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King Putreak + The Vientre

Gruta 77. 18 de enero de 2001

Es inmensa la mejora que muestra este colectivo cada vez que aparece por Madrid. No es inusual encontrártelos en cualquier esquina en la que haya una tarima para tocar, pero, cuando cogen lo que podemos entender por un escenario, el espectáculo que montan se aproxima cada vez más a un cabaret ambulante en el que nunca sabes lo que puede suceder.

Aprovechando la situación de que ambos presentaban su obra conjunta "B.N.C.A.", editada en formato de discolibro, se trajeron como teloneros a un plantel de artistas que, en cualquier otro sitio, habrían sido, casi, plato fuerte en un festival. Aquí, sin embargo, Julián Hernández, de Siniestro Total, La Cabra Mecánica o Rómulo Sanjurjo cumplieron de sobra con su misión de calentar el ambiente y ocuparon el espacio sonoro durante un par de horas antes de que, por fin, salieran los protagonistas de la noche.

The Vientre evidenció, como casi siempre lo hace, que la poesía no está reñida con la música ni con el lenguaje urbano. Sus palabras, desgarradas y llenas de acero, impresionan sin necesidad de hacer ripios y ponen la sangre en ebullición ante imágenes lo suficientemente surrealistas como para demostrar una y otra vez que la realidad de todos los días supera a cualquier ficción.

Por su parte, King Putreak pisó el acelerador y, en momentos determinados, consiguió (casi sin querer) que la música surgida de una caja de ritmos y una guitarra de claro corte heavy se impusieran sobre textos delirantes en los que la vida barrial se extiende hasta traspasar la máxima dureza de la piel. No son, ni The Vientre ni King Putreak, proyectos ante los que te puedas quedar impasible, y menos si, como era el caso, el sonido estaba lo suficientemente destilado como para entender las letras correctamente.

A tenor de lo visto, cada vez se hace más obvio que el lugar de estos grupos no está en pequeñas salas en las que la gente prefiere la música y el ritmo a las letras inteligentes. Si ambas formaciones tuvieran la posibilidad de mostrar su talento en un teatro, con un pequeño decorado y con el ambiente lo suficientemente cálido como para que la gente pueda percibir cada matiz de sus letras, esto sería otra historia. En Gruta 77 casi lo consiguen, pero, por dar mucho, casi se pasan. Cuatro horas de espectáculo son muchas si no puedes ofrecer algo muy, muy interesante.

Con todo, el colectivo King Putreak-The Vientre no solamente salió airoso del trance. Al contrario, siguieron demostrando una mejora aplastante, un dominio del escenario más que sobrado y un nuevo repertorio que cataliza toda su capacidad expresiva. Sólo les falta un golpe de suerte.

E.P.

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