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Ocean Colour Scene

Aqualung. 29 de mayo de 2001

Escuchando a bandas como ésta, uno puede llegar a la conclusión de que entre los Beatles y David Bowie hicieron toda la música británica. Basta pensarlo un poco para darse cuenta de que la historia no es exactamente así, pero, en lo que respecta al pop, parece que, con el tiempo, esos dos iconos se han convertido en las columnas que sustentan a todos los grupos que, desde las islas, quieren trabajar dentro de ese estilo. Ocean Colour Scene no es precisamente una banda que carezca de originalidad ni de personalidad. Más bien al contrario; mientras otras formaciones que aglutinaron la atención en los noventa no son hoy sino un vago recuerdo, esta gente sigue mejorando a la hora de hacer sus entregas discográficas. Sin embargo, escuchándolos en directo, es inevitable que, cada dos por tres, los mitos sobrevuelen el escenario y a uno le dé la impresión de que lo que hace el grupo no es sino estirar todavía más las formas que ya propusieran hace años los verdaderos reyes del pop inglés. Son varias las canciones de los Ocean que retrotraen sin rubor hacia las armonías de Lennon y tampoco faltan en su repertorio las interpretaciones que recuerdan con enjundia al Bowie más primerizo. Ellos, probablemente conscientes del hecho, no ahondan en la cuestión: se limitan (es su virtud) a construir buenas canciones sin preocuparse de quiénes son los duendes que andan danzando en su cabeza.

Y en eso, en lo de dar forma a temas preciosos y en el arte de cuidar la canción, OCS han aprobado todos sus exámenes con nota. Sí es cierto que prefieren olvidar por completo su fallido debut homónimo del 92, pero, por lo demás, en cualquiera de sus conciertos demuestran que cada uno de sus álbumes ha dejado cuatro o cinco canciones realmente memorables.

Uno podía pensarse que, recién estrenado su último "Mechanical wonder", la banda iba a volcarse en el repertorio de dicho disco, pero... no. El material atesorado por estos chicos es ya lo suficientemente bueno para que no quede arrinconado y es de ley que, a la hora de presentarte ante un público que te ve poco, elijas el menú con acierto y pongas en la mesa los mejores platos. Cinco fueron las canciones elegidas de la última obra para integrarse en un repertorio que no olvidó en ningún momento los mejores temas de "Moseley Shoals", "Marchin' already" y "One from the modern". Entre ellas sonó acertadamente "Up on the downside" y quedó descolocada "Sail on my boat", abriendo los bises y siendo interpretada únicamente con una guitarra acústica. El resto cuadró con acierto entre éxitos como "Hundred mile hight city" (que abrió el concierto), "Travellers tune" y esa tripleta de oro que lanzó al grupo a la fama: "One for the road", "The day we caught the train" y el inevitable "The riverboat song".

El público, que no abarrotó el recinto pero sí colaboró a que el concierto tuviera calor, se dejó llevar con agrado entre las melodías de "The circle" o "Better day", coreando allá donde podía y aplaudiendo en medio de las canciones cuando así se lo sugería el grupo. Al ser la duración la adecuada, Ocean Colour Scene nunca pecó de "rarito" ni de "exhibicionista". Todos sus miembros se han convertido ya en unos profesionales de buen nivel y defienden con sumo acierto aquello que les da la razón de ser: sus canciones.

E.P.

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