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Joe Jackson Teatro Alcázar. 6 de febrero de 2001 Presentación en Madrid del nuevo álbum de Joe Jackson, un disco conceptual titulado "Night and day II" que resulta, de entrada, un tanto rollete (que me perdonen sus fans: con este comentario no cuestiono la indudable calidad del material). Pues allí acudí, dispuesto a ver el talante de este maduro inglés sobre las tablas y temiéndome un sobrio set sólo apto para "entendidos". Silencio, fuera luces. Sonidos de samplers que se funden con los del teclado de Anry Ezrin. A la derecha del escenario Catherine Bent, sentada con su violonchelo; a su lado Allison Cornell, parapetada por dos violines y un micro; en el rincón de la derecha Graham Maby con el bajo y otro micro para los coros; al fondo del escenario el cubano Robert Rodríguez con la batería y a su vera Sue Hadjopoulos con un buen muestrario de percusiones a su alrededor. Larguirucho, enjuto y brillante, vistiendo levita de cuero negro y pantalones a juego, aparece, risueño y abrumado por la ovación de bienvenida, este inglés exiliado voluntariamente a Nueva York. Los ritmos latinos han ocupado el escenario en menos de un minuto, Joe se cuelga al hombro un teclado y comienza a cantar. Recatados tics de reptil acarician su presencia durante los primeros temas. El repertorio no se fija en el nuevo disco más que lo justo; Joe no se corta ni media al intercalar entre los temas nuevos todas las joyitas que lo dieron a conocer al gran publico durante los años ochenta. El gallinero de Madrid se lo agradece estallando en aplausos e incluso coreando algún estribillo. El Sr. Jackson manda a tomar un respiro a los músicos en el ecuador del concierto y se sienta en el teclado que ha ocupado Allison durante unos cuantos temas. Saluda en castellano, se disculpa por su limitadísimo conocimiento de nuestra lengua y vacililla rompehielos: Joe hace como que no sabe cómo se usa ese aparato con tantas teclas y comienza a tocar botones mientras se escapan accidentales ruidillos del teclado. Tras las risas se marca cuatro estupendos y sentidos temas, entre los que gustan especialmente el "Sentimental song" de su disco del 86 "Big world" y la lectura del beatleiano "Eleanor Rigby". Precioso: se nota que el chaval lleva desde los quince años dedicándose a estos menesteres y que, junto a Beethoven, los Beatles son de sus favoritos. De nuevo sale el grupo a la palestra y Joe se cuelga su teclado en bandolera para disparar sintéticas deflagraciones sobre los ritmos latinos de los percusionistas. También salen personales melodías de su garganta que, con la ayuda del chelo y el violín, logran que se nos escurra alguna babilla por la comisura del labio. Joe anuncia que la siguiente "es una especie de ópera en siete minutos" titulada "Love got lost", una canción del nuevo disco en la que canta Marianne Faithfull. Nos anuncia que "ella no ha podido venir, pero, si os esforzáis, con vuestra imaginación podéis lograr que yo me convierta en ella... o en Christina Aguilera". Ya despojado de la levita, Joe sigue a gusto: salta, baila con epilépticas sacudidas durante el tema "Urban paranoid", suda y se rasca nerviosamente la teñida y escasa coronilla asintiendo a los del grupo... Su voz sube, baja y escupe onomatopéyicos fraseados cuando el repertorio ataca por la parte más jazzy. Anuncia que es la última: se trata de "Stay", del "Night and day I" del 82 y primera parte del disco que está presentando esta noche. ¿Cómo? ¿Ya? ¿Y la parte de los bostezos? La gente aplaude y salen otra vez para interpretar dos temas, el último de ellos contando historias de locos, perdedores y desenamorados, algo que le gusta mucho a Joe. Finalizando la canción, los músicos van abandonando las tablas uno a uno hasta quedar Graham Maby solito con su línea de bajo. Aplausos, luces, puerta y a la calle. Un verdadero placer contemplar semejante ejercicio de variedad y limpieza de ejecución. Sin duda, el bueno de Joe está en un estado de gracia. Kike Buitre
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