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La gaitera Cristina Pato se adentra en el pop con su segundo álbum. Junio de 2001

UltraSuperMegaGuay

La música tradicional no tiene que ser siempre de pandero y etiqueta, ni de festival y baile alegre. Con la aparición de Cristina Pato en el panorama de los gaiteros solistas surgió la figura "modernita" y "popy". Lejos de las formas habituales, esta muchacha se presenta con minifaldas, leotardos multicolores, camisetas fosforescentes y el pelo teñido de verde. No es sólo cuestión de imagen: cuando habla recuerda a Leticia Sabater y en sus andares es toda una fraguel.

Desde luego, algo está sucediendo en el mundo de la gaita para que artistas como Cristina hayan resultado tan interesantes al mercado después de que lanzara su primer álbum en solitario. Ya tenía experiencia discográfica, pero en el otro terreno. La primera vez que entró en un estudio era como gaitera que tocaba acompañada de tamboril y cuando formó parte de Mutenrohi cumplía con los cánones del estilo más folky. Hace poco más de un año se vio envuelta en su lanzamiento como solista partiendo de una premisa fundamental: la gaita es un instrumento como cualquier otro y se puede hacer música con él aunque no hagas folk. Con "Tolemia" hizo su primer intento y acertó lo suficiente como para que se la viera una cierta proyección. Ahora, con "Xilento", el baúl se abre del todo y Cristina Pato se aleja por completo de cualquier cosa que tenga que ver con el folk. Ella lo dice de otro modo: "Lo que intento es internacionalizar la gaita. No me dedico a conservar la música tradicional. Mirándolo así, este disco es un paso lógico sobre el anterior dado que en aquel me faltaban cosas que tocar, como el pop o la música latina. En éste doy más camino a la improvisación, intento renovar el instrumento y demostrar que soy más gaitera que música tradicional".

El giro se encuadra dentro de la fiebre que parece atacar a nuestros gaiteros después del boom surgido alrededor de este instrumento hace unos años. Si en aquel momento lo que se vendía era la fusión ahora lo que se vende es la gaita por sí misma, el hecho de que un instrumentista es ante todo un músico y no un ejecutante al servicio de un cancionero de siglos. Hevia sentó las bases con la construcción de una gaita que no tuviera ni el más mínimo viso "tradicional", Carlos Núñez aceptó hacer un disco "radiable" en su última entrega y Cristina, por su parte, toca con cualquiera en busca del experimento acertado. "Había coincidido con Charlie Mckerron en varios festivales, pero tampoco puedo decir que tuviera mucho contacto con él. Donde verdaderamente nos hemos conocido ha sido trabajando en este disco. Tiene una capacidad armónica impresionante y puede llenarlo todo con su violín. Marta Dias me impresionó en una interpretación que hizo de unas cantigas y la invitamos a que participara en el álbum cantando en un tema. Lo de Javier Vargas es algo que me hace gracia porque se trata de que la gaita se adapte a una cosa diferente. Con mi primer álbum alguien dijo que mi gaita sonaba como una guitarra y aquí, en ese aspecto, he dado un paso adelante", comenta Cristina sobre algunos de los invitados que han aparecido en "Xilento". Charlie es el violinista de Capercaillie y Marta una cantante portuguesa que ha obtenido cierta repercusión con su último disco, lanzado en el país vecino allá por el 99. Además de ellos, y de Vargas, en el álbum aparecen nombres como los de Jose Peixoto, de Madredeus, o Carlos Beceiro, de La Musgaña. "Siempre quieres colaborar con todos "--añade Cristina--", pero con unos puedes y con otros no. Personalmente, casi no conocía a ninguno antes de que tocaran en 'Xilento'. ¡Ojalá conociera a todos con quienes me gustara tocar!".

Para ir todavía un poco más lejos (lo de las colaboraciones se está convirtiendo en algo tremendamente habitual), la propia Cristina se atreve a cantar en este disco. "Era una de esas espinitas con las que siempre te quedas "--dice--". Antes me ponía afónica enseguida. Uno de los motivos fundamentales por los que me atreví en esta ocasión es porque el tema que interpreto es casi un himno para los gallegos. Yo lo conozco desde niña y lo he cantado multitud de veces en noches de borrachera. De todos modos, siempre he considerado la voz humana como un instrumento de los más difíciles". En el álbum hay más temas cantados, pero no por Cristina y tampoco por Marta Dias. Las voces en "Xilento" corren a cargo de Laura y Ana Amado. Ante el hecho de que, últimamente, en todos los discos de gaitas aparezcan voces femeninas, Cristina señala que la situación no viene dada por algo mimético: "Yo ya llevaba cantante a la hora de tocar en directo y los temas que van en el disco los hemos hecho en vivo durante mucho tiempo. Las carreras de cada gaitero y nuestra forma de comunicarnos son diferentes, por lo que no veo nada malo en introducir canciones en mis discos aunque otros lo hagan. Es como la guitarra eléctrica: ¿acaso no voy a poder usarla porque otro gaitero lo haya hecho? En el caso de usar mi propia voz se trata sólo de un inciso, ya que yo me expreso mejor con los instrumentos y no tengo educada la voz".

Cristina empezó a tocar la gaita cuando era una cría. Su hermana Raquel andaba liada con el instrumento y los celos infantiles la hicieron desear tener también algo que ponerse debajo del sobaquillo. Con el tiempo, su pasión por la música se ha consolidado y ha terminado con éxito su carrera de piano, más centrada en la música contemporánea. "Son dos carreras que llevo totalmente separadas, pero sería incapaz de abandonar alguna de las dos. El piano me encanta por lo que me da de disciplina, ya que si quieres llegar a algo con él no puedes hacerlo por casualidad. Lo de la gaita es diferente".

Como buena "moderna", Cristina admite su descolocamiento en referencia al concepto "celta", etiqueta tan recurrente cuando se trata de referirse a algún músico procedente de Galicia. "Me siento gallega antes que celta y no considero que haya un concepto concreto a la hora de hablar de música celta. Yo no reivindico nada de eso porque no soy quien. Lo único que hago es tocar la gaita gallega, pero gaitas hay en todos lados", comenta dejando caer, por otro lado, su gusto por el cancionero tradicional de su tierra: "es muy rico y hay mucha gente que se dedica a recopilarlo. Lo único malo de él es que todo el mundo se empeña en interpretar siempre las mismas piezas".

"Xilento" ha tardado mucho en aparecer en el mercado desde que estuviera todo atado y bien atado. "Se ha retrasado casi un año porque ha habido muchos jaleos con él: temas de la compañía, contar con tantos artistas diferentes, escoger un repertorio adecuado... El caso es que llegó el verano y el disco se retrasó en su lanzamiento. La compañía ha decidido que ahora era un buen momento para editarlo y, sobre eso, no me puedo quejar, ya que me ha dado mucho tiempo para pensar en lo que, al final, hemos hecho. Lo único malo que tiene esto es que, como todos vayan así, haré sólo tres discos en mi vida. El que estuviera tanto tiempo hecho me ha tenido con bastante incertidumbre dado que, al fin y al cabo, casi todo el mundo dice que el segundo disco es muy importante a la hora de valorar a un artista".

Lo mejor, desde otra perspectiva, es que "Xilento" aparece en un momento en el que no se le podrá relacionar con otras ofertas gaiteras, máxime teniendo en cuenta su contenido. Lo aportado en el álbum es eminentemente pop, muy asequible para el público amplio y perfectamente radiable. Además, aparecer en estas fechas facilitará el conocimiento de la próxima gira de Cristina, dispuesta a llevar sus gaitas con forma de pato y sus ropas pintorescas allá donde surja. "Veremos cómo vende el disco, ya que algo influirá en cómo nos planteemos las actuaciones. Con el anterior tuve la suerte de girar bastante y me gustaría hacer lo mismo con éste".

E.P.

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