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Conciertos: a falta de pan... buenas son tortas. Diciembre 2001 Problema endémico Ya hay que tomarlo con naturalidad. Igual que Nairobi no tiene Museo del Prado o Marruecos no cuenta con industria vinícola, Madrid no tiene salas de conciertos. La esperanza de Revólver se acabó en un plisplas, el cierre de Caracol demuestra que en esta ciudad es muy difícil vivir sin papeles y el incendio del Palacio nos deja sin siquiera un pabellón deportivo para acomodarlo como recinto de conciertos. A nivel de grandes infraestructuras solamente nos queda Las Ventas y el recinto no parece lo más adecuado para recibir shows de altura. Sus instalaciones han cumplido recientemente los sesenta años y cada día parece más lógico presumir que el local merece una reforma, aunque sea por seguridad. A todo esto habrá que añadir el fiasco del Festimad de este año, con un cartel tan pobre que hace preguntarse a más de uno si es necesario traer a tanta gente de fuera para que hagan menos que los de dentro. La suspensión de Limp Bizkit no hace sino aumentar la lista de este tipo de sucesos dentro del festival madrileño. Pero, como siempre, quien no se consuela es porque no quiere. Una sala como Arena, con todo lo deficiente que es, da cobijo a los artistas que pueden convocar a menos de mil personas mientras que Aqualung parece que, el año que viene, mejorará su programación haciendo algo de competencia a La Riviera. A ver si con ello salimos ganando algo.
El rock no ha estado, generalmente, a la altura de otros géneros en lo que a directos se refiere. La mayoría de los grupos que han pasado por aquí lo han hecho casi como de compromiso y la similitud entre sus espectáculos ha sido tal que el precio de los tickets ha parecido casi siempre excesivo. Rammstein, con su interminable pirotecnia, o Brian Setzer, en formato de trío con callejón neoyorquino incluido, pusieron algo de nota en un año que no ha sido demasiado generoso con los más guitarreros. Backyard Babies, quienes al paso que van van a tenerse que afincar aquí, son el grupo que mejor expuso en vivo lo que el rock puede dar de sí al subirse a un escenario. Menos mal que, a la hora de escribir esto, aún quedan por tocar, entre otros, Zen Guerrilla y Dictators, bandas que, si por algo se caracterizan, es por tener un directo incendiario. En el aspecto patrio, sin embargo, han sido los rockeros quienes mejor se han defendido. Y eso que estamos hablando de un año en el que el jazz y el flamenco han tomado un impulso esperanzador y que muchas salas y festivales ya no emiten esa sensación de "integrismo" que les hacía, únicamente, albergadores de tal o cual estilo. Lamentablemente, en Madrid no tenemos tantos sitios como para tener "especialidades".
Así, Rosendo en La Riviera, o Burning en Revólver, cuajaron actuaciones estupendas que continúan consolidando al primero y reimpulsando a los segundos. Rosendo está mejor cada año, mientras que Johnny y los suyos parecen haber salido finalmente del pozo en el que aterrizaron tras la pérdida de Pepe Risi. Por otro lado, y dentro del circuito de salas pequeñas, no puede sino destacarse la despedida de Aerobitch, una banda que ha dejado jirones de piel en la carretera y que dio por acabada su trayectoria en un emotivo concierto celebrado en Gruta 77, sala que ha realizado este año una programación de lo más loable. Y, si unos se van, otros vienen. Si el año pasado se destacó aquí el debut discográfico de Lois Lane, éste no podemos sino hacernos eco de su poderoso directo. El grupo, si bien es aún novel y con pocas tablas, cuenta para sus actuaciones con algo que todas las bandas deberían de cuidar desde sus primeros bolos: un sonido impecable. En Madrid, y dentro de una gala ofrecida por un portal de Internet (elfoco.com), se pudo disfrutar de ellos y comprobar la posibilidad de crecimiento que tienen. Esperemos que sus componentes tengan paciencia y que estén bien dispuestos y preparados para cuando tengan su oportunidad. Los mejores conciertos internacionales George Clinton. Galapajazz Los mejores conciertos nacionales Burning. Revólver. 10 de marzo
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