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Orbital La Riviera. 23 de septiembre Se da ya por descontado que, dentro de la música electrónica, las figuras más grandes no consiguen llegar al público masivo en España. Pueden tener mucha prensa y un ejército de devotos reivindicando continuamente la modernidad de su propuesta, pero, en el fondo, ni venden discos a mansalva ni consiguen que la gente pague por verles. Hoy por hoy, da la impresión de que únicamente Chemical Brothers es un plato fijo a la hora de convocar al público mientras que el resto de sus compañeros de generación electrónica se ven impotentes a la hora de juntar ante sí más público que el que se aglutina ante cualquier rave apoyada en DJs. Y es que (hay que admitirlo) la música electrónica se ha quedado con el cartelito de "música de baile" aun cuando dentro de sus fronteras haya estilos de todo tipo. Con las mismas, si lo que tú haces con tus aparatitos no está destinado a las pistas de discoteca, te cuesta una barbaridad que la gente del entorno te preste atención. Eso puede ser, más o menos, lo que le ocurre en España a Orbital, dúo de una contrastada calidad que obtiene grandes resultados programados en festivales pero que, a la hora de convocar a la gente sólo con su propuesta, se encontraron con una Riviera que se cubrió únicamente la mitad de su aforo. Y aún es más: a los hermanos Hartnoll les costó hacerse con el público y sólo lo consiguieron cuando entraron en un terreno rítmico más acelerado. Sus propuestas de medio tiempo, o aquéllas que indagan más en el cuidado ambiental que en el ritmo, pasaron como de puntillas entre la gente sin que ésta se inmutara lo más mínimo. Puede que fuera por ello por lo que su repertorio fue de menos a más, dando un repaso a su reciente "The altogether", pero dejando hueco para los temas ("Satan", "Chime", "Belfast"...) que les hicieron famosos en los clubs londinenses. Orbital aglutina en su música reminiscencias evidentes de gente tan popera como los Pet Shop Boys o los Genesis que lideró Phil Collins, pero el hecho de que su música sea totalmente instrumental se antoja como una barrera invisible entre ellos y su audiencia. De ese modo, piezas que pueden parecer tan resultonas, como "The girl with the sun in her hair", fueron recibidas sin demasiada euforia entre el personal, una conjunción de lo más diversa que necesitó que llegaran "Oi!" o "Illuminate" para arrancarse con entusiasmo y empezar a mover las caderas. A partir de entonces todo se entroncó con más naturalidad y los sonidos hasta rockeros que los Hartnoll obtenían de sus instrumentos parecieron cuajar más que las proyecciones e inventos visuales que se estaban desarrollando en la parte trasera del escenario. Con la aparición de "Doctor ?" y "Chime" se llegó al punto justo, al que los seguidores mayoritariamente deseaban, con sonidos reconocibles y con la temperatura adecuada en el cuerpo para que, por fin, el hielo se diera por derretido. E.P.
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