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Raimundo Amador La Riviera. 20 de octubre de 2001 No tuvo Raimundo el día en su presentación madrileña. Tal vez fuese por el nefasto, nefastísimo, sonido de la sala (tanto fuera como en monitores), pero el caso es que la concentración y el duende parecían haber huido por la puerta de backstage. Abrieron profesionalmente con un instrumental, para ir probando la cosa, y continuaron con "Qué maravilla" y alguna canción más del último disco, pero no acabaron de cuajar por el mentado sonido. La misma suerte corrió una versión del "Jessica" de los Allman Brothers, aunque al menos pudimos ver a un Raimundo mucho más disfrutón al no tener que enfrentarse al micro y poder dar rienda suelta a sus maravillosos dedos. Pasan más canciones, entre ellas una dedicada a su amigo y director de cine Alex Calvo Sotelo, pero ni por ésas llega la suerte. La cosa se anima un poco con el recuerdo del tema "Camarón", de Pata Negra, pero casi más por el entusiasmo del público que por lo que pasa en un escenario donde Raimundo ha hecho a sus hijas protagonistas en coros y bailes. Estas no arreglan nada porque, la verdad, ni cantan ni bailan (o, al menos, no a la altura de lo que exigen las circunstancias). Llega la hora de la consabida parte flamenca y tiene que ser cortada por el mal sonido. Si esa guitarra que lució era la afamada "Gerundina" la pobre, desde luego, no tuvo suerte. A partir de aquí, bien pasado el meridiano del bolo, llegaría lo más salvable y disfrutable del mismo, un "Veneno" la mar de digno seguido de "Un okupa en tu corazón". Parece que todo suena un poco mejor. Bastante decente "Gitano de temporá", canción que daba título a su disco anterior y una de las pocas paradas que hizo en ese trabajo. Después "Purple rain" de Prince y "¡Ay qué gustito pa mis orejas!", donde se hace acompañar como invitado de Ricardo Marín, que hasta hace no mucho era miembro de la banda y que nos muestra su saber hacer con la guitarra y con su voz de falsete en la canción del "Artista". En la recta final se visita de nuevo a Pata Negra con el "Blues de la frontera", instrumental que, si no recuerdo mal, fue aprovechado para presentar a la banda: dos primos suyos (uno a la batería y otro a la guitarra española), un cubano a las percusiones llamado Amado, sus dos hijas, su hijo Raimundo --que más valía que se hubiese quedado sentadito y correctito en un segundo plano tocando el cajón en vez de hacer aquel amago de baile rap que pareció una pataleta-- y el bajista Pepe Bao, que estuvo tremendamente eficiente en todo el concierto, incluso hasta cuando cambió de instrumento con su jefe para que éste pudiese divertirse con las cuatro cuerdas. De despedida sonaron el fumeta y lejano tema de "Arrajatabla" "Bolleré", un "Rock del partido" que incluía guiños al "Smoke on the water" y un celebradísimo "Pata palo" de "Veneno", que demostró que, con un poquito de ná, se lo hubiesen podido comer todo. ¡Lástima! Otra vez será. Buitre no come Alpiste
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