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Los Secretos

Teatro Coliseum. 9 de abril de 2001

Lo admito. Yo pensé que un homenaje a alguien fallecido era otra cosa. Tal vez ni siquiera eso. El caso es que, asistiendo a uno de los dos conciertos que ofrecieron Los Secretos que quedan en Madrid como fin de gira en homenaje a Enrique Urquijo, me sentí fuera de lugar y fuera de contexto. Supongo que esto es como las cosas que salen en la tele, esos espectáculos en los que "famosos" o "populares" asisten a ceremonias en las que todos se dan besos y abrazos y en las que, al mirarlas, te preguntas quién será quién y a qué deberá su fama.

El Coliseum estaba abarrotado para la ocasión y se había prometido la presencia de varios de los artistas que participaron en el disco de homenaje que se hizo a Enrique poco antes de las Navidades. Por el escenario pasaron Jose María Granados, Javier Urquijo, Carlos Tarque, Ariel Rot, Nacho Campillo, Teo Carralda, Sabina y Manolo Tena. Para mí era como asistir a un acto de aristocracia dado que, desde que esta revista saliera en 1993, me he topado con muy poca de esta gente. En muchas ocasiones sus discográficas ni siquiera nos mandan sus discos argumentando que "esto no es para vosotros" y, en contadas ocasiones, cuando hemos querido hablar con alguno de ellos (exceptúo el caso de Ariel), siempre nos han obviado. Me llamó la atención especialmente el caso de Carlos Tarque, vocalista de M-Clan: cuando nos convocó por última vez nos recibió diciendo que se iba a la cama porque había pasado una noche de juerga y que le hiciéramos las preguntas a otro. Ahora Tarque se codea con la aristocracia, con la alta sociedad, con el club de los "cientos de miles de discos". Porque eso era, al fin y al cabo, un espectáculo como el del Coliseum. Esta gente no hace un homenaje sencillo y emotivo: hace una gira entera. Como los futbolistas cuando se retiran: consiguen que unos aficionados desembolsen un buen dinero para que se lo lleve al final alguien que en un año ha ganado más que cualquiera de esos aficionados en tres vidas seguidas.

Sí. Me sentía raro cuando alguien al otro lado de la sala gritaba "¡Dabuti!" y la chica que estaba a mi vera le decía a la compañera "¿Dabuti? Qué gracioso, ¿no?". En fin... supongo que siempre ha habido clases, que aún sigue habiéndolas y que, en esta ocasión, me metí en un sitio organizado para otra que no es la mía. Me cuesta explicar mi sensación cuando, en un momento dado del concierto, todo el mundo se levanta del asiento para cantar uno de los éxitos de la noche y compruebo que, a mi alrededor, todo son chichas. Chicas con sujetador de relleno, con el pelo teñido igual y con un baile aprendido en las pantallas de "Furor". Estoy seguro que en el concierto también había chicos y supongo que, probablemente, también se comportaban igual. Ahí me ves con cara de imbécil tratando de entender qué es lo que pasaba, haciendo memoria para recordar en dónde toca Teo Carralda o si, en el colmo de mi sorpresa, iba a aparecer alguien más en el escenario.

Lo que sonó fue lo que siempre han tocado los Secretos: una colección de grandes éxitos que culminó con el "Dejamé" interpretado por todo el mundo a la vez. Entiendo que, durante el concierto, a alguien le emocionara la historia, pero a mí me pareció tan fría y organizada como cuando Enrique Iglesias participa en un "concierto solidario". No dudo de la sinceridad de esta gente cuando se pone a hacer estas cosas. Simple, y llanamente, no se dirigen a mí cuando cantan, no conectan con mi mundo (o yo con el suyo), sus letras hablan siempre de un montón de amores y desamores que yo no he tenido y su público no toma las copas en los mismos sitios que yo.

Toda una experiencia.

E.P.

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