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Dover tiene ya en la calle su nuevo trabajo grabado también en Los Angeles. Octubre del 2001

Cambiar el diablo por los ángeles

Puede que, a la hora de valorar "Late at night", más de un crítico estuviera más preocupado por el fichaje de Dover con una multinacional que por lo que el álbum tenía dentro. Al mismo tiempo, era la primera vez que el grupo disponía de un presupuesto respetable y salía a grabar al extranjero. Si aquél fue el inicio de los "nuevos Dover", "I was dead for 7 weeks in the city of angels" es la continuación lógica. La cuestión es mejorar.

Porque eso es lo mínimo que se le puede pedir a un grupo que se presentó en sociedad despachando más de cuatrocientos mil discos de una producción independiente. Bien es cierto que antes de eso estaba el álbum primerizo que no tuvo más repercusión que la que le dieron los medios especializados, pero lo que no se puede negar es que, con el ya clásico "Devil came to me", Dover se colocó en el punto de mira de todo el mundo. Para lo bueno y para lo malo.

Lo bueno llegó con el crecimiento que supuso su fichaje por una multinacional y lo malo con la típica costumbre española de tratar de machacar aquello que obtiene relevancia. Puede que alguno de los miembros del grupo sintiera cierto amargor al verse metido en aquel ambiente, pero no hay nada mejor para quitarse esas penas que demostrar que uno tiene razón. Con "Late at night" Dover dejaron claro a todo el mundo que eran una banda de rock y que llegaban a la gente mucho más directamente que los medios que se dedicaban a alabarlos o defenestrarlos. Aquel álbum lleva ya facturadas más de trescientas veinticinco mil copias, lo que supone que, a mal que funcione el siguiente, Dover añadirá a su corta historia un nuevo record: convertirse en la primera banda de rock española que, con cuatro discos, llega al millón de copias vendidas.

A estas alturas, ninguno de los miembros del grupo da trascendencia a aquello. Asumen con una naturalidad pasmosa el hecho de que, en su día, el nombre de Dover era casi una obsesión; pero, con las mismas, son conscientes de que esos globos se desinflan del mismo modo que han sido hinchados. A ellos les preocupan sus discos, sus canciones... y sus amigos.

Su nuevo disco lo han titulado "I was dead for 7 weeks in the city of angels" y lleva en su portada una especie de angelito que contrasta con el personaje cornudo que ilustró la cubierta de "Devil came to me". No es un cambio de mentalidad, sino un reflejo del tiempo pasado en Los Angeles trabajando con Barret Jones, el productor que, después de encargarse de "Late at night", también ha cogido los mandos de esta nueva obra. El proceso de grabación iba a ser teóricamente una luna de miel, una relación amigable entre cinco conocidos prestos a poner unas canciones nacidas del éter en un soporte compacto. Pero no fue así. Los miembros del grupo llegaron a la ciudad californiana con la lección bien aprendida y con los deberes hechos. Pretendían que en este álbum se pusiera de manifiesto su mejora como instrumentistas y sus canciones se consolidaran como sólo puede hacerse trabajando en un estudio con medios y sin prisas. Sin embargo, Barret no pareció ver el panorama del mismo modo: daba la impresión de que únicamente quería hacer su trabajo sin meterse en ningún berenjenal que supusiera riesgo.

"En este disco queríamos currar más las cosas y pensamos que todo iba a realizarse más fácilmente con él "--comenta Amparo Llanos, guitarrista del grupo--". Luego resultó que no fue así, que había que pelearse para hacer cualquier cosa nueva. Eso hizo que la grabación fuera dura y trabajosa. Quizás le pareció que queríamos invadir su terreno".

Mal asunto. Cruzar el Atlántico y el territorio estadounidense para aterrizar en LA y ver que tus próximas siete semanas te las vas a tirar discutiendo no es algo que anime a nadie, y menos si se trata de realizar un trabajo creativo. Son situaciones que hay que abordar con personalidad, sin dejarte comer el terreno y siendo consciente de lo que te juegas. Muchos grupos comentan que, tras salir al extranjero para grabar, no vuelven con un resultado satisfactorio porque no han conseguido entenderse con el productor: las prisas y los costes impiden masticar adecuadamente cada una de las facetas necesarias hasta dar con el resultado óptimo y, al final, el jefe del estudio decide que el trabajo está terminado aun cuando los músicos no se vean reflejados en sus propias canciones.

Los miembros de Dover no iban a aceptar ese final. Su personalidad ha quedado ya más que probada y tenían en su poder la varita mágica: el apoyo de una compañía que prefería un buen disco antes que un disco a tiempo. Si se trataba de discutir se discutiría, pero ni Cristina ni Amparo ni Jesús ni Alvaro iban a volverse a Madrid sin estar seguros de que el resultado de la grabación iba a ser el mejor de los posibles. Durante los días que estuvieron en Grandmaster Recordings no dudaron en crispar los nervios de Barret Jones aun cuando el productor no entendiera por qué querían ellos usar guitarras acústicas, probar efectos o grabar una enésima toma más cambiando un determinado sonido. "Cada vez que había que tomar una decisión había que discutirla durante hora y media, pero no por ello hemos dejado de hacer nada de lo que queríamos. Es por eso por lo que se perdió mucho tiempo y mucha energía. En vez de ser una grabación rápida y directa todo se cargaba enseguida de tensión; hacer determinadas cosas suponía tenerle un día entero con cara de vinagre. Si lo normal es que el productor te esté machacando siempre con el 'haz esto' o 'intenta lo otro' en esta ocasión éramos nosotros los que teníamos que estar continuamente tirando de él".

La cosa no quedaba ahí. Para este trabajo, el cuarteto tenía previsto que las tomas finales fueran mezcladas por un experto. Son suficientemente pejigueros como para encontrar "defectillos" en el resultado final del anterior "Late at night" y no querían tener esa misma sensación con "I was dead...". "Queríamos un mezclador bueno y potente. Si la mezcla no está bien todo tu trabajo puede quedar hecho una mierda "--apunta Jesús--". De hecho, nos pareció una de las cosas que habían fallado en 'Late at night'. Faltaba trabajo en eso y puede que fuera porque no hubo una persona que se dedicara a ello específicamente, a pulir la canción para que todo lo que has hecho en el estudio suene perfecto". Tuvieron suerte: su elección apuntó a Rick Will (Incubus, Ben Harper, Elvis Costello...) y éste resultó ser una persona encantadora, alguien que cerrara la experiencia angelina con un buen sabor de boca.

¿El resultado?

Un disco "plenamente Dover". En ocasiones esa apreciación podía suponer un descalificativo, aquello de... "más de lo mismo". Pero, en el caso del grupo madrileño, el significado es diferente. Dover se ha caracterizado desde su aparición por poner la canción delante de la actitud o la pose: un disco "plenamente Dover" es un álbum que mantiene la unidad que la obra de la banda tiene desde la aparición de "Sister" pero con canciones que se pueden defender por sí solas ante el resto de sus compañeras de repertorio. "Tenemos influencias de muchas cosas, como todo el mundo, pero siempre hemos tenido un estilo "--comenta Amparo--". Aprendes a medida que pasan los discos y notas más que lo que te sale son cosas tuyas que se enriquecen con otras que vas metiendo e intentando. A una canción le pedimos melodía, un estribillo que podamos cantar con gusto, con emoción y con energía. Que al tocarla nos haga sentirla". Las diferencias esenciales entre "I was dead..." y los otros álbumes del grupo son consistentes, pero no en lo esencial. De lo que se trataba era de presentarlas mejor, de vestirlas adecuadamente para la ocasión y de procurar que sonaran exactamente como vuelan en la cabeza de quien las compone. Así han aparecido los coros, los efectos acústicos de guitarra o los riffs clásicos, pero todo ello como complemento de composiciones que acentúan el "estilo Dover". Si siempre se criticó al grupo de sus excesivas influencias provenientes de Seattle, este argumento carece ahora por completo de sentido. Uno se empieza a preguntar si aquel sonido que tantos identificaron con el grunge no era, más que nada, el que manejaban los productores queriendo estar "en la onda" que se llevaba hace años.

"Somos fatales para contarle a alguien lo que contienen nuestros discos. Este es... un disco diferente, son canciones diferentes... hay más riffs y solos de guitarra y tocamos y cantamos mejor. Tiene partes más clásicas que recuerdan al 'rock rock'. De todos modos, lo acabamos de terminar y, cuando sucede eso, estás tan metido en las canciones nuevas que cualquier opinión que tengas es poco fiable", admiten. Desde fuera, el resultado de "I was dead..." impacta. Uno no puede hacerse una idea completa del álbum cuando únicamente tienes oportunidad de escucharlo una vez, pero, con todo, sí quedan marcas concretas que evidencian la mejora.

"Sister" apuntaba el hecho de que estábamos ante un grupo de melodías que contaba con una buena dinámica de composición. Aquello se plasmó estupendamente en "Devil came to me", un disco plagado de estribillos cuyas canciones podían gustar tanto a la abuela como la nieta. "Late at night" había de demostrar que Dover era una banda de rock, y lo hizo dejando ver que la melodía y la dureza no están enfrentadas cuando se tiene talento para unirlas. "I was dead..." es la continuación lógica de aquél. Puede no aparentar ser tan furioso como "Late at night", pero respira potencia en cada pieza. Del mismo modo, puede no ser tan... "resultón" como el "Devil...", pero tiene estribillos a mansalva de ésos que se te quedan en la cabeza en cuanto los escuchas un par de veces. "En la distancia entiendo lo de 'más furioso' que se comentaba de 'Late at night'. Ahora lo noto al recuperar esas canciones. Se nota muy nervioso "--comenta Amparo--". Escuchando el 'Devil' vemos lo que hemos avanzado; ahora somos más capaces de representarnos en un disco".

Un resumen rápido apunta a que, si te gustaron los discos anteriores, éste te va a encantar. Está mucho mejor hecho y el resultado entra con facilidad al tener más lugares comunes con el rock de toda la vida. Si, por el contrario, eres de quienes nunca llevó bien el estilo del grupo, es poco probable que "I was dead..." te haga cambiar de opinión. Eso sí: volverás a tener en tu cabeza, como con el "Devil...", las canciones que se editen como single y que suenen en las radios con abundancia. Son piezas tan redondas que, aunque no te generen emociones, se pegarán a tus orejas.

En buena lógica, igual que los discos del grupo van evidenciando un progreso constante, cabría pensar que tal evolución se acompaña de un crecimiento continuado. No se trata sólo de mirar las cifras, sino de evaluar la capacidad que tiene el cuarteto para consolidarse como una banda "grande", a la altura de las que mantienen una carrera internacional. "Late at night", por ejemplo, tenía sobre sí la espada de Damocles al ser el primer álbum que el grupo realizaba tras salir de una compañía independiente. Muchos pensaban que el éxito de "Devil came to me" no era repetible y que aquél sólo respondió a un momento concreto propiciado por la conjunción de los astros. "Vender con 'Late at night' lo que se vendió con el 'Devil' era imposible. Nosotros estábamos mentalizados para vender la mitad, por el tipo de disco que era y por las circunstancias tan diferentes que rodearon los dos álbumes. Los fans lo estaban esperando, pero también había un ambiente que deseaba que nos diéramos una hostia cuadrada. Se notaba, y era difícil por ser el disco que llegaba después del éxito", recuerda Cristina. En contra de ello, "Late at night" supuso un crecimiento espectacular para el grupo. Ya habían pasado todo aquello que se asocia a convertirse en un grupo de masas: se habían curtido en la relación con fans, medios, compañías y habían superado todo lo que supone que la gente te esté mirando constantemente el ombligo. Los cuatro asumían que el álbum gustaría a sus seguidores y disfrutaron en una enorme gira en la que no tenían que descubrir ya ninguna novatada propia de primerizos. Comprobaron que algunos críticos recalcitrantes empezaban a hacerles caso y vivieron la experiencia con mucha más naturalidad que la que podían haber sentido cuando, de la noche a la mañana, se descubrieron admirados.

Entonces enfocaron su crecimiento hacia el terreno internacional. Uno de los motivos fundamentales por los que cambiaron de compañía tras el éxito del "Devil..." fue su deseo de probar suerte más allá de nuestras fronteras. Hicieron tres giras por Alemania (dos como teloneros y una vendiendo su propio nombre), fueron cuatro veces a México, ganaron en Estocolmo el premio MTV al mejor vídeo de un grupo español, tocaron en Argentina y asaltaron Estados Unidos en más de una ocasión. Su idea era defender sus canciones ante un público desconocido, buscar más fans allá donde aún no les hubieran escuchado.

La experiencia resultó a medias. Si bien todo lo que cuentan de sus viajes son parabienes, uno no puede evitar notar la decepción que les supuso el que "Late at night" no apareciera finalmente en el mercado norteamericano del mismo modo que lo había hecho en el europeo. "¿Qué le vas a hacer? Al final lo aceptas, sigues currando y asumes que no son cosas que tú puedas arreglar. Podíamos haber exigido que se publicara el disco en Estados Unidos, pero es absurdo lanzar un álbum allí si la compañía americana no cree en él y lo va a dejar abandonado. Estamos convencidos de que podríamos hacer algo. En todas las actuaciones que hemos hecho en Estados Unidos hemos visto que encajamos y que hay público para nuestra música", afirman. De nada vale recordarles el habitual discurso defendido por quienes no están por la labor. "El argumento de que allí hay mil grupos de rock es ridículo. Siempre puede haber mil uno. Nosotros no pensamos en vender siete millones de discos, sino en tener nuestro público y hacer nuestros conciertos. Al tocar este año en el Warped Tour nos hemos quedado sorprendidos de la repercusión que podemos tener", indica Cristina.

Con "I was dead..." piensan solucionar ese problema. Si la división norteamericana de EMI no acepta distribuir el álbum Chrysalis queda en libertad para poder licenciarlo a aquellas compañías que estén interesadas en él. Como compañías sí que hay, lo más seguro es que, a principios del año que viene, el disco pueda aparecer en las tiendas de Estados Unidos. "Sanctuary está interesada en sacarlo allí. Su idea es lanzar un single y moverlo por los ambientes universitarios para poder editar el álbum entero en enero".

Contrariamente a lo que se pueda pensar, los miembros de Dover no tienen inconveniente en volver a empezar una y otra vez. Saben que, en España, cada uno de sus singles será aceptado primorosamente por cualquier emisora y que la prensa escrita dará relevancia a cada una de sus acciones, sea ésta un concierto o la aparición de un nuevo disco. Con las mismas, son perfectamente conscientes de que, fuera de nuestro país, son aún unos pipiolos que tienen que convencer a la gente de sus propias posibilidades. El resultado de sus aventuras foráneas les anima y no dudan en tragar todos los inconvenientes de una gira primeriza si eso les va a suponer el poder crecer. Para uno que está acostumbrado a escuchar decir a los grupos de este país que no están dispuestos a tocar delante de doscientas personas cuando aquí lo hacen ante dos mil es llamativo observar como los cuatro Dover no sólo están dispuestos a ello, sino que, además, se lo pasan pipa. "Sabemos que en España sale material nuestro y tiene una buena exposición enseguida, pero fuera no nos hacen caso ni los medios ni la compañía. Tenemos sólo cuatro fans esparcidos y un montón de gente que no sabe quiénes somos. Todo tiene su encanto y apreciamos lo cómodo que nos resulta ahora nuestra situación aquí. Eso es una suerte y una gozada para un grupo, pero no dejas de apreciar que, ocasionalmente, una canción tuya suene en una radio minoritaria alemana".

Si bien no llevan en su cabeza los planes futuros de directo, piensan que, en cuanto el disco sea publicado en Alemania, volverán a tocar una vez más por aquellas tierras. La gira española, en esta ocasión, tendrá que esperar y lo único que hay confirmado en este momento son tres o cuatro conciertos sueltos, ninguno de los cuales es en Madrid. "En el extranjero las cosas salen a salto de mata y todo lo que podamos hacer lo vamos a hacer".

Una buena manera de seguir el devenir de Dover es su página web. Nació al amparo de dos fans concienzudas y preparadas y la relación que el grupo mantiene con sus seguidores hizo que, en muy poco tiempo, dovercametome.com se terminara convirtiendo en la página oficial del grupo, financiada directamente por él. Aunque en la página es frecuente ver que los cuatro miembros de la banda atienden a sus fans siempre que pueden, Amparo aún mantiene la costumbre de contestar las cartas que recibe escribiéndolas de su propio puño y letra: "Vamos con un año y medio de retraso porque tenemos muchas cosas que hacer, pero la gente te lo agradece igual. El que hoy en día alguien se moleste en escribirnos, guardar la carta en el sobre, buscar un sello y meterlo en un buzón es algo que me sigue emocionando y contestarles es tan prioritario para nosotros como construir las canciones o ensayar".

Las actividades que tienen tan ocupada a Amparo como para no poder atender su correspondencia no son pocas. Además de su función en el grupo, ella es la que está más pendiente de Loli Jackson, el sello discográfico que Dover puso en marcha tras su fichaje con Chrysalis. "No podemos encargarnos de todo el trabajo burocrático o administrativo que lleva, pero allí hacemos mil cosas: fichar a los grupos, organizar el dinero del que disponemos, controlar si la promo funciona... Ahora sale el álbum de Yoghourt Daze y estamos cerrando el fichaje de Señor No. Me hierve la sangre cuando les escucho y siempre que les veo me dan ganas de subirme al escenario. Son muy Ruta 66, muy clásicos, pero me encantan", cuenta ilusionada.

Compatibilizar el trabajo en el sello y el que genera la banda hace que los miembros de Dover tengan una opinión propia sobre una cuestión tan candente como es la piratería. Ninguna copia de "I was dead..." saldrá de la compañía antes de que el disco se ponga a la venta, lo que supone que, para poder hablar con ellos sobre el disco, tengas que pasar primero por una sala de escucha en la que oyes el material del álbum. "Quienes ganan con esto son, básicamente, las compañías, por lo que no nos extraña que protejan las cosas de una manera tan exagerada. Nosotros no nos enteramos de lo que se vende de nuestros discos ni de las copias piratas que puedan estar circulando por ahí. Más que afectarnos a nosotros les afecta a los grupos que están empezando, que no consiguen pasar nunca de las mil quinientas copias. Cuando en un concierto nos llega alguien con un disco nuestro pirateado no tenemos ningún inconveniente en firmárselo. Es más: encantados".

E.P."

Dover. "I was dead for 7 weeks in the city of angels". Chrysalis

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