablando de una vieja gloria, de un músico de dos éxitos o de un trompetista al que lanzara al estrellato una determinada moda. Hubbard es verdadera historia dentro del jazz, pero, por esas cosas que tiene de vez en cuando el cuerpo humano, tuvo que alejarse de la escena para no quedarse desgraciado para siempre. "Trataba de tocar de vez en cuando, para no permanecer inactivo, pero lo hacía tan poco que no es extraño que la gente pensara que había desaparecido. Tenía una enfermedad que me hinchaba los labios con cierta periodicidad. Al principio era como una pequeña ampolla, pero siempre crecía y crecía. No le daba importancia y seguía tocando. Un día el médico ya me asustó: me dijo que o paraba o podía esperarme lo peor. Creí, incluso, que podía tener algún tipo de cáncer. Dejé de tocar durante seis meses y cuando volví a intentarlo la boca me dolía muchísimo, por lo que empecé con el fliscornio, que exige bastante menos que la trompeta. Para mí ese instrumento era un sustituto pobre, pero no podía hacer otra cosa dado que tenía arruinada toda mi musculatura facial". Estamos en un hotel de Madrid y se me debe de notar impresionado. Numerosas veces hablas con músicos que tienen tras de sí una carrera arrolladora, pero habitualmente, cuando eso sucede, te plantas delante de alguien que empieza a derivar enseguida, a contarte sus batallitas avaladas por una considerable edad. En el caso de Hubbard es todo bien distinto. Tiene alma de chaval y se encuentra fascinado por Madrid. "En esta ciudad todo es arte", señala cuando salimos del hotel y se tropieza con una fachada rococó culminada en su parte inferior con un curioso graffitti. Aún fuma, pero ha abandonado la bebida por completo porque, en tanto tiempo de vida, se ha dado cuenta de que beber puede ser tan bueno como malo. Terminó conociendo lo malo y decidió dejarlo. Da la impresión de que, ahora mismo, nada puede detenerle. "Este álbum lo he grabado con el New Jazz Composers Octet. Su líder es trompetista y conocía mi obra, por lo que se me ofreció como banda de apoyo y no lo dudé. Todavía no me encuentro al nivel que desearía, por lo que me viene bien tener la tranquilidad que da tener otro buen trompetista tras de ti. Lo único malo que tienen es que son tan buenos y tocan tan bien que a veces pienso que nunca voy a volver a llegar a ser como ellos. En las actuaciones que estamos haciendo ahora él toca más que yo. Pero mejoro cada día". La obra de "reentré" se llama "New colors" y se presenta como un álbum discreto que Hubbard se toma, más que nada, como un calentamiento. Con todo, éste es de los discos que no decepciona aunque esté lejos de otras obras maestras firmadas por este hombre. La limpieza en las composiciones, el gusto por la melodía que siempre ha caracterizado al trompetista y su característico dominio de las armonías siguen estando presentes en el álbum aun cuando no aparezcan exhibiciones de capacidad o experimentos arriesgados por sus surcos. "Tengo una motivación enorme porque, para mí, es como volver a empezar. He recuperado algo que había perdido y aún me quedan muchas cosas por hacer", señala con una enorme sonrisa en la boca. Hubbard es de Indianapolis y nació en el 38. Venía de una familia en la que la música era natural, por lo que realizó estudios clásicos de fliscornio, trompa y trompeta. En cuanto creció un poco montó un grupo con su hermano Herman y decidió hacerse profesional de esto. Llegó a Nueva York con su trompeta bajo el brazo y alucinó. No es extraño si se habla de un chaval de veinte años. Allí arrancó pronto y la Blue Note le contrató enseguida para participar en sesiones con Wes Montgomery y Paul Chambers. En aquel momento, la escena del jazz era un hervidero. Por un lado estaban los clásicos, con sus orquestas y sus salones. Por otro, los fantásticos clubs que habían surgido al amparo del bebop en los que se podía disfrutar todas las noches de figuras de primera fila. Además, Nueva York era también el centro neurálgico para los más innovadores, para los que siempre buscaban cosas nuevas. A Hubbard le atraía todo. "Cambiar continuamente de estilo requería mucha energía. Por la mañana me levantaba e iba a grabar jingles publicitarios, por la tarde las sesiones y por la noche las jams. Las jams son importantísimas para un músico de jazz, algo que los chavales jóvenes no saben apreciar ahora. De tocar tanto y tan diferente sacabas un montón de ideas, pero te ibas a la cama rendido", comenta recordando aquella época. Entre 1950 y 1965 se define dentro del jazz lo que se dio en llamar el "hard bop". Fue una época en la que la trompeta recuperó su protagonismo al amparo de las formas creadas por Clifford Brown. En aquella época, músicos como Miles Davis o Fats Navarro iban quitando protagonismo a un monstruo como Dizzie Gillespie, el cual se había convertido ya en una estrella popular y dirigía su música hacia un espectro de público amplio en lugar de buscar la novedad. Lo que traían consigo los herederos de Brown era una reconquista de las raíces que conformaron los principios del jazz, sobre todo el blues y la música gospel. Era también un estilo más austero a nivel de formación que el que se había instaurado en la época del bebop. Con el hard se reconstruyó el combo clásico de dos vientos (trompeta y saxo) junto a la base rítmica (piano, contrabajo y batería) y eso trajo consigo un enorme auge para los trompetistas. Si bien en principio fueron Lee Morgan y Donald Byrd quienes parecían coger el testigo de Brown, enseguida apareció un numeroso grupo de instrumentistas que seguirían su estela aportando cada uno de ellos algo propio: Blue Mitchell, Carmell Jones, Art Farmer, Ted Curson... Fundamental resultaron en esta época las formaciones lideradas por Art Blakey y Horace Silver. Con el primero estuvieron Kenny Dorham, Byrd, Morgan y... Hubbard. "Todos los trompetistas de Blakey se hicieron muy sólidos y aprendieron mucho con él. Nos obligaba que hiciéramos los vientos tan grandes como pequeños. Fue una época muy divertida". Al final fueron Morgan y Hubbard los destinados a consolidar el estilo. Morgan se caracterizó por su vigor y energía y Hubbard por la elegancia y el dominio que demostró con el instrumento, algo que le permitió mostrarse como un trompetista ecléctico que se apuntaba a cualquier carro que surgiera alrededor. "Siempre he sido un músico de hard bop y siempre he terminado volviendo a eso, aunque pruebo cualquier cosa para mantener una motivación. En mi caso tuve mucha suerte porque se dio la casualidad de que, cuando me ponía a tocar un estilo diferente, siempre empezaba a conocer a músicos que se movían en él y que me enseñaban mucho. Llegué a la conclusión de que siempre estaba en el sitio adecuado". Fruto de ese gusto por la variedad surgieron colaboraciones con Ornette Coleman, John Coltrane, eric Dolphy, Herbie Hancock, Randy Weston, Milt Jackson... La discografía que comenzó a su nombre en 1960 fue desarrollándose por varios sellos y en cada uno de ellos el estilo abordado era diferente. De Blue Note pasó a Atlantic y de ahí a CTI. "Mi gusto personal dependía mucho de la época y de la gente con la que tocara "--recuerda Hubbard--". En los sesenta, por ejemplo, aprendí mucho de todos los trompetistas mientras que en los setenta me enseñaron más los saxofonistas". En esa carrera de cambios no faltó tampoco el salto hacia el funky y la música disco, elementos que resultaron muy atractivos para los jazzmen en los años setenta. Mientras que los puristas renegaban de dicho acercamiento, músicos como Donald Byrd siempre defendieron el giro como un elemento de negritud dado que, según él, la población negra había perdido interés por las aventuras jazzísticas y se había decantado mayoritariamente por las formas de soul que había popularizado James Brown. "En mi caso "--apunta Hubbard--", lo hice por llegar a un mayor número de gente. La CBS me ofreció el mejor contrato que jamás haya tenido y, además, era una compañía que contaba en sus filas con Miles Davis y que, teóricamente, podía proporcionarme más popularidad. Gracias a aquel contrato pagué la universidad de mi hijo y me compré una preciosa casa en la playa. Respecto a la opinión de los puristas... es algo a lo que nunca atendí, ya que los hardbopers teníamos ese tipo de críticas continuamente. Es curioso que la misma gente que nos señalaba por buscar más público no se metiera, por ejemplo, con Chuck Manglione". En los años ochenta se produce otro cambio de tendencia cuando aparece lo que se bautizó como "neo bop". Por esa época, Hubbard ya se había convertido en un músico sumamente influyente y su estilo podía apreciarse redibujado en otros nombres que habían crecido considerablemente en la década anterior: Woody Shaw, Charles Tolliver, Tam Harrell... músicos cuyas obras también colaboraron a conformar lo que hoy entendemos como hard bop. Con el tiempo, dado que el jazz es una de las músicas más vivas que han surgido en el siglo XX, aquellas formas continuarían derivando aunque mostraran siempre una evolución ordenada. No es extraño, por tanto, ver ciertos ecos de hard bop en algunas grabaciones de Wallace Roney, Wynton Marsalis o Terence Blanchard por citar sólo algunos ejemplos. "Wynton es excepcional como trompetista, pero no me gusta la música que hace ahora "--señala Hubbard--". Actualmente hay muchos músicos con una formación clásica que les limita en su fluidez. Tener conocimientos académicos siempre ayuda técnicamente, pero darle al jazz esa concepción clásica no supone ninguna virtud, ya que tocar bien no quiere decir necesariamente que puedas tocar jazz. Ahora se trata de promocionar el jazz desde una vertiente intelectual, para minorías, y eso no tiene mucho que ver con la realidad de esta música. De Wallace Roney sólo puedo decir que es casi como Miles. El le regaló una trompeta y todo el mundo le considera prácticamente su heredero. Lo malo que tiene es que parece una calcomanía suya, que aún no ha encontrado su propio estilo. Quien más me gusta de los trompetistas jóvenes es Roy Hargrove". Era lógico que, tarde o temprano, apareciera en la conversación Miles Davis. Aunque fuera de refilón. La importancia del personaje (que siempre alabó hasta la saciedad a Hubbard) es sustancial en toda la época a la que nos hemos referido y, desde luego, es otro de los nombres ("el" nombre) que cualquier trompetista tiene como icono encima de su cama. En "New colors" aparece un tema titulado "Blues for Miles" cuyo origen queda casi definido en el título: "Es una cuestión de respeto. La compuse hace mucho tiempo y la he recuperado ahora para grabarla en este disco. No es un tema demasiado complejo: sólo se trataba de buscar las raíces más bluesies de la música de Miles, lo que le daba toda su personalidad". En el álbum hay también otro homenaje y, curiosamente, a otro trompetista, Dizzy Gillespie: "Me llevó casi un año acabarlo. Trataba de recordar la forma en la que tocaba Dizzy", comenta Hubbard pasando revista al material de su nueva obra. En "New colors" no hay piezas nuevas, aunque sí inéditas. La mayoría de los temas incorporados se podían escuchar ya en otros discos del trompetista o formaban parte de su repertorio aunque no los hubiera incluido en ningún álbum. Todo lo que forma parte de "New colors" está firmado por Hubbard excepto una pieza cuya autoría pertenece a Chick Corea. "Es la única que no había hecho anteriormente y quería incluirla para demostrar que sigo siendo un buen arreglista. Recurrir a temas que ya había hecho antes era para facilitarme a mí mismo el volver a tocar. Prefería interpretar piezas que ya conocía antes que arriesgarme con algo nuevo. Tengo que ir poco a poco". En la nueva etapa que comienza dentro de la carrera de Freddie Hubbard hay horizontes lejanos. El jazz ha cambiado mucho desde que él dejara su impronta y es asumible que, en las últimas dos décadas son muy pocos los artistas que han conseguido consagrar su nombre para ponerlo al nivel de los clásicos. Actualmente la etiqueta que domina el panorama es la de "fusión", terreno al que el trompetista se acercó numerosas veces y al que vuelve su mirada con cierto aire de regocijo. "Si Herbie Hancock o Chick Corea hicieron fusión, ¿por qué no yo? La época del bebop nunca va a volver: fue una circunstancia de un momento histórico y de unas circunstancias muy concretas. No sé decirte lo que voy a hacer en los próximos meses, pero, por ejemplo, me gustaría tocar con Kenny Garrett, con quien he colaborado en 'New colors' y, tal vez, grabar algo relacionado con el hip hop. Me gustaría, sobre todo, tocar con músicos a los que les guste experimentar pero que cuenten con un background curtido en el jazz. Gente como Christian McBride, por citar a alguno. Son músicos con los que sabes que te vas a entender aunque no los conozcas". La fusión, en los tiempos que corren, ha dado pasos importantes y en muchas ocasiones sugerentes. Del jazz han surgido, por ejemplo, corrientes como el smooth en su mezcla con el pop, o el acid jazz cuando se trataba de acercarlo a los clubs de baile. "A la hora de hacer cualquiera de estas cosas lo más importante es la estructura armónica. Si no respetas eso no tienes nada, entiendes que cualquiera puede tocar jazz, y no es así. Tú puedes samplear lo que te dé la gana, pero si no aportas tocando siempre faltará el feeling". La vitalidad sigue presente en este hombre aunque a la hora de moverse tenga que tirar de un cuerpo enorme y de unas piernas perezosas. Pronto estará de nuevo en la carretera y eso sólo puede suponer una alegría para los aficionados, quienes, seguramente, están ávidos porque Hubbard vuelva a conseguir el nivel que ha evidenciado a lo largo de su carrera. Señala que, probablemente, en otoño se le podrá ver por nuestro país y eso, si resulta cierto, será algo digno de ver. Seguro. E.P. Freddie Hubbard. "New colors". Hip Bop 8026
|