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Alfonso Cabrales vuelve a poner activo Fito y los Fitipaldis con "Los sueños locos". Noviembre 2001

Nada se hace para nada

Sí. Al principio no se trataba de otra cosa que dar salida a canciones que no podían crecer. Debe ser duro para un compositor ver cómo sus obras van cogiendo polvo sin otra ilusión que sonar, de vez en cuando, en un bar perdido de la mano de una guitarra acústica. A Alfonso Cabrales, más conocido por todos como Fito, el vocalista de Platero y Tú, le ocurría eso hasta que decidió, aprovechándose de sus circunstancias, ponerlas en un disco y firmarlas como Fito y Fitipaldis.

Así nació "A puerta cerrada", un álbum parido en el 98 que probablemente no hubiera visto la luz si Fito no fuera parte integrante de uno de los combos rockeros más exitosos de este país. Se trataba de canciones de bar, de ésas que nacen al amparo de la barra cuando, después de tocar ante más de cinco mil personas, te quedas sólo con tu amigo del alma, con un camarero y con ese dúo tan particular que siempre han formado la botella y la guitarra. Allí veían la luz, sin público, historias que huían de la habitual dinámica "plateresca" de chicas y juergas, de rock'n'roll y borracheras. Eran canciones de dentro, mucho más suaves que las que Fito, con sus compañeros, ponía en danza cada noche delante de espectadores enardecidos que se quitaban la camiseta por no poder aguantar el sudor. Después de todo aquello, cuando los pabellones se quedaban vacíos con un montón de vasos de plástico por el suelo y los chavales de carga y descarga descuajaringaban sus guantes haciendo su escondido trabajo, algunos miembros del grupo se iban a dormir, agotados y con el ácido láctico por las nubes. Otros aprovechaban para ver a sus amigos habida cuenta de que siempre hay alguno en cada ciudad que aprovecha para pasarse por camerinos. Y otros, caso de Fito, incapaz de parar en seco, cogía siempre su guitarra fuera donde fuera. No tenía más entretenimiento que dar la chapa al dueño del local donde aterrizaran. Cuando éste creía terminada su jornada de trabajo y empezaba a voltear las sillas, aún estaba el pequeñajo de la gorra dale que te dale cantando aquellas canciones suaves. Majas, pero suaves, propias de la madrugada y del cansancio. Versiones de clásicos bajadas de revoluciones y traspasadas a una voz que, hasta entonces, sólo había sonado a rockerío urgente.

"A puerta cerrada" no era sino eso: una colección de canciones llenas de polvo que, aunque tenían calidad, no podían traspasar la barrera impuesta por el estilo de una banda, temas que se habrían perdido sino fuera porque la misma compañía discográfica de Platero y Tú (Dro) sabía positivamente que cualquier cosa hecha por alguno de los componentes del grupo generaría suficientes ingresos como para que la cosa no costara dinero. Pero... el disco cuajó: Fito empezó a aparecer en las revistas, sus compañeros le animaron a subirse a un escenario para defender aquellas canciones y, como quien no quiere la cosa, se encontró girando con Extremoduro sin tener a su lado a sus habituales amigos de andanzas. Ahora recuerda que, por entonces, sentía el culo prieto a la hora de ponerse él solo, con sus canciones, delante de la mara de gente que movilizan los Extremo. Con Platero lo había hecho muchas veces, pero siempre tenía la confianza de un repertorio cuajado de éxitos con los que bastaba tocar dos acordes para que la gente se volviera loca. Aquí, sin embargo, aparecía con una banda de circunstancias, la mejor que había podido conseguir, y cantando un material que pedía algo más de atención a los oyentes que los himnos rockanroleros del grupo del burrito.

También salió bien. "A puerta cerrada" no sólo vendió lo suficiente como para no dejar descontento a nadie, sino que, además, el boca a boca fue ejerciendo su labor y el disco era repuesto en las tiendas según se acababan los ejemplares. En la actualidad, aquel saco de canciones lleva ya despachadas más de cuarenta mil copias y eso, quieras que no, supone un respaldo para cualquiera, suficiente como para preguntarse: "¿y por qué no hacerlo otra vez?"

"Siempre dices que son cosas que haces en los ratos libres, pero... mira: yo sólo sé hacer discos y me doy cuenta que eso de los ratos libres es una mentira. Según haces las cosas te involucras y ninguno de tus proyectos te lo tomas como algo pequeño. Si acaso admitiría que los discos que haces tú solo pueden ser menos ambiciosos que los que haces con el grupo, pero, con todo, te matas para que salga bien, te dejas la piel en ellos. Aunque te quieras concienciar de que es poca cosa, no dejas de pensar que, en el fondo, un disco no es como un directo. Un disco queda para siempre". El discurso de Fito ha cambiado notablemente al hablar de "Los sueños locos", su segunda entrega con los Fitipaldis. Cuando estaba promocionando "A puerta cerrada" lo primero que salía de su boca, sin preguntárselo, era que su grupo seguía siendo Platero, que para él ya había sido suficiente recompensa ver sus canciones perdidas grabadas y que si había entrado en el estudio con ellas era porque no sabía qué hacer durante el parón de seis meses que el grupo de Bilbao tenía que vivir dado que Iñaki, su guitarrista, estaba liado con la gira de Extremoduro. Ahora, sin embargo, su cuerpo le pide algo más y reconoce que "es otra historia. Y la misma de siempre. Platero son cuatro personas que definen un estilo y en los Fitipaldis la base es sólo una, sin la influencia de las otras tres".

Cuando habla de su "otro" grupo uno podía imaginarse que, realmente, existe. Al referirse a sus dos discos en solitario siempre habla de los de Los Fitipaldis como si allí mandara alguien más que él. La realidad es que "A puerta cerrada" se grabó con un montón de amigos y que, desde entonces, ha ido buscando y rebuscando tratando de colocar tras de sí a aquellos músicos que se adaptaran mejor al sonido que él desea para sus canciones en cada momento. El único que parece fijo es Batiz, su mano derecha en el embrollo fitipaldiano, escudero y amigo, que es, por derecho propio, el único Fitipaldi que existe.

El caso es que el que apareciera "Los sueños locos" era solamente cuestión de tiempo. Si Fito seguía componiendo piezas que no cabían bien en el repertorio de Platero y, encima, había una compañía dispuesta a repetir, y con unos objetivos comerciales más apetitosos, no era nada extraño que nuestro pequeño gran hombre volviera a meterse en el estudio con su banda fantasma. Lo que ocurría es que ya no se trataba de un puñado de temas sacados de la cantina ni de una aventura de amiguetes poniendo guitarras y bajos. Cuando se ha probado eso siempre se aspira a más: "El primer álbum era el de una banda de bares y quería que sonara a eso, pero ahora quiero otro sonido, y eso se refleja sobre todo en la producción. Es una evolución lógica, ya que yo soy de los que prefiere que un disco suene reflejando el momento que vive el grupo que lo hace. Ahora quiero el mejor sonido que pueda lograr".

Ya no estamos hablando de una ocurrencia ocasional, sino de un crecimiento lógico que intenta toda persona que ama lo que hace. Aquí ya hay músicos escogidos, un plan de producción (siempre roto) y otro tipo de retos a cumplir. También hay invitados ilustres, aunque no demasiados. El principal es Rosendo, elemento indispensable cuando se trata de hablar de la música disfrutada por Fito: "Me arrimo a muchos estilos, sí, pero mi base sigue siendo Leño, Cucharada..." Con esos referentes era raro que en el repertorio noctámbulo de Fito no hubiera ningún tema del carabanchelero. "Esa canción, 'Mientras tanto', me trae mil recuerdos y siempre la he cantado del modo en que sale en el disco. Un día se la canté a Rosendo en un camerino, en uno de esos bolos en los que coincidimos. No me puso mala cara y decidí incluirla en el álbum. Lo que es un lujo es que la cante él".

Otro invitado con nombre es Carlos Tarque, el vocalista de M-Clan, pero su colaboración es más una suerte de casualidad que un deseo. Sara, la novia de Carlos, hace voces en el álbum y, al ir Fito a buscarla un día en el coche, la chica le comunicó que él estaba en la ciudad. Quedaron a fin de que Carlos se pasara por el estudio para recoger a su chica y... ya sabes cómo son los músicos: lo que iba a ser un corito perdido se convirtió en la voz de una canción a dúo. "Lo de Robe no es una invitación. Siempre está por ahí y algo tiene que hacer. Es casi natural", añade Fito al hablar de la presencia del último invitado en el álbum, el líder de Extremoduro.

Extremo, Platero y los Fitipaldis se han convertido en una mancomunidad en la que todo ha de medirse mínimamente. El hecho de que Iñaki toque en las dos bandas, que sea su productor y que, además, cuando aparece un proyecto nuevo todos se lían como si fueran uno hace que haya que ordenar los tiempos lo suficiente como para que todos puedan hacer lo que más les apetece. Por ese motivo, "Los sueños locos" se grabó en dos tandas: con medio disco ya hecho hubo que parar para que toda la tropa finalizara, de una vez, el álbum aparecido a nombre de ExtreChinato y Tú.

Como él mismo reconoce, Fito se inventa a los Fitipaldis por autocomplacencia. De ese modo, no tiene ningún reparo en incorporar a su repertorio una versión de Flaco Jiménez o un par de piezas instrumentales. "Me apetece "--dice--" y pienso más en la música en sí que en el disco y sus resultados. Pienso que quien hace un álbum decide, aunque... sólo hasta cierto punto: en el fondo, el que decide cuándo y cómo salen los discos es el momento de tu vida. Ya no tengo ningún tipo de complejos, por lo que me permito recuperar a músicos que me gustan o marcarme instrumentales. No me importa si a la gente le gusta o no".

Lógicamente, de sus palabras se desprende que Fito ya no tiene que pasar por la prueba del algodón. Sabe que sus álbumes venden porque todo lo que rodea a Platero vende y su única meta es entregar aquellos trabajos con los que él, particularmente, se sienta realmente satisfecho.

Este mismo motivo es el que, a partir de ahora, paralizará ligeramente la actividad de Platero. Mientras Juantxo Olano (bajista) anda liado tratando de poner en marcha otro grupo y Jesús García (batería) continúa dando clases semanales a críos, Iñaki cumplirá sus compromisos con Extremoduro, que, por el momento, pasan por el álbum que Robe y los suyos están grabando en estos momentos. "Cada vez nos cuesta más grabar por razones lógicas "--señala Fito sobre el cuarteto bilbaíno--" y cada uno intenta dar sus patadas por ahí. Eso nos viene bien, ya que no queremos caer en la historia de hacer lo fácil tomando la dinámica de hacer disco y salir después de gira. Si cayéramos en ello terminaríamos haciendo discos malos y no es eso lo que queremos, aunque sepamos que el álbum vendería tirándonos un pedo y grabándolo. Lo bueno que tiene esta profesión es que te permite equivocarte una vez, pero no dos".

El permanecer once años juntos, como es el caso de los componentes de Platero, no es algo que entre en los planes de los Fitipaldis. Fito sabe de la dificultad y asume, aunque sin decirlo, que si eso sucediera se convertiría en una banda donde él no sería el santo y seña, sino uno más. Puede que, entonces, sus compañeros no compartieran, por ejemplo, su afición por editar una "versión para sordos" de cada uno de sus discos. Al igual que en "A puerta cerrada" los primeros compradores de "Los sueños locos" dispondrán de un cómic en el que varios dibujantes dan su particular visión de las canciones. Si en el primer álbum fueron los colaboradores del "Víbora" quienes se encargaron del proyecto, en esta ocasión la idea se ha trasladado a los responsables del "TeMeo". De ese modo, Alvarez Rabo, Mauro Entrialgo, Piñata, Nono Cadáver o Simónides, entre otros, dibujaran las aventuras fitipaldinas en una edición limitada.

Como cuentan los dibujantes, las historias urbanas creadas por Fito son una cosa y como las ve él otra que puede resultar diferente. "Siempre he sido un dibujante frustrado "--dice--" y me ha gustado el cómic desde Mortadelo hasta el Víbora. A la hora de hacer estas cosas concedo una libertad absoluta. No digo a nadie lo que tiene que dibujar o lo que no. Me parece que, si yo quiero libertad para hacer las cosas, cualquier otro ha de tener la misma. Les di el disco y... ya verán ellos las canciones como les venga en gana". Cuando se le pregunta por su visión personal de las mismas lo primero que se le ocurre, curiosamente, es que no quiere que sus letras se parezcan a un cómic: "Ya me pasó con el último disco de Platero, que me cansaba contar historias de los demás. No es que quiera hablar específicamente de mí, pero pienso que, al contar cosas mías, hablo de la gente porque yo, en el fondo, también soy gente". Con el tiempo, Fito también ha comenzado a apreciar las canciones con las que te puedes identificar. Y no sólo las canciones. La carpetilla que acompaña al compacto se abre con una cita de Carlos Vilate habida cuenta de que uno de sus poemas definía exactamente, en opinión del compositor, lo que hacía él dentro del mundo de la música.

Fito, lógicamente, defenderá en directo las canciones de este nuevo álbum. Y no sólo ésas. En su repertorio ha incluido también la pieza que interpretaba en el disco firmado por ExtreChinato y Tú y nuevas composiciones que quizás se graben en un futuro. En su gira anterior con los Fitipaldis ya introducía temas que, hasta ahora, no han sido editados discográficamente. Además, el pequeño cantante se ofrecerá al público en solitario, sin más acompañamiento que su guitarra. "La cosa que más me gustaría en el mundo sería tener la capacidad para, en solitario, entretener a la gente durante hora y media. Admiro muchísimo a artistas como Elliott Murphy, que tienen un directo bueno tanto si van solos como si van con banda. Yo aún no me considero capaz de ello y, como mucho, puedo mantenerme así durante un cuarto de hora. Además, tocar con banda es divertido, aunque mis canciones siempre nacen de un acústico con dos guitarras".

Al llegar a este punto a uno le viene a la cabeza aquel viejo término de "cantautor rockero", indicador de brújula que siempre se utiliza para referirse a artistas del talante de, por ejemplo, el citado Elliott Murphy: "Yo no me veo como cantautor; o como yo entiendo la figura del cantautor. Sólo sé que hago lo que quiero, sin ningún tipo de fronteras".

Curiosamente, en contraposición a como suelen evolucionar los músicos, el líder de los Fitipaldis nunca ha sentido la necesidad de controlar sus canciones hasta el punto de llegar a producirlas. Después de más de una decena de discos grabados entre Platero y sus aventuras en solitario sigue dejando esa faceta a quienes disfrutan más con los aparatos electrónicos. "En mi casa no tengo ni un cuatro pistas; cuando me viene una idea la grabo en un cassette de mano. Siempre he estado rodeado de gente que se encarga de eso, como el Uoho "(el apelativo cariñoso con el que se conoce a Iñaki)" o Bazti. Quizás, si no les tuviera a ellos, habría sentido curiosidad". Con todo, Fito parece empezar a cogerle el gustillo al estudio. Siempre le ha gustado grabar rápido, estar allí el menor tiempo posible, pero, a estas alturas, y como él mismo decía al principio, sólo sabe hacer discos aunque no le importe demasiado la opinión del público. "Lo importante "--dice muy serio--" es que me guste a mí".

E.P.

Fito y Fitipaldis. "Los sueños locos". Dro

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