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Antonio Vega regresa al panorama discográfico tras tres años de silencio

El chico de las estrellas

Personaje peculiar, sin duda. Si bien su obra es tremendamente limitada y su repercusión en ventas nunca ha sido sobresaliente, su figura constituye todo un emblema para quienes vivieron como protagonistas la época de la movida madrileña. Primero en Nacha Pop, y después en solitario, Antonio Vega se ganó una enorme reputación como autor que nunca se vio reflejada ni en su popularidad ni en éxito. La mayoría de la gente sigue considerándole exclusivamente el autor de "Chica de ayer".

El, de vez en cuando, se desquita. Pero muy de cuando en cuando. Una vez roto Nacha Pop debutó en solitario con "No me iré mañana", allá por 1991. Su siguiente entrega se retrasó tanto que, entre medias, se publicó un recopilatorio ("El sitio de mi recreo") y un álbum en el que Antonio se veía homenajeado por muchos de sus compañeros de quinta ("Ese chico triste y solitario"). Hubo que esperar hasta el 94 para que, con "Océano de sol", volviera a realizar un disco entero y la continuación no llegaría hasta otros cuatro años después ("Anatomía de una ola"). Sin embargo, su escasa producción, no ha podido oscurecer su figura, alabada hasta la saciedad por quienes le consideran el único compositor realmente válido de los que dio la generación de la movida madrileña.

Eso ha generado que, a su alrededor, haya surgido tanta literatura como pocas canciones. Su época en Nacha Pop y su autoría de "Chica de ayer" hicieron zarpar un barco en el que Antonio Vega aparecía siempre dibujado como el capitán juvenil colgado de sueños que destilaba cariño entre los que le conocen.

Ahora tiene cuarenta y tres años y lejos quedan los tiempos de su mayor fama. Dejó colgadas dos carreras para ser piloto, pero tampoco consiguió volar. Durante la mili construyó su canción más clásica y, al grabarla con un grupo que formó con su primo Nacho, se convirtió en el santo y seña de uno de los movimientos más apasionantes que ha vivido Madrid a nivel cultural. Sin embargo, todo se quedó ahí ya que los posteriores trabajos de Nacha Pop pasaron por las tiendas sin pena ni gloria. En el 88 se dio carpetazo al asunto consiguiendo, curiosamente, que el álbum grabado en sus conciertos de despedida fuera el único que obtuviese importantes cifras de ventas.

Tras tres años sin saber de él ahora reaparece con "De un lugar perdido", un disco en el que se puede apreciar su calidad como compositor y, al mismo tiempo, su gusto por el detalle y por lo sutil. Obviamente, el disco supone un paso más en su carrera en solitario y nada tiene que ver con su época juvenil. Lastrado en sus letras por sus pasiones astronómicas o por sus peculiares vivencias, Antonio consigue calar mucho en quienes disfrutan con su manera de expresarse, si bien, por las mismas, resulta lejano para otro tipo de públicos más jóvenes que ven en él un mero icono de otra época más propia de sus padres que de ellos.

-- Ha pasado mucho tiempo desde que apareció "Anatomía de una ola", y aquél llegó también muy separado de "Océano de sol". Parece que tus plazos de composición son mucho más largos de aquéllos a los que estamos acostumbrados...

-- "Me gusta pensar que los discos tienen un tiempo de vida que no tiene por qué ser menor de un año. Además, si es un disco apetecible, ese plazo debería ser, por lo menos, de año y medio o dos años. Me resulta doloroso ver como algunos mueren o están incluso sentenciados a no vivir ni siquiera un año. Pienso que los discos han de tener carga suficiente como para obtener una vida prolongada. Por otro lado, tampoco soy muy prolífico componiendo: no es que tarde tiempo en componer, sino que consigo las canciones muy espaciadamente. Alguna vez me ha sucedido que me pongo una noche y al día siguiente tengo una escrita, como en un parto o un vómito, entera. Lo que ocurre es que hasta que vuelvo a tener otra pasa un mes o dos. Suelo juntar ocho o diez canciones cada año y medio o dos años y es entonces cuando llego a dar el visto bueno y pasar por la criba suficientes para grabar un disco. Es mi forma de trabajo: me he acomodado a eso y no me gusta grabar de manera frenética. Recuerdo mi primer contrato con Hispavox que me obligaba a grabar un disco por año y era terrible, con la sensación de urgencia que suponía acabar uno y empezar a pensar en otro. También tengo que admitir que, aunque me gusta el plazo de año y medio o dos años, a veces se prolonga más de lo que desearía".

-- ¿Qué novedades musicales te has planteado en "De un lugar perdido"?.

-- "A nivel musical es más escueto a la hora del arreglo o del detalle, pero, quizás, más rotundo que el anterior. En términos guitarrísticos es evidente que hay menos fraseos, menos notas ejecutadas en forma solista, pero muchas más utilizándola como instrumento de arreglo genérico para formar entramados. Así como 'Anatomía de una ola' se sustentaba básicamente en los teclados que luego cedían espacio a las guitarras y a los detalles, en esta ocasión he querido volver a la idea de 'No me iré mañana', mi primer disco en solitario, donde ese peso lo sostienen las guitarras y éstas son las que dan paso a otros estímulos armónicos. También son nuevos esos jugueteos con formas musicales que no han sido muy propias mías en canciones como 'Horizons' o en el reggae que hacemos con un acercamiento a compases jazzísticos. Ha sido una forma de hacer sin miedo, de reflejar todo lo que me gusta: una escuela y un aprendizaje que, para mí, ha sido una gama amplia de estilos y formas".

-- ¿Y a nivel de letras? ¿Tú dirías que te reflejan?

-- "Las letras siempre han tenido en mi obra un carácter autobiográfico y autorretratista. Me gusta que sea así porque me encanta la descripción de mundos propios, de fantasías personales e ilusiones perdidas o recobradas. Es una forma personal de trabajar en el aspecto textual de la música. Después de las primeras letras con Nacha Pop, en las que hablaba de forma ingenua y desenfadada de temas banales o livianos pertenecientes a mi mundo propio o a un entorno que observaba con curiosidad y con disposición para extraer de él lo que pudiera, me fui guiando hacia un camino involutivo encontrando el filón o el lugar de donde extraer, de donde hallar esas conclusiones o esa recapitulación de todo lo que me venía rodeando, motivando o estimulando. Las letras han sido lo más personal e intransferible de mi música y la herramienta de entrega más sustancial".

-- "De un lugar perdido" lo ha producido Nacho Béjar, pero creo que la idea primera era que se encargara de él Alejo Stivel...

-- "Se planteó la posibilidad de que él lo produjera, pero yo tenía en la cabeza lo que quería y con qué gente contar para conseguirlo y acercarme a esa idea. Grabé en el estudio de Alejo, aunque él no estaba allí porque tenía un compromiso en Nueva York y no pudo viajar de vuelta a España. Hice una sesión relajada y tranquila, pero no llegué a tener un contacto con él cara a cara: sólo hable por teléfono para grabar en su estudio".

-- ¿Cómo piensas presentarlo en directo? La última vez que tocaste en Madrid lo hiciste en el Palacio de Congresos, un sitio donde la gente está sentada y no se puede ni beber ni fumar. ¿Te gusta ese tipo de lugares para tocar?

-- "A la hora de presentarlo sí, porque me gusta poder ofrecer el máximo de detalles en ese momento. Lo que ocurre es que un concierto es sólo una sesión y más allá de ella solamente queda lo que hayas podido conseguir, no hay más sesiones ni más posibilidades de poder seguir ofreciendo a la gente detalles y detalles. Me gusta que en ese momento haya cierta serenidad sin perder el calor del entusiasmo que te pueda llevar a ponerte en pie encima de las butacas. Creo que, ateniéndome al carácter genérico del público que me sigue, gente con disposición a quedarse con los detalles, siempre expectante y que sólo a posteriori cede paso al entusiasmo desbocado aunque sin ser demasiado enloquecida, el Palacio de Congresos es un sitio idóneo. La gente vibra de forma muy emocionante sin llegar a ser algo incompatible con el patio de butacas".

-- Siempre que se habla de ti es inevitable referirse al autor de "Chica de ayer". Incluso en la nota de promoción que acompaña este disco es el primer título que aparece. ¿No estás un poco harto de eso, de que prácticamente no se hable de ninguna otra de tus canciones?

-- "Harto no sería la palabra, pero pienso que sólo fue, en definitiva, una canción que, contra todo pronóstico, ha resultado convertirse en un clásico del pop español. No dejo de reivindicar otras canciones y otras historias que para mí tienen incluso más valor, más peso específico, y me gustaría que no dejaran de tenerse en cuenta, sobre todo por el hecho de no mediatizar a la gente, de no poner siempre a 'Chica de ayer' como estandarte de mi producción musical. Si uno quiere adentrarse en mi obra ha de conocerla de forma obligada, pero eso ocurre también con otras canciones".

-- ¿Sabías que Gigolo Aunts han hecho una versión de ella en inglés?

-- "Sí. Escuché la versión en televisión y me gusta bastante. Es una forma muy cachonda, joven, desenfadada y atrevida de hacerla. Me gusta porque tiene ese sonido de pop americano, con un poco de garage con esas guitarras tan características. El hecho me impone porque, quieras que no, es un grupo americano que hace pop y que se ha quedado con esa canción y no con otra. Han hecho una traducción literal de la letra: puedes seguirla en castellano leyéndola en inglés".

-- Probablemente lo que ocurre es que "Chica de ayer" ha quedado asociada de por vida a lo que significó la movida madrileña. Al fin y al cabo, fue una época muy... animosa para todo...

-- "Animosa con su doble juego. Yo la recuerdo con mucho cariño y satisfacción porque había una disposición a conocer, a descubrir... Era como una época en la que te identificas y reconoces, un estado de percepción importante y satisfactorio. Cada día descubría cosas nuevas hasta en el detalle más tonto y estaba en un estado de percepción enorme. Era como sentir que te hervía la sangre: había necesidad por vibrar, por vivir intensamente. También fue el momento en que di el paso al escenario y por eso es una referencia fundamental para mí y un pilar en el que se sustenta mi filosofía de las cosas, hay un antes y un después de aquello. Lo recuerdo todo como muy bonito y me dio la oportunidad de vivir una juventud intensa y llena de altibajos e inquietudes".

-- ¿Qué queda ahora del Antonio Vega de aquellos años?

-- "Toda la vida de Antonio Vega está incluida en la del Antonio con el que hablas ahora. Aquel Antonio está aquí aunque el tiempo hace madurar, erosiona y te hace ir y venir, rectificar y modificar. Aquella directriz permanece ahí y en torno a ella se han ido añadiendo elementos que han podido aportar en unas ocasiones y distorsionar en otras. De todos modos, aquel entusiasmo permanece, aquel pisar fuerte sin mirar dónde. Es la clave de ese mecanismo de autentificación, de compensación de máximos y mínimos, de la mecánica de la vida, de la actividad. De sentirte vivo".

-- El tiempo ha pasado para los compositores, pero también para la música. ¿Has seguido la evolución musical en estos años o te has encontrado desmarcado de esa carrera?

-- "En muchas ocasiones me he encontrado desmarcado. Por las circunstancias de ser compositor llegas a desmarcarte y seguir un camino trazado por tu propia creación musical. Te apartas de los movimientos, de las imposiciones del mercado, y dejas de pertenecer o hacer el juego a esa evolución. Lo que ocurre es que lo que llamamos 'evolución de la música' está muy mediatizada, dirigida y falseada. No hay una evolución natural en sí; es como si te dejaran hacer pero acortando siempre los márgenes de lo que quieras innovar o sorprender. No puedes ir más allá de los límites impuestos por las necesidades del mercado o por esa trama de lucro. La evolución musical ha hecho de la música algo en ocasiones muy pequeño. No hay una evolución en toda su amplitud en la que puedas encontrar qué camino ha tomado el jazz, el pop más puro, el funk o el soul. Parece que se ha ceñido todo a una especie de híbrido que es el que evoluciona. como efecto de la imposición del mercado y los intereses creados".

-- Tú eres de esos personajes que se suelen denominar "de culto". Nunca has vendido muchos discos, nunca has tenido un éxito masivo... Pero, sin embargo, la crítica te adora y cada uno de tus pocos álbumes es ensalzado de una manera enorme. ¿Por qué crees que sucede eso?

-- "Estoy muy agradecido por ello y nunca dejaré de estarlo hasta el último día de mi vida. Por el respeto del que disfruto, por la sensación de estar cuidado o arropado, por esa predisposición a arroparme o a perdonarme muchas veces... Parece que se me pueden perdonar muchas historias demenciales de mi vida porque hay siempre algo más valioso, que son mis canciones. Procuro no dejar de sentirme la persona que soy, un ser humano que pisa la tierra con sus zapatillas deportivas y que no pretende ir más allá de realizar sus inquietudes o sus sueños. Para mí es importante no defraudar ese respeto y no decepcionar a quienes me apoyan de esa forma incondicional. En cuanto a lo de músico de culto sí es cierto que por las características humanas de mi persona o por la figura que se ha podido hacer la gente a través de mi obra tengo sobre mí como un halo de malditismo que lleva a esa imagen. Yo no me he considerado un maldito para nada; creo, incluso, que soy un pequeño ganador con todo lo que hay que perder para, en un momento dado, ganar. Soy una persona muy sensible que se ha visto presa, a veces, de su propia sensibilidad o de su propias emociones, pero con 'Anatomía de una ola' inicié un camino positivista cien por cien que invita a la sonrisa y a la esperanza de tal manera que se puede encontrar un Antonio que nada tiene que ver con el maldito de culto o que, por lo menos, amplia su jurisdicción hasta lo más anecdótico o amargo".

-- Hay ciertas cosas que colaboran con ello, quieras o no. Desapareces del espacio artístico durante períodos muy largos en los que no se sabe nada de ti y eso hace que mucha gente que te conoce se preocupe...

-- "Ocurre que siempre he despertado rumores, dimes y diretes, y que de la persona que menos se sabe es de la que más se dice. Me he encontrado con cosas tremendas y terribles que la gente parece haber llegado a concluir por no saber de mí o por tener una sola información. Al no tener información, muchas personas piensan que las cosas han tenido que evolucionar de tal manera o que deben de seguir igual que cuando oyó algo la última vez. El enredado negro que se ha podido formar en algún momento de mi vida en torno a las drogas también lleva a pensar de todo. Yo tampoco soy muy amigo de dar explicaciones y levantar la voz o el dedo para ofrecer un parte patológico o humano de cómo estoy y cómo me encuentro. Es una cuestión personal que queda reflejada en las canciones y en la obra. Ese es uno de los fines últimos de mi creación musical: el reflejarme y el darme a conocer a través de ella".

-- Una de las cosas que va asociada a tu figura o a tu persona es tu pasión por la astronomía. En "De un lugar perdido" vuelve a aparecer ese tema...

-- "'De un lugar perdido' está relacionado con eso, pero de un modo muy poético, ya que cuenta una historia que he escrito y que me gustaría que tomara forma de libro o de cuento: 'La leyenda de los hombres'. El punto de partida es el momento en que la tierra empieza a ser un planeta arrasado y el hombre tiene que buscar sitios donde establecerse y perpetuar su propia especie. Llega un momento en que está muy lejos del sistema solar y, después de millones de años, sólo el recuerdo genético o histórico despierta la curiosidad por encontrar el camino de vuelta a su lugar de origen. A su vuelta se encuentra un planeta engullido por la corona solar desprendida de la estrella y llena de testigos sordos y mudos de la civilización que habitó esa tierra hace millones de años. Cuando piensas que los dinosaurios han poblado la tierra durante doscientos cincuenta millones de años te das cuenta de que el hombre, de momento, es muy poca cosa. La tierra es nuestro hogar, pero antes fue el hogar de unos seres monstruosos que lo habitaron durante millones de años. ¿Cómo puede uno imaginarse los hombres primitivos y los de dentro de millones de años? Es racional pensar que los homínidos permanecerán por encima de su propio hábitat, creo en el hombre de dentro de cincuenta millones de años".

-- ¿De dónde te viene esa pasión por la astronomía?

-- "Yo estudie físicas y quise especializarme en astrofísica, pero entonces no existía esa especialización tipificada. Me vi desencantado y abandoné la carrera en 4º, aunque tengo muchas ganas de retomarla ahora porque me veo capacitado y con mucha ilusión. Siempre tuve un interés claro por ello y para mí resultó una alternativa que se complementa perfectamente con la música y que halla en ella una vía de estilización. Me encanta la física, la astronomía, soy estudioso de ella y he tenido la posibilidad de relacionarme con el universo y el cosmos, conocerlo y compartir muchas pautas de conocimiento con otros grandes maestros. Es algo con lo que estoy relacionado permanentemente y otro aspecto de mi vida además de la música".

-- Para una persona así supongo que serán apasionantes los avances y adelantos tecnológicos que se están dando en los últimos años...

-- "Apasionantes. Procuro mantenerme informado y actualizado y estoy suscrito a montones de publicaciones que me mantienen al día. La verdad es que me entusiasma. Me gusta coger mis libros, estudiar los porqués de cada cosa, trabajar en la evolución y el conocimiento científico, aportar mi pequeño granito de arena a todo ello aunque sólo sea en forma de estudioso del tema".

-- Supongo que, con ese interés, la idea que tuvieras de crío de lo que querías llegar a ser sería bastante diferente a lo que eres hoy realmente...

-- "Cuando era pequeñajo tenía en la cabeza notas que volaban. Yo quería ser, por encima de todo, algo que llamaba 'ingeniero de tubos de respirar'. Tenía obsesión con lo que eran los tubos de respirar. Pensaba que se podía inventar en torno a eso: significaba el puente entre el medio humano que te permitía meterte a tus anchas en otro medio, como el agua, sin dejar de tener cerca la referencia del medio propio. Era curioso: me gustaban todo lo que eran ingenierías técnicas o las áreas de invención o de descubrimiento científico. Quería ser astronauta de pequeño y ahora me gustaría ser astronauta de mayor. Es un sueño bonito que permanece ahí y que me gusta alimentar, quizás por la posibilidad de haberlo podido llevarlo a cabo. Podía haber dirigido mi vida por esos derroteros que siempre he considerado una alternativa seria porque siempre fui muy deportista, muy atleta. Tenía una capacidad deportiva muy grande y, realmente, me veía dispuesto a llevar a cabo esa gran empresa que podía ser ir al espacio. Llegó a ser algo importante y serio para mí. Por las circunstancias de la vida me conformé con el estudio y por eso sigue viva esa quimera, constatar por mí mismo sobre el terreno todas esas cosas que aprendí e imaginé".

E.P.

Antonio Vega. "De un lugar perdido". Chrysalis

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