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Crónicas del frente DIEGO A. MANRIQUE escucha las aventuras californianas de Mártires del Compás, sufre dolores de cabeza con una transmisión radiofónica de Manu Chao, busca flamenco en la Gran Vía madrileña y comparte su pasmo al enterarse de lo que cuesta un concierto "benéfico". Colgados en Los Angeles
No se libró del todo Pau Donés: el cabecilla de Jarabe de Palo voló a última hora y terminó en Edmonton, Canadá; Jarabe tuvo que suspender su concierto del viernes 14 en el Palau Sant Jordi barcelonés. Peor lo pasaron los friquis de Mártires del Compás, que estaban en Los Angeles pero --¡ay!-- sin la Visa oro de la SGAE ni la posibilidad de recurrir a la hospitalidad de Antonio Banderas: los sevillanos terminaban una gira de un mes por Estados Unidos hecha más por darse a conocer que por las hipotéticas ganancias. Dejemos a ellos la narración: "Estábamos alojados en el Highland Gardens Hotel, una especie de motel con piscina, en torno a la cual encuentras las habitaciones. Sí; el mismo en que murió Janis Joplin. Está situado justo detrás del teatro chino de Hollywood Boulevard, junto a Sunset con La Brea. El día 11 nos pilló durmiendo. La típica llamada de 'levantaos que vais a flipar'. Creíamos que era que salíamos en la tele, nos habían estado grabando. Nos quedamos alucinados, sin poder apartar la vista de la tele, pues habíamos viajado en los mismos vuelos y rutas, desde Newark a Chicago, desde Chicago a Richmond, desde Richmond a Los Angeles, etc. Salimos a por cervezas y ni Dios por las calles; parecía que estaba a punto de pasar algo apocalíptico. Nos quedamos en el hotel todo el día y, claro, pedimos más maría". Pasado el susto, se imponía regresar. Parte de la expedición de la SGAE se había trasladado en coche a Tijuana, desde donde volaron al Distrito Federal y pudieron volver a España. Los Mártires lo tenían más crudo: "Los días siguientes fueron peores, pues se nos acabó la pasta --tuvimos la mala suerte, incluso, de que al manager le birlaran dinero cuando tocamos en Tijuana-- y empezamos a pensar en ir al Santa Monica Boulevard a tocar en la calle para sacar algo. Aunque el ambiente no estaba para músicas, nos empezábamos a desesperar. Hasta que, menos mal, nos enteramos de que el consulado español prestaba doscientos cincuenta dólares a cada español atrapado. Miles de llamadas a United y American y siempre comunicando. Nos faltaba un billete para el manager y pensábamos utilizar el del técnico, que se había vuelto antes, pero, tal y como estaban las cosas, se ponía difícil y ni te cuento para comprar uno nuevo: no había plazas. En el mostrador de American en Beverly Boulevard nos atendió una señora que había estado en Granada, que le gustaba el flamenco... y por ahí le colamos, sin que se enterara, el cambio de nombre y pudimos viajar todos de Los Angeles a Washington". Washington tenía recuerdos agridulces para los sevillanos: "el 17 de agosto habíamos actuado en el Kennedy Center y nos encontramos con un amigo de color (de color negro) que había estado en Sevilla estudiando, al que nuestra Rocío le había dado clases de baile. Imagínate ese negro de dos metros bailando bulerías, como si se hubiera roto su sistema de engranaje, arriba del escenario. El local estaba lleno (ochocientas personas). Fliparon tanto que el aplauso duró cinco minutos. En Washington pasamos tres días, visitando el Pentágono, el Capitolio, la piscina de 'Forrest Gump'... Curioso el encuentro con un taxista oriental: '¿De dónde sois?'. 'De Andalucía, le respondemos. Suelta él: 'Buena música'. '¿Y tú?'. Responde: 'De Afganistán', Nosotros: 'Buen costo'. Y el tío: 'Oh si, ya lo creo'. Nos imaginábamos lo acojonado que estaría ahora". No habían terminado las peripecias: "Al volver a Washington, cuando íbamos a facturar para España, se quedan mirando a Chico y explica la señorita: 'cada cierto número, el ordenador señala un pasajero, al que hay que registrar por completo'. Llevan a Chico, con su maleta, a unas dependencias para ser registrado. No había nada que pudiera causar problemas --¡nos lo habíamos fumado todo!- pero si tardaba perderíamos el vuelo a España (después de seis días de incertidumbre era una putada). Lo registro un hindú con turbante y entre los dos no había manera de entenderse. Total, que le abrieron todo y le dejaron seguir. Llegamos más secos que la mojama, pero muy felices". El gran liante
Parece que lo suyo es pavor a las ediciones ilegales, un sentimiento perfectamente legítimo pero exagerado (los fans que compran discos piratas no dejan de adquirir los oficiales). Demuestra esa fobia con su estrambótico comportamiento durante el pasado BAM, cuyo acto más multitudinario es el concierto gratuito de Radio Bemba en la Plaza de Cataluña. Se ha pactado que Radio 3 lo transmita y allí se desplaza Jesús Ordovás, que ha promocionado incansablemente todas las ocurrencias de Manu y Antoine Chao, desde "Diario pop" y con programas nocturnos hechos desde París. Manu tiene otros planes. Exige que Kike Babas y Kike Turrón, bien conocidos de los lectores de "Todas las NOVEDADES", sean los locutores. Una idea genialoide: "van a hacerlo como si fuera un partido de fútbol". Su hermano Antoine sumará grabaciones de indicativos de Radio Bemba. Uh-uh-uh. ¿Tal vez se trata de impedir que la música se escuche (y se grabe) por las ondas?. Los disciplinados Kikes, que han sido teloneros de Manu con su grupo King Putreak, cumplen las instrucciones y pasan dos horas y media desgañitándose, una verborrea anfetamínica que sólo permite escuchar ráfagas de lo que suena en el escenario. Decenas de miles de oyentes alucinan: aparte de destrozar la música, aquello da dolor de cabeza. Pero se cumple el objetivo: se frustran los planes de hipotéticos pirateadores y de los fans; si quieren disfrutar de Radio Bemba en combustión tendrán que conformarse con grabaciones hechas desde el público o esperar al previsible disco en directo. Un desastre. Además, un desastre con premeditación, alevosía y ensayo previo: se cometió igual tropelía con el concierto de Granada difundido a través de una cadena andaluza y la indignación de los radioescuchas se patentizó. El responsable final de la transmisión de Barcelona, Jesús Ordovás, queda en una situación francamente incómoda respecto a Radio Nacional (donde hay "compañeros" dispuestos a la denuncia para quitarse competencia). A los Kikes les quieren linchar los sufridores de Radio 3, incluyendo algunos jóvenes vecinos del pueblo en el que ahora viven. Y Manu saldrá próximamente a explicar que aquello fue un malentendido y que los Kikes se excedieron, bla bla bla... Otra gloriosa pirueta, amiguito. Manu hace su sagrada voluntad y atrás quedan los damnificados lamiéndose las heridas. Flamenco planchao y almidonao
Espera, que ya se acaban los superlativos. El pasado 1 de octubre Tablao presenta esos tres discos a todo lujo en el Teatro Lope de Vega. Impresiona ver su marquesina mostrando el gigantesco logo de Tablao. Impresiona, pero negativamente, que dentro haya un forillo donde desfilan famosos y famosetes para satisfacción de las cámaras de TV. Sí; el flamenco también ha entrado en la cultura de la celebridad. Alucino al ver a las alcachofas de los reporteros rodeando ansiosamente a Sara Montiel, las letras rojas de Tablao a su espalda. Un interrogante: ¿cree seriamente alguien que Esperanza Fernández va a vender más discos entre las marujas y los marujos que siguen los programas rosa y que oirán a la Montiel describir su nuevo accidente? ¡Ay! ¡Perdón, perdón!: la del accidente era Massiel. En honor a la verdad, han acudido invitados más presentables que también se prestan amablemente al tercer grado televisivo. Está la tropa joven del cine español, ya se sabe que hay un Comando de Apoyo al Cigala que funciona desde que el cantaor grababa para 18 Chulos, el sello de Wyoming", Carbonell, Segura y demás. También han acudido representantes del cine más adulto, ya que El Cigala se ha beneficiado de la Conexión Latin Jazz de Fernando Trueba y éste, bendito sea, ejerce de promocionero militante en estos asuntos. La gala empieza entre carcajadas, con la presentación de un Gran Wyoming" inspirado, pero enseguida se asfixia entre avalanchas de Buen Gusto (Picasso: "el enemigo del arte es el buen gusto"). Se está grabando para Canal + y, aunque sus cámaras son inusualmente discretas, la iluminación y escenografía son Muy Cool: darán bien en pantalla, pero crean un ambiente aséptico. Como el espectáculo: el niño que baila, Esperanza cantando con el piano de Dorantes o un grupito de cuerdas, la inevitable Sara Baras enseñando palmito... Es previsible que en tan agarrotado ambiente no aparezca el duende ni nada parecido. Hay algún momento bello, pero no particularmente flamenco, cuando el cubano Bebo Valdés derrocha inventiva tocando un bolero que grita El Cigala. Y están las dos apariciones del pirata Jerry González, al lado de Diego, tocando trompeta o percusión. Cuando acaba el concierto hay una segunda ofensiva de ansiosos fotógrafos y hambrientas televisiones y... me morderé la lengua: ellos también se buscan la vida. Sintomáticamente, no se habla mucho de flamenco. Se cuchichea sobre la actual novia de Pablo Carbonell, pero lo que realmente intriga a los asistentes es lo siguiente: Jerry siempre ha salido al escenario con su gran bolsa de viaje. ¿Qué lleva allí el hombre? Fuera lo que fuera, es lo bastante importante para no dejarlo entre bambalinas. Cómo eres, Jerry. Las cuentas del Gran Capitán Moreno
Rafael Merino, un concejal socialista, quiere que se examinen las cuentas "con lupa". Más vale. Según los datos que ahora salen a la luz, el Ayuntamiento paga doce millones a Miramón Mendi SA, empresa de José Luis Moreno (¡aaaaaah, el Diablo!). Aparentemente, Moreno calcula que esa cantidad no cubre los gastos de producción y vende a TVE los derechos de retransmisión del espectáculo por 24.156.000 pesetas. Puede parecer mucha pasta, pero no es tanta si con el "show" se cubren dos horas de "prime time" en TVE-1. A la viuda le queda estrictamente lo recaudado en taquilla. Y tiene un sobresalto al comprobar que es poco más de tres millones de pesetas. Indignación y Moreno, generoso, lo complementa con otros dos millones, "de mi propia empresa". A petición del incordiante del PSOE, presenta los números, de los que se deduce que "Gracias, Miguel" ha costado 38.740.000 pesetas y con ingresos totales de 36.156.000 (Ayuntamiento + TVE): Miramón Mendi ha perdido "dos millones y medio de pesetas, incluyendo el pago extra a la viuda". ¿Nos lo creemos? Veamos los costes. Resulta que, con las honrosas excepciones de Rosa María Sardá y Tony Leblanc, en "Gracias, Miguel" todo quisqui pasa por ventanilla. Entérate en cuanto valoran demostrar su cariño por Gila, en orden descendente: tres millones (Victor y Ana), millón y medio (Lina Morgan), 1.300.000 pesetas (Rocío Dúrcal), un millón (Sergio Dalma), 800.000 (Juan Pardo) y 300.000 (Raúl). El único que ha salido a la palestra para excusarse es precisamente el más crío, Raúl: "con las trescientas mil pesetas se pagaron a mis bailarinas". Para Moreno, nada desorbitado: "es mucho menos de lo que cobran normalmente y algunos tuvieron que interrumpir sus galas". Teniendo en cuenta que varios están en promoción y el objetivo final es salir en televisión, ¿lo aceptamos? Según Moreno, la partida de los artistas asciende 12.650.000 pesetas. Si sumas lo anterior salen 7.900.000, pero pueden faltar otros "desinteresados admiradores". Aceptando esas 12.650.000 pesetas de pago a los "compañeros" artistas y añadiendo los dos millones extra para la viuda, de citado costo total de 38.740.000 pesetas quedan 24.090.000 pesetas por justificar. Responde Moreno a "El País": "en la gala trabajaron más de 50 personas, entre guionistas, realizadores, productores, secretarias y demás". Caramba, pues sí que paga bien Moreno a su muy numeroso equipo. Suponiendo que todos cobraran igual, les toca cerca de medio millón por cabeza. "Es que en el decorado se gastaron seis millones de pesetas". Y añade que tiene todas las facturas para demostrarlo... si el PP permite que se haga una auditoría. Conclusión general: demos a Moreno el beneficio de la duda y aceptemos que los conciertos benéficos al estilo Miramón Mendi son ruinosos. Conclusión personal: si alguien te cuenta que va a montar un concierto benéfico y te pide ayuda, aunque sea para la mejor causa, echa a correr. Por decencia y por no añadir números rojos al balance de la citada causa. Diego A. Manrique
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