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2 de julio de 2001. Plaza de Las Ventas
Con Knopfler esa situación se produce y, con ello, se da paso al nacimiento de la "viagra musical". El medicamento se dosifica en comprimidos con forma de canción y es capaz de retrotraer a la gente en el túnel del tiempo y de hacerla comportarse como si los años dejaran de existir durante siete minutos. No es raro, por tanto, que la mayoría del público que se juntó en Las Ventas para escuchar al guitarrista rondara esa edad. Nada mejor antes de las vacaciones que quitarse unos años de encima. Knopfler, además, tiene más productos en su laboratorio. Consciente del efecto devastador de su viagra en edades comprometidas, cuenta también con el tranquilizante ideal, un opiáceo capaz de aligerar el peso de tu cuerpo y de llevarlo al estado onírico en un tiempo récord. ¡Buen médico este Knopfler! La gente asistió a la consulta del doctor en buen número, aunque es patente el hecho de que su clientela cada vez es menor y que los achaques de huesos impiden a muchos que lo desearían acercarse a verle. Para facilitar el tratamiento, un recinto como el de la plaza de toros eleva los precios de la arena y sirve sillas plegables a fin de que la gente mayor pueda soportar la sesión entera. Alguno de los asistentes llegó al recinto con sus hijos ("¿qué son 6.700 pesetas para que mi hijo sepa quién es esta leyenda?"), pero la mayoría asistió con el propio o propia con quien disfrutó, en el siglo pasado, los temas de Dire Straits. Es lógico: siempre se ha dicho que, al ir al médico, es mejor ir acompañado por si el tratamiento te hace reacción. La consulta estaba tan llena que hubo que esperar unos veinte minutos para tener atención personalizada y, para bien de la ciencia, el Dr. Knopfler grabó la experiencia en vídeo a fin de que quede constancia de sus investigaciones. Las andanadas vacías y los enormes pasillos en los laterales de la arena no estaban destinados al público (tampoco es que lo hubiera), sino al mejor funcionamiento y decoración del espectáculo. Por aquí y por allá se colocaron focos dirigidos hacia la gente o hacia las cámaras de vídeo (hasta nueve) que cubrían tanto a la audiencia como al equipo médico. La clientela tenía el asunto muy claro: había ido a ver a Dire Straits. Puede que no supieran aún que tal grupo desapareció o que su fe en el doctor estuviera por encima de cualquier lógica. El caso es que, cuando sonaron los temas del emblemático grupo, la viagra hacía su efecto. Cuando no, era el opiáceo el que causaba estragos. Knopfler lo sabe y es consciente de ello gracias a su larga carrera en medicina. Nada más un salir soltó un "Calling Elvis" reducido de velocidad y un "Walk on life" que ejerció como dinámica de recuperación. Tras un respirito entregó "Romeo & Juliet" y "Sultans of swing", con lo que la mayoría de los pacientes ya habían recuperado unos quince o veinte años. El esfuerzo había sido tal que más de uno pensábamos que sería necesaria la presencia del Samur. Pero no. El doctor es sabio y sabe dosificar sus drogas. No es conveniente que la tensión suba tanto, sobre todo cuando las venas se empiezan a hinchar al nivel del cuello. De ese modo, el guitarrista (que a estas alturas necesita también otros dos guitarristas más y dos teclistas como apoyo) destapó el tarro de los opiáceos y sobre Las Ventas apareció un aire somnoliento que tiñó todo de azul. Muchos culos se aposentaron, tomaron la postura que el psiquiatra recomienda y ganaron resuello para lo que sabían que llegaría tarde o temprano. Con "Speedway to Nazareth" a ritmo de blues rock comenzaba la segunda sesión de terapia y la banda, después de haber despertado a la audiencia, se hizo un "Telegraph road" que iba aumentando de nuevo la temperatura. Como las recaídas son malas todo se midió adecuadamente: un lánguido "Brother in arms" comenzó los bises y, a la hora de abordar "Money for nothing", el grupo cogió sus instrumentos acústicos y Knopfler utilizó su voz como bálsamo. La clientela no reconoció el tema y quienes lo hicieron sentían cómo la indignación les subía por las arterias. "¿Pero qué hace?", decían. Nada... tranquilos... es el típico efecto médico de la acción-reacción. Tras un solo de batería con apoyo de teclados todo el grupo cambió su instrumental y, tras ejecutar el riff de entrada, el grupo sirvió un electroshock. Dinamita pura para cuerpos rejuvenecidos. Los segundo bises invitaron al relax y la sesión quedó completada. En muchas partes del concierto quedó la duda de si, en el escenario, la consulta se vivió igual. Los músicos tocaron sentados durante bastante tiempo y recurrieron a los encantos del acordeón o de las acústicas en vez de batirse con las eléctricas. Knopfler apenas tocó, administrando inteligentemente sus notas consciente de que suponían el cielo para la audiencia. En ocasiones hasta se sirvió del dobro dejando sus siete guitarras apoyadas en sus soportes. Por lo demás, este doctor no necesita espectáculo ni vídeo, ni siquiera un juego de luces impresionante. Sale, recita, hace algún que otro solo y va midiéndolo todo con sapiencia de cirujano. No hay mejor médico que aquél del que te fías, por lo que, ni aunque falle el sonido exterior (durante "Telegraph road" se fue el PA), la viagra del Dr. Knopfler deja de hacer efecto. E.P.
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