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Miguel Ríos Palacio de Congresos. 10 de noviembre de 2001
Su nuevo álbum, "Miguel Ríos y las estrellas del rock latino", me afianza en la idea de que este hombre ha cambiado de registro (más colaboraciones, más standards y otra vez la dichosa palabrita del "rock" cuando no aparece por ningún sitio), pero su presentación en directo tenía una particularidad que asaltaba mi curiosidad: en lugar de cantar con sus "partenaires" los grababa en holograma y los ponía en el concierto. Era el primer intento de un precursor (también Miguel fue el primero que usó el láser como recurso escénico) por llevar músicos virtuales como compañeros de gira. El asunto no queda tan vistoso como pueda parecer habida cuenta que, por muchas dimensiones que tenga la imagen, la colocación del material necesario para reproducirlas está tan lejana del público que éste lo ve todo como si fuera una pantalla normal de cine. De este modo, el asunto "holográfico" queda más como un intento que como un logro, pero abre un debate peculiar en el asunto de las actuaciones en vivo que, además, resulta más curioso por cuanto Miguel se largó un discursito ("la SGAE me ha dicho que lo diga") contra la piratería discográfica. Si la gente acepta las actuaciones virtuales en lugar de los músicos reales veremos cómo, en muy poco tiempo, los músicos que acompañan a las estrellas se verán sustituidos por hologramas que ni cobran ni se ponen malos. Al fin y al cabo, si cuela que Fito Páez, Rosendo o Sabina aparezcan en este formato, será más fácil que el batería o el bajista, prácticamente desconocidos para el público, pasen a mejor vida con el consiguiente ahorro monetario que supone el asunto. Porque en el concierto de Miguel no se recurrió a los hologramas para dulcificar la ausencia de sus compañeros de dúo: el propio Sabina estaba en el patio de butacas y, a la hora de cantar con Manolo García, no pasó nada porque el autor de "Insurrección" no estuviera presente ni en formato virtual. Salvando la cuestión (es un debate a considerar, pienso), Miguel estuvo en esta ocasión tremendamente digno y acertado. Ya parece haberse quitado completamente su traje de chico de cuero y asume con naturalidad (incluso con bromas) que los tiempos del "Rock'n'Ríos" pasaron. En directo también olvidó posturitas ensayadas frente al espejo y siguió con profesionalidad el espectáculo montado aunque éste tuviera ciertos fallos perdonables por el hecho de estar asistiendo a las primeras representaciones del mismo. Cantó con los clónicos virtuales de Páez, Charlie García, Rosendo, La Ley, El Tri o la cantante de Aterciopelados y, dentro de su propio material, recogió las canciones de éxito más recientes dentro de un registro de canción melódica expuesto con sencillez y acierto. Especialmente vistosas quedaron sus "colaboraciones" con Sabina y Rosendo o sus interpretaciones de "Nos siguen pegando abajo", de Charlie García, e "Insurrección", de El Ultimo de la Fila. Como punto pintoresco, y propio de la nueva actitud que ha tomado este músico a la hora de ofrecerse en escena, habría que resaltar un sketch "virtual" en el que Elvis Presley (Millán) regañaba a su pupilo Mike of the Rivers por el hecho de haberse alejado del rock auténtico ("con lo bien que ibas con lo de 'Popotitos'") y de no cantar en inglés como lo hace Raphael. Fue una declaración de nuevos principios y un toque de humor que se agradeció enormemente. E.P.
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