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Babylon Chát tienen ya listo su tercer disco y vendrán a Madrid en diciembre. Octubre 2001

"Es maravilloso estar en un grupo así"

A la hora de hablar de música muchos caen en los tecnicismos. Buscan la etiqueta original o la última tendencia, la ropa de marca o el teñido fashion, el sampler más moderno o el home studio... Otros, sin embargo, siguen creyendo que el rock'n'roll es una forma estupenda de expresarse. Siempre, claro, que lo que quieras expresar sea diversión en estado puro, sin opiniones sociales, causas perdidas o aspiraciones de héroe. Los asturianos Babylon Chát son de ésos.

¿Un estilo en extinción? Es posible. Tropezarte ahora con el rock es, en muchos aspectos, un ejercicio de ideología o de talante intelectual. Los más urbanos luchan contra la globalización con letras desesperadas y temáticas de perdedor, los heavies buscan leyendas foráneas de guerreros cachas para poder hacer portadas que imiten a Richard Corben, quienes miran a Estados Unidos se conforman con la tranquilidad que da el que el ruido siempre encontrará un público "a la última" y quienes prefieren fijarse en Gran Bretaña ya ni siquiera hacen rock porque "no se lleva". Casi todos los grupos surgidos en los noventa se olvidan que este estilo nació con el objetivo básico de divertirse y molestar a los mayores: ahora resulta que los mayores son la "escuela" del rock y que sus hijos les molestan escuchando cualquier otra cosa.

Parece el devenir lógico de la historia. Hace cincuenta años un chaval se colgaba una guitarra eléctrica y ponía su amplificador a todo volumen con la ilusión de molestar a todo el vecindario. El barrio entero se tapaba los oídos señalando a la casa maldita de la que salía el ruido y empezaba a proferir insultos contra aquel individuo que, además, tenía una pinta de lo más rara, a medias entre masón, comunista, maricón y paleto. Con el tiempo los modelos cambiaron: los rockeros pasaron a ser sinvergüenzas cerveceros que no se lavaban el pelo nunca y que se metían con calzador en vaqueros de pitillo. Fuera como fuese, el rock tenía adosada la imagen de rebeldía, de ir a la contra y de molestar a lo establecido.

Todo aquello se fue al garete con los noventa. El rock cogió tal respetabilidad que no se diferenciaba en nada de cualquier otro estilo musical que hubiera nacido en el siglo XX. Directores de banco compraban discos de AC/DC, Dylan tocaba delante del Papa y los Stones salían más en la prensa por sus divorcios que por su producción musical. El líder de U2 era elegido para representar el movimiento antiglobablización, multitud de grupos reivindicaban la dictadura religiosa del Tíbet y bandas como Metallica consideraban diablos a los chavales cuya ilusión era escuchar su música aunque no pudieran pagarla.

No. El rock ya no tenía nada de rebeldía. Incluso la élite del estilo se comenzaba a tornar tan intransigente que de sus bocas sólo salían impertinencias ante aquello que no conocían y que no tenían el mínimo interés en conocer. En España la cosa no fue demasiado diferente: los gurús de la comunicación que hablaban o escribían sobre rock se arramplaban en sus asientos negando cualquier oportunidad a los chavales jóvenes y promocionando sin ningún motivo a bandas aburguesadas que les invitaban a sus conciertos, los grupos nuevos sólo se unían si tenían una inquietud social o querían copiar a una banda americana y los conciertos de los grandes artistas son patrocinados por compañías expertas en realizar contratos basura.

Sin duda alguna, el rock ya no es una manera de vivir, pero... ¡es que ya parece que ni siquiera es un modo de divertirse! Afortunadamente, de vez en cuando surge alguien con ideas tan viejas que terminan convirtiéndose en nuevas. Los asturianos Babylon Chát son unos de ellos.

Ya tenían dos discos en la calle: "Sex shop" y "Hotel adicción". En ellos se podía descubrir a una máquina de sudar cuya mayor ilusión era ser estrellas de fantasía. El glamour era más importante que la moda y la actuación estaba muy por delante de la coherencia. Parecía mentira: era rock en estado puro, sin etiquetas de mercadotecnia ni virtuosismos de conservatorio. Diversión juvenil y desvergonzada.

En breve pondrán en la calle su tercer... ¿trabajo? Lleva por título "Bailando con Brando" y es otra colección de piezas absolutamente recomendables para quienes aún puedan mover los pies con este tipo de música sin analizar detalladamente si el canal izquierdo de su amplificador genera frecuencias no deseadas. Las guitarras huyen de cualquier cosa que no sea entusiasmo y su vocalista es de los que se molesta en decir las letras para que puedan ser entendidas. Rítmicamente son un salón de baile en el que se reniega de cualquier cosa que vaya más allá de los cuatro acordes. Y encima cantan en castellano, dicen barbaridades, les gusta el sexo y llaman la atención por la calle por la forma en que van vestidos. Es como entrar en el túnel del tiempo y disfrutar de lo bueno que tuvo el pasado (no siempre fue mejor, por más que se diga).

Escuchar "Bailando con Brando" es observar la herencia del rock español que no quería otra cosa que divertirse, aquél en el que las letras hablaban de golferías y novillos escolares. No era el rock que hacía letras sobre la libertad con palabras que siempre acababan en "on" ni el que inventó el concepto "estatal": éste es de los que se disfrutaba en los billares, marcaba paquete y usaba gafas negras.

Uno rejuvenece cuando va a un concierto de Loquillo y se encuentra descolocado ante un público casado y con familia, vestido en El Corte Inglés y con el coche durmiendo en el parking. Se siente vivo cuando ve aparecer a cuatro individuos capaces de tocarle el culo a todas las chicas del local aprovechando que sus maridos no ven "políticamente correcto" el darles un puñetazo. Provocadores natos con la única intención de divertirse y reírse de la vida, Babylon Chát acompañaron al

Loco" en muchas de sus fechas de la última gira y descolocaron al personal dándoles exactamente lo que, en teoría, iban a buscar: desenfado, transgresión, canciones tarareables y energía juvenil. "¿Sabes que tenemos el record de conciertos suspendidos? "--dicen los miembros de la banda con un deje de orgullo--" A veces son los promotores quienes se asustan. Sinceramente, creemos que no es para tanto, aunque en Madrid salimos vivos de milagro. España es un país divertido, saleroso y con mucha marcha, pero lleno de prejuicios y un pelín intolerante, en especial si eres mayor de treinta años, llevas tupé desde los quince, tu discografía se compone de un recopilatorio de Eddie Cochran, uno de Los Rebeldes y uno de Loquillo y nunca has oído hablar de David Bowie . Al rock'n'roll, y en especial a Babylon Chát, se les ve en este país un poco como sí fuéramos el diablo. Es la herencia de cuarenta años del amigo Franco".

¡No!, añado. Quienes no aprecian a Babylon Chát no son herencia de una dictadura. Más bien al contrario: son quienes se hacen viejos prematuramente y que, cuando murió el maldito, apenas tenían pelos en el bigote. Quienes se quedaron en el "Made in Japan" y prefirieron envejecer enclaustrados entre cuatro discos de vinilo al mismo tiempo que se casaban por la iglesia y se apuntaban a un plan de pensiones. La intolerancia en el rock viene de los propios rockeros hechos momias, quienes prohiben a sus hijos lo mismo que ellos reivindicaban a su edad.

Si en el cine aún existen "películas para adultos", está claro que la música de este cuarteto no es para quien presume de haberse convertido ya en persona respetable.

El segundo álbum de los Chát trajo consigo un amplio reconocimiento. O así debe entenderse la multitud de conciertos dados y la cantidad de botellas lanzadas al escenario en sus actuaciones. Igor Pascual, Ricardo Saavedra, Héctor Tuya y Javier Logares (nuevo batería que sustituye a Gabriel Cuesta) no quieren, a estas alturas, ser estrellas del rock: "Lo somos desde antes de que publicáramos nuestro primer disco. Ahora esperamos serlo con una cuenta corriente muy, pero que muy, brillante. Después de las copias vendidas, darnos a conocer y pisar un montón de escenarios, hay buenas expectativas".

La mayor pega que se podía tener ante sus discos anteriores era el hecho de que, con actitud, no está todo hecho. No es necesario ser un virtuoso, pero, cuando menos, sí hacer los honores debidamente a la hora de abordar los instrumentos: "Tocar muchísimo en directo hace que te compenetres muy bien con el resto del grupo y que adquieras la seguridad que los ensayos, a veces, no dan. De todos modos, ese trabajo se tiene que complementar con la práctica: acordes, escalas, tocar sobre discos... No es algo que nos requiera sacrificio: es un placer hacerlo", comentan sobre su progresión como instrumentistas en el último año. Esa progresión es lo que, en teoría, debe notarse en "Bailando con Brando", un disco que respira frescura en las canciones y que ha contado con la producción de David de la Torre, encargado de poner en orden todo el colapso desenfrenado que el cuarteto lleva allá por donde pasa. "¿Con el productor? Bien, hombre. Los productores son buenas personas hasta que se empiezan a creer que son más importantes que los artistas. Este no sólo se lo creía, sino que, además, lo era. Ya ves... Nos tiramos un mes divertidísimo con él encerrados en los estudios M-20 grabando, mezclando y sacándole brillo a nuestra colección de guitarras".

Superar "Hotel adicción" es algo que sólo podía hacerse desde el plano técnico habida cuenta que mejorar el ingenio y la macarrería de aquél era algo poco menos que imposible: "Las canciones están mejor en éste que en aquél, tío. Así de simple: son mejores y eso basta. Podríamos decirte que la temática no es tan unilateral, que la producción resalta más algunos aspectos que en el anterior estaban ocultos, que sí... bla, bla, bla. Pero lo mejor es que hay canciones. Y punto". ¿Canciones? Trece. Y buenas, sencillas, directas, cargadas de una melodía de lo más evocadora. "Nos encanta que digas que 'Las chicas del Roxy' te recuerdan a Burning. En serio. Escuchamos muchísima música de artistas ingleses y norteamericanos, pero entre nuestras preferencias hay grupos nacionales que a veces tienen tanto o más que comunicar como cualquiera". La referencia es obvia. Si lo primero que te viene a la cabeza cuando ves a Babylon Chát es toda la pléyade glammie británica de los setenta, en las canciones del nuevo "Bailando con Brando" se respira el ambiente callejero de los chicos de aquí, esas guitarras que heredaban más de Chuck Berry que de Pete Thownshed y esos textos de barrio que raramente comprendería un extranjero. Con todo, los Chát disfrutan como nadie del legado del carmín y las lentejuelas. En sus nuevas piezas no dejan de lado los guiños mitómanos ni los esquemas glamourosos. "Las dos canciones más T.Rex que hemos hecho nunca ('Camaleón' y 'Cara de ángel') están en este disco, aunque es, quizá, en el que hacemos un rock'n'roll más clásico", afirman.

Quede claro, de todos modos, que el cuarteto no se ha ofuscado en mantener lo exhibido en "Hotel adicción". El nuevo álbum tiene mucho más de nuevo que de ya recibido, y eso es totalmente intencionado. "El sonido no está ni más ni menos trabajado que el anterior: es, simplemente, diferente. No podemos utilizar el mismo sonido en canciones que no tengan nada en común y no tenemos ninguna intención de volver a grabar el mismo disco otra vez. 'Hotel adicción' ya está grabado y punto. Sólo nos preocupamos de que las canciones sean suficientemente buenas y, puestos a ello, podemos escribir igual de bien desde temas de punk hasta una balada. Nos apetecía variar... ¿No sabes que después del Sábado Noche llega el domingo de resaca?", afirman señalando también, respecto a los textos de las nuevas canciones, que "no queremos caer en la autoparodia. Preferimos sorprender y alejarnos de lo que se espera de nosotros. Puedo salir y enseñar mi polla , pero sólo tiene gracia si no te lo esperas. Si mañana esperas que te saque la polla... pues lo más seguro es que te enseñe mi cerebro. Es necesario jugar un poco, ¿no crees?"

Evidente, en ello está el encanto.

El objetivo "artístico" del disco está más claro que el agua: "Queremos arrebatar a Sonia y Selena y a toda esa chusma sus malditos números uno. Buscamos ser el número uno en todo. No tiene sentido aspirar a menos y vamos a vivir de esto de una puta vez. Estamos seguros. Somos demasiado buenos para ser ignorados. Nuestro talento, además, nunca pasa desapercibido", afirman los asturianos, aunque dejan claro que "vivir de esto", en su caso, no coincide con la opinión habitual de los músicos de este país: "Seremos claros y sinceros: lo que pretendemos es hacernos millonarios: lucrarnos, malversar fondos, comprar el perdón del cielo... Es tan divertido pagar en efectivo...".

El disco tiene algunas sorpresitas escondidas, aunque quizás no es ésa la palabra adecuada para describirlas. Se trata de guiños continuos, de imágenes de icono que retratan de un modo claro y evidente los gustos de esta panda de salvajes. El título del álbum, por ejemplo: "Nos encanta como suena: es muy evocador. Repítelo y fíjate: 'Bailando con Brando'. Aaaaahhhhh. Es un título precioso... La imagen de Brando representa demasiadas cosas que nos gustan como para olvidarlas: rebeldía, sexo, talento...".

Otro de los guiños es la versión que hacen del "Vicious" de Lou Reed, trasladada al castellano con el título de "Viciosa". La obtención del permiso pertinente para poder incluir el tema en el álbum ha retrasado un poco su próxima aparición en el mercado, prevista para mediados de octubre. "Es el tema que más nos gusta del viejo Lou, pero, como su versión es insuperable, decidimos llevarla a nuestro terreno y hacerla en castellano. Creemos que, realmente, nos ha quedado muy personal. Además, la voz del Loco contribuye a realzarla. Es, sin duda, una de las perlas del disco", comentan. Cuando se refieren al

Loco

hablan, lógicamente, de Loquillo. El coincidir en tantos escenarios durante la última gira ha proporcionado un recíproco sentido de admiración y, afortunadamente, el cantante catalán es aún más joven de mente que muchos de sus seguidores: "fue un momento increíble, casi mágico. De verdad que todavía no nos lo creemos. Además escribe la letra de las 'Las chicas del Roxy'. Ha sido un honor para nosotros".

El resto del material del álbum es de su autoría, "no como el anterior, que todo estaba prácticamente plagiado si exceptuamos los solos de guitarra de Héctor, que los hizo el solito y sin ayuda", bromean.

Como músicos invitados han contado también con Carlos Tejerina para los saxos y Chus Neira, que se ha encargado del piano y el órgano Hammond. "Todos los arreglos son idea nuestra, baby. Aún nos quedan neuronas para crear nuestros propios arreglos, aunque esperamos que, para el próximo, alguien se encargue de eso. Así pensaremos todavía menos". El cambio que ha supuesto el reemplazo del batería tampoco les ha supuesto mayor problema. Más de uno puede confundirse al ver a un personaje nuevo en la portada de "Bailando con Brando": "Somos como Kiss. El maquillaje permite cambiar los miembros sin que pase nada en absoluto. A veces Igor ni canta, le sustituyen: es genial. Si tenemos que hablar en serio diremos que Javier ya hizo la última parte de la gira con nosotros. Es un batería increíble y el resultado ha sido inmejorable".

Baza segura en esta banda es su presencia en directo. En Madrid tocarán el próximo 13 de diciembre en El Sol y, como suele ser habitual en los conciertos de este grupo, más de uno y más de dos personas del público se sentirán algo... "molestas" por lo que reciban. "La gente, habitualmente, se molesta sola; es tan fácil molestarles... "--afirma Igor--". A veces me desespero... ya no sé que decir para que no se ofendan. Estoy por pasarme la siguiente gira con la boca cerrada, aunque no te preocupes, cariño: nuestro directo sigue en plenitud de facultades, como siempre".

Lo de "como siempre" suena a poco. Si la última vez que tocaron en Madrid el grupo consiguió irritar a todo el público que pagó por ver a Loquillo, lo lógico sería que, en esta ocasión, mostraran su crecimiento labrado en base a la enorme cantidad de conciertos ya ofrecidos. Los miembros de Babylon Chát nos tranquilizan: "El directo es una buena manera de crear una base de fans. Date cuenta que hemos trabajado muchísimo, no nos hemos quedado en casa con los brazos cruzados esperando a que nos aplaudan por inspiración divina; no somos esa clase de banda . Además, nuestros conciertos no suelen pasar muy desapercibidos. De momento ha sido nuestro principal medio para darnos a conocer, pero he de reconocer que, sí quieres una gran masa de fans, necesitas entrar en la televisión o en la radio, en especial si eres una banda como Babylon, que no encaja en ninguna escena".

Dado que la radio o la tele están aún lejos de sus posibilidades promocionales (no me imagino a una banda como ésta tocando en "Música sí") lo más favorable es utilizar Internet a fin de tener actualizada a la gente de todo lo que rodea a la banda. "Ahora mismo nos están haciendo una página preciosa, de verdad. Suponemos que a la salida del disco estará terminada e informará a todo el mundo de los conciertos y actividades varias del grupo. Tenemos que reconocer que todo el tema de Internet, los teléfonos móviles etc... han llegado muy tarde a nosotros. Estamos en fase de adaptación al siglo XXI".

Lo dicho: no todo lo del pasado fue mejor, pero ciertas cosas son dignas de ser admiradas y revitalizadas. Los Chát lo hacen con el espíritu más genuino del rock'n'roll y no necesitan para ello estar al cabo de la calle en lo que se refiere a las tendencias de estratosfera. Cuando se les pregunta si hay algo en su nuevo disco que no hayan podido hacer por algún tipo de problemas, sólo señalan: "Nada. Hacemos los discos que queremos. No tenemos problemas de dinero, ni de tiempo, ni de creatividad... Es maravilloso tocar en Babylon Chát".

¿Hay alguna forma más lógica de tomarse el rock?

E.P.

Babylon Chát. "Bailando con Brando". Avispa

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